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Fecha: 19990502

Título: La cita con Jesucristo es junto a la cruz

Original en audio: 17 min. 46 seg.


A menudo tenemos una idea un poquito romántica, un poquito idealizada de los primeros cristianos, porque efectivamente, hay unos textos de los Hechos de los Apóstoles que nos hablan de cómo compartían; oraban juntos, recibían la enseñanza, eran bien vistos, tenían alegría, había milagros.

Es tan bello este cuadro de la primera comunidad cristiana, que en realidad, prácticamente todos los fundadores en la Iglesia siempre toman como referencia la primera comunidad cristiana y es bueno que sea así, lo que no es bueno que proyectemos nuestros deseos sobre lo que debería ser, que proyectemos esos deseos sobre esta comunidad.

Fue una comunidad donde hubo también tensiones y hoy nuestra madre la Iglesia, en la Primera Lectura, nos ha presentado un cuadro de estas tensiones. Había algunos que eran convertidos del judaísmo, había otros que habían sido antes simpatizantes del judaísmo y que se habían convertido a Jesucristo, estos que eran simpatizantes del judaísmo, pero que no eran judíos, eran de lengua griega, no tenían una pertenencia plena al judaísmo y quedaban ciertos resquemores, ciertos recelos entre unos y otros y esos recelos, que como vemos ya tienen una historia de dos mil años, entre los que ya estaban antes, los antiguos, y los que llegaron después de lengua griega, los nuevos, esos recelos entre los antiguos y los nuevos, que ya son recelos antiguos pero que siguen siendo recelos nuevos, esos recelos causaron estas divisiones.

Los de lengua griega se quejaron con los de lengua hebrea porque las viudas de su grupo eran desatendidas en el servicio diario. Los hechos de los Apóstoles no nos cuentan cual era exactamente el problema, es decir, a que se debía esta desatención, tal vez había preferencias, tal vez los que distribuían esas raciones o ayudas, tenían una de las pertenencias, es decir, estaban de lado de la lengua hebrea o de lengua griega.

A nosotros nos parece ridículo discutir por qué uno es de lengua griega o hebrea, porque no hablamos ni hebreo ni griego; pero eso nos muestra lo ridículas que son las peleas en la Iglesia que son por eso, porque yo llegué tres meses antes porque usted llegó tres meses después, porque usted habla con este acento y porque yo hablo con el otro, porque siempre que yo hablo usted cruza la pierna, ah, pero siempre que yo hablo usted parpadea.

Cuando se trata de pelear o de discutir, el ser humano siempre encuentra de que agarrarse, así sea de la lengua hebrea o de la lengua griega. La respuesta de los Apóstoles ¿cual fue? nombremos a unos encargados que sean de confianza de ustedes para que les resuelvan ese problema, pero nosotros seguimos en lo que tenemos que estar, vamos a seguir en la predicación y en la oración, eso fue lo que dijeron, no está bien que descuidemos la palabra de Dios por ocuparnos de los problemitas de ustedes, de manera que vamos a ver como encargamos gente que les ayuden en su problemita, nosotros seguiremos orando y predicando, de manera que el que tenga oídos para oír que oiga.

En la Segunda Lectura nos encontramos un texto de la primera Carta del Apóstol Pedro, es una descripción de lo que hace la pascua de Jesucristo en nosotros, pero una descripción que ya presenta no sólo la victoria de Cristo sino el escándalo que Cristo causa.

Cristo es al mismo tiempo piedra de cimiento y piedra de tropiezo y para unas personas es piedra de tropiezo y para otras es piedra de cimiento, porque una piedra grande puede servir para esas dos cosas; puede servir para hacer un cimiento o puede servir para hacer un tropiezo. Con el cimiento se hace una casa, por ejemplo la casa de Dios, que es un templo que se levanta por el poder del espíritu o con el tropiezo se hace un gran accidente, pero hay una cosa bien simpática aquí, si uno se accidenta, normalmente se necesita que lo lleven a un hospital o a una casa.

