P075003a
Fecha: 19990521
Título:
Original en audio: 25 min. 12 seg.
He dicho en otras ocasiones que el evangelio de Juan es el evangelio infinito, aunque todos los evangelios son inagotables. Lo llamo así porque en el evangelio de Juan cada palabra, cada expresión es como un símbolo que se enriquece, se vuelve elocuente, y más y más habla, cuando se va uniendo con las otras palabras y con los otros símbolos.
Yo creo que uno podría mudarse al evangelio de Juan, y ha habido algunas personas que lo han intentado. En mi tiempo de formación para el sacerdocio, y luego de sacerdote joven, puede tratar a un Padre que yo diría que se ha mudado al evangelio de Juan, se fue a vivir ahí, ese es su barrio. Y escribió, como fruto de años de meditación y de oración, dos tomos muy gruesos de sus reflexiones y estudios sobre este evangelio.
Hoy, por ejemplo, tenemos esta escena sencilla pero tan diciente. La palabra que queda de última en el evangelio de hoy fue también la Palabra que le dijo Cristo a Pedro. Cuando se lo encontró por allá de pescador en el mar de Galilea, la palabra que le cambió la vida a Pedro fue "Sígueme" (véase ), y ahora de nuevo junto al mar, de nuevo junto a la sal y el agua, de nuevo junto a los peces., esa misma palabra: "Sígueme" (véase San Juan 21,22).
Indudablemente, Pedro, al escuchar esta palabra, la misma del comienzo después de toda esa historia de amor y milagros, de enseñanzas, prodigios, exorcismos, pero sobre todo de Cruz, de Sepulcro y de Pascua, qué distinta y qué profunda tuvo que sonarle esta palabra: "Sígueme" (véase San Juan 21,22).
Cuando Cristo le dijo la primera vez: "Sígueme" (véase ), Pedro no sabía exactamente a qué se le estaba midiendo, pedro no sabía cuál era el camino; cuando Jesús le dice ahora: "Sígueme" (véase San Juan 21,22), ya Pedro sabe que hay un camino, que ese camino pasa por las multitudes, pero también por las persecuciones; ese camino pasa por la Cruz, pero también llega a la Resurrección.
Jesús le repite la palabra que le abrió el corazón, la palabra con la que comenzó toda esta historia: "Sígueme" (véase ), y con esa palabra también le está diciendo que una nueva historia comienza.
Cristo nos llama, Cristo nos habla, Cristo nos llama más de una vez en la vida. Pensemos, por ejemplo, en la vocación sacerdotal.Voy a compartir un testimonio que algunos de ustedes ya conocen.
Hace unos cuatro años, por estas fechas, porque había pasado como una semana, una o dos semanas después de mi cumpleaños, recuerdo haber escuchado una voz, vamos a decir esa palabra así, una voz que me había dicho en el corazón: "Hazte creyente". Yo me sentí confundido, me sentí un poco desconcertado con esa expresión, porque porque yo suponía que yo ya era creyente, y desde luego que, yo, fe, gracias a Dios, gracias a mi familia y gracias a tanta gente, he tenido siempre.
Pero esa expresión: "Hazte creyente", pronunciada ahí, en una persona que había conocido ya grupos de oración, experiencia, yo digo, hermosas del Espíritu Santo, un camino de consagración religiosa, una profesión definitiva en una Orden; recibir el diaconado, recibir el sacerdocio para después de ese camino oír: "Hazte creyente". Yo sentí como disgusto, como confusión cuando oí esa expresión: "Hazte creyente".
Pero después entendí, que dentro de la vocación, hay vocaciones; que dentro del camino, hay más caminos; y dentro de esos caminos, que están dentro del camino, hay otros caminos. ¿Cuántas veces tiene que llamarlo a uno Dios? Muchas. Porque el mundo es como un bosque espeso. Cuando Dios llama la primera vez, uno sabe hacia dónde está Jesús, pero uno todavía no se ha encontrado con Jesús.
Uno da unos pasos más o menos vacilantes y de nuevo necesita que se oiga la voz de Jesús para dar otros pasos, para seguir encontrando el camino, casi como si Jesús estuviera un poquito, un poquito jugando a las escondidas en ese bosque; Jesús va hablando y es la voz de Jesús la que nos va guiando a través de ese bosque espeso, porque hay muchos lugares donde podemos perdernos en este mundo.