O061001a
Fecha: 19980216
Título: la senal del verdadero amor esta en correr la misma suerte que el amado
Original en audio: 7 min. 19 seg.
La señal del verdadero amor está en la unión, en correr la misma suerte del amado. La señal del amor mediocre está en acompañar en los momentos buenos y huir en los momentos malos.
Cuando se abandona al amado, porque llegó la prueba, porque llegó la dificultad, porque llegó la pobreza, porque llegó la enfermedad; cuando se abandona en estos momentos malos se muestra que no se amaba en realidad. Se amaba más bien aquellos bienes que se tenían junto al amado. Pero cuando se fueron los bienes se fue el amor, entonces no había verdadero amor.
Por eso, nuestro amor a Jesucristo nos de la suerte de Jesucristo, de la Pasión de Jesucristo,del dolor de Jesucristo y desde luego también, de la gloria y de la Resurrección, de la Pascua de Jesucristo.
El Apóstol Santiago escribe una Carta que tiene bien ganada fama de letra dura. Es cortante, es casi violenta en algunas de sus enseñanzas. Pero es la violencia de un corazón que está totalmente quemado por el amor de Dios. Y precisamente, porque conoce bien el amor de Dios, sabe cuál es la señal verdadera de ese amor y sabe cómo se reconoce ese amor.
Esto nos ayuda a entender las palabras que se encuentran ya en los primeros versículos de su Carta: "Que el colmo de vuestra dicha sea pasar por toda clase de pruebas" (véase ). Este lenguaje no lo puede entender el mundo, porque el mundo conoce el amor de transacción, el amor de negocio, de doy y recibo. Cuando el amor está marcado por por la transacción, está marcado por el interés.
Ese no es el amor que nos comunica el Corazón de Cristo Crucificado. El amor de Cristo Crucificado nos habla del dar, del maravilloso dar, del incalculable dar. El amor de Cristo se mueve en los extremos: amó hasta el extremo.
Le decía Dios a Santa Catalina de Siena en una meditación sobre la Cruz de su Hijo Jesucristo: "Más no podía hacer por vosotros, más no podía". Esto quiere decir que el poder de Dios, que es infinito, se agotó, por decirlo de alguna manera. Así como san Juan de la Cruz dice que Dios en Cristo, que es su Palabra, habló todo, ya quedó como mudo, así también Dios le dice a Santa Catalina que Dios, que es infinito en su poder, agotó su poder en la Cruz, y manifestó todo lo que podía en la Cruz.
Por eso, la lógica de Dios es la lógica del extremo, la lógica del infinito, la lógica de la gracia, el regalo. Uno no puede entrar a esa lógica por sus propias fuerzas. Si uno pretende, por decirlo coloquialmente, dárselas de valiente, "yo voy a dar y a adar y a adar", se estalla, se revienta, se agota.
¿Y por qué se estalla y por qué se revienta? Porque en el fondo le reclamará al mundo, le reclamará a su prójimo, le reclamará a su familia, a su comunidad, a la sociedad: "Páguenme, páguenme lo que estoy haciendo, reconózcanme lo que estoy haciendo, páguenme", y la sociedad, o la familia, o la comunidad, o el mundo no le va a pagar.
Por eso, a esta lógica del Apóstol Santiago no se puede llegar por las propias fuerzas, no es un asunto simplemente de buenas intenciones o de heroísmos nuestros. Más bien, es una corriente que brota de Dios, que lava, santifica, fructifica, fecunda el corazón humano y vuelve hacia Dios.