Entonces Cristo es una piedra que sirve de cimiento o de tropiezo, pero a los que sirve de tropiezo los manda al hospital, y el hospital es su propia casa, o sea que el que no llega a Cristo como encontrándolo como cimiento tropieza con Cristo, se da duro y entonces tiene que ir a un hospital y Cristo le dice “yo tengo una casa donde te puedo recibir” y de esta manera, si Cristo se convierte en piedra de tropiezo, no es para que la gente se pierda sino que es para que la gente se lastime, se hiera y así aporreada y herida diga “hay una casa, una casa “ y entonces Cristo le dice “yo tengo una casa que está cimentada sobre esta piedra”.

Cristo quiere que nosotros tropecemos a veces y diga lo que diga la canción, Cristo quiere que a veces tropecemos con la misma piedra, Cristo quiere que tropecemos, a veces si uno no tropieza lo atropellan. Cristo quiere que tropecemos, Cristo se va a convertir en la casa que en la que tu puedes vivir o en el estorbo que no te deja vivir, pero ambas cosas son obras de la misericordia de Cristo, si Cristo es la casa donde puedes vivir, ya encontraste, si Cristo es el estorbo que no te deja vivir, te pone a buscar hasta que lo encentres a El mismo y puedas vivir en El, ambas cosas son misericordia.

Cristo no deja de ser misericordioso cuando alguien tropieza con El, más bien hace de ese tropiezo, de esa incomodidad, de ese accidente, una ocasión para que la persona se ponga en camino y de pronto, en ese camino, encuentre.

En el Evangelio se nos habla de esta casa o mejor, se nos habla de una casa, una casa que tiene muchas habitaciones, “no se inquiete vuestro corazón” ¿por qué Cristo les dice esto a los Apóstoles? estamos en el capitulo 14 de San Juan, estas palabras pertenecen a los discurso de despedida de Cristo.

Cristo les dice que no se inquieten porque les ha hablado, porque se va a ir, los va a dejar, entonces les dice que se va pero a prepararles sitio, se va a prepararles lugar. Estas palabras que dice el Señor son como de tanta ternura, “cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo” (véase 14, 1-14).

El se convierte aquí en constructor, anfitrión y hospedero de todos nosotros y como no ha vuelto, aquí dice “vendré otra vez” pero como no ha vuelto está preparándonos un lugar, “a donde yo voy, ya conocéis el camino”

Esta parte tiene como de chistosa y dramática, Jesús les dice ya conocéis el camino después de años o por lo menos después de muchos meses de estarlos enseñando “ya conoceis el camino” esto les dice Cristo después de la última cena, faltaban horas para que lo agarraran en el huerto, para que lo azotaran, ya había terminado prácticamente su jornada en esta tierra “ya conoceis el camino” como quien dice, ya los iba a graduar, pero le dice Tomas ¿Cuál camino? Jesús sin embargo le responde con delicadeza, le dijo “hombre pues yo, o sea yo, yo soy el camino, siga lo que yo he hecho, oiga lo que yo he dicho, practique lo que yo he enseñado, padezca lo que yo he sufrido y tenga vida para siempre conmigo” (véase San Juan 14, 5-7) así le está hablando Jesucristo a Tomás.

Sin embargo tratemos de relacionar estas dos cosas, mire usted que uno no conoce la Biblia, mi teoría es esta, que uno no conoce la Biblia, pero cuantas veces hemos oído esto y fíjese un detalle, que le apuesto que no nos hemos dado cuenta, Jesús dijo “cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo” (véase San Juan 14, 1-4) y después dice “yo soy el camino”.

Toda la vida nos hemos imaginado y ustedes medirán si no que “yo soy el camino” quiere decir que uno tiene que caminar por ese camino, eso nos hemos imaginado toda la vida, creo yo, pero fíjate lo que El dijo “vendré otra vez para llevaros conmigo” cuando Cristo dice yo soy el camino, uno se imagina que el que le va a tocar caminar es a uno, pero Cristo no dijo eso dice “nadie va al Padre sino por mi” (véase San Juan 14, 6-7 ).

Uno se imagina que uno va al Padre caminando por Cristo y de ahí se pueden sacar unas enseñanzas muy bonitas, caminar por Cristo, pero ahí el que se está moviendo es uno, y Cristo no dijo exactamente eso, Cristo dijo que El era el camino, pero el dijo que El vendría a llevarnos con El. Si Cristo viene, el que se está moviendo es El y si Cristo dice que nos va a llevar con El, el que nos va a guiar o el que nos va a cargar es El.

Cristo dijo “vendré otra vez para llevaros conmigo” y Cristo dijo “yo soy el camino” en buena lógica, lo que esto significa es: “ya saben en donde y por donde deben esperarme” ya saben en que camino deben esperarme. A mi me parece que el sentido mas profundo de este evangelio no es “miren todo lo que les toca hacer” sino que el sentido mas profundo es “miren donde deben aguardarme” porque este mundo tiene muchos caminos.

¿En donde debo esperar yo la visita de Jesucristo? ¿en donde debo esperar que Cristo venga por mi a llevarme con El? pues en el camino que El dijo y ¿cual es el camino que el dijo? El mismo, lo que El había manifestado, había hecho, había enseñado y había padecido, o sea que Cristo no dijo que nosotros tuviéramos la fuerza para llegar hasta el Padre, es que cuando uno piensa que uno va a caminar, uno cree que es uno el que va a llegar hasta el Padre, como quien dice, ya me dijeron la ruta y ahora yo sigo esa ruta y yo esforzándome, entrenándome, llegaré hasta el Padre, eso no fue lo que dijo Cristo.

Cristo nos contó en que dirección tenemos que esperarle, es como una cita de amor, es como decir espérame en la calle 13 con la 53, así habló Cristo.

“Creed en Dios creed también en mi, cuando haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, ya sabéis el camino”. Esto quiere decir que Cristo, en este evangelio, nos puso una cita, ahora El nos dijo que la cita era El mismo. Esto le puede parecer a uno un poco extraño ¿como así? ¿Que la cita es El mismo? Así como lo oye, mire, Cristo reveló unos misterios, pero hubo un momento en donde reveló todos los misterios, fue el momento de la cruz, en la cruz Cristo mostró por completo quien era El, ahí mostró del todo quien era El.

Si uno tiene que hacer un dibujo de Jesucristo y solo puede hacer un dibujo, estoy seguro que uno dibuja la cruz, es lo propio de El. La cruz es el trono de El, es la cátedra de El, la cruz es la firma de El, el estilo de El. Nada caracteriza al cristianismo tanto como la cruz, de manera que si tuviéramos que decir frente a una imagen este es Cristo yo no escogería otra imagen con todo respeto, sino escogería la cruz.

Cuando El dice “yo soy el camino” lo dice a las puertas del misterio de la cruz. Reunamos lo que hemos dicho, Cristo nos ha puesto una cita de amor, nos ha dicho que nos encontremos en lo que El es y lo que El es, es la cruz, entonces ¿en donde hay que esperar a Jesucristo para que me lleve hasta el Padre? Ahí junto a la cruz, ahí es la cita. Y los que Cristo encuentre cercanos, abrazados a la cruz, a esos se los lleva a la casa que tiene muchas habitaciones, ahí es la cita.

La idea de que El es el camino y que yo voy a tomar impulso, me voy a entrenar, voy a avanzar y voy a llegar al Padre, esa idea fue una interpretación que han hecho muchos predicadores sobre este texto, repito, se puede tomar bien esa idea y puede ser útil para nuestra vida espiritual, pero a mi me gusta mas esta otra interpretación, que Cristo estaba poniendo realmente una cita de amor con ellos y les estaba diciendo en lo que ustedes vean que yo soy ese es el lugar a donde tienen que esperar, que yo vuelva ¡que belleza!

En donde vean que yo soy, ahí me tienen que esperar, por ese camino voy a volver, es como el papá que tiene que irse y el hijo menor llora “papi no te vallas” y el padre le dice “mira, me voy a ir por esta calle, espérame por aquí, por aquí vuelvo”

Cristo se fue por esta puerta y por esta puerta va a volver, en esta puerta nos espera, ahí hay que estar, cerquita de El, porque vuelve, volverá y nos llevará con El si nos encuentra ahí, si no nos encuentra cerca de este misterio, tal vez no nos encuentre, tal vez no nos reconozca como suyos.

Demos gracias a Dios por esta manifestación del amor de Cristo y estemos atentos, porque El ya puso la cita y los que estén ahí, quiera Dios que estemos todos, seremos por El recogidos, nos iremos con El y habitaremos en su casa.

Amén.