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Fecha: 20010524
Título: No fiarse demasiado cuando las cosas estan bien o cuando estan mal; todo puede cambiar en un instante
Original en audio: 13 min. 21 seg.
Los discípulos del Señor no le entendieron esa expresión. Es bueno que nosotros nos preguntemos si nosotros la entendemos.
"Dentro de un poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver" (véase San Juan 16,16). Ese primer poco se refiere a la distancia que hay entre la presencia de Cristo entre sus discípulos y el momento de la Cruz y la muerte.
Es sólo un poco, porque ya estaba cerca el misterio de la Cruz. El primer poco entonces se refiere a la distancia que hay entre el final del ministerio de Jesús, su muerte en la Cruz, su sepulcro; ahí ya no se ve a Cristo. La roca del sepulcro, las vendas con que lo amortajaron, lo ocultan.
Pero no es solamente asunto de verlo con los ojos del cuerpo, es que la verdad de Cristo, el misterio de Cristo va a quedar oculto. No es solamente que su carne no se va a ver, sino que Él mismo, lo que Él es va a quedar como velado, como oscurecido. Es un momento de ceguera, es un momento de oscuridad, es un momento de confusión.
Entre el ministerio público de Cristo y esa hora de la s tinieblas, como la llamó Él; esa hora de la Cruz y del sepulcro, ese es el primer poco. El segundo poco está entre esa hora de confusión y de oscuridad y la otra hora, la hora de la claridad, la hora de la luz y la Resurrección.
Santa Catalina de Siena dice que este segundo poco no se refiere solamente a la Resurrección, o no se refiere directamente a la Resurrección, sin más bien a la efusión del Espíritu. Cristo vuelve, con el don del Espíritu Santo, Cristo se hace puente; es decir, no se trata solamente de velo con los ojos del cuerpo, no se trata solamente de reconocerlo con los ojos del cuerpo, se trata de que el misterio de Cristo se alumbre dentro de nosotros, y eso lo dan el don del Espíritu Santo.
De manera que el primer poco se refiere a la distancia que hay entre el ministerio publico y la hora terrible de confusión y tinieblas. El segundo poco se refiere al paso de esa hora de confusión y tinieblas al momento de la luz en la Resurrección, pero sobre todo en la efusión del Espíritu que hace que dentro de nosotros haya luz, dentro de nosotros haya claridad y podamos reconocer al Señor, podamos verlo.
En el evangelio de Juan ver no es simplemente constatar con los ojos del cuerpo; ver es entrarse en el misterio que se nos revela a través de Jesucristo. De manera que "dentro de poco ya no me veréis" (véase San Juan 16,16), se puede interpretar por lo menos de tres modos.
Primero: por el hecho de que entra al sepulcro y ya no se ve, y luego resucita y se le volvió a ver. Esa es la primera interpretación.
La segunda es: que viene un momento terrible de confusión en donde va a aquedar oculto misterio de Cristo, pero luego viene la hora de la claridad en la que se va a ver ese misterio de Cristo, es decir, la gloria de Cristo.
Y la tercera interpretación es: que va a llegar una hora en que no se le da fe a Cristo, por el sentido del verbo ver en San Juan; viene una hora en que se va a perder, se va a agrietar, se va a derrumbar la fe en Cristo, pero luego viene otra hora en que de nuevo se ve a Cristo; es decir, se le da fe a Cristo, se recibe la gloria de Cristo.
Hay una cosa interesante y en que en el original griego la palabra que se utiliza es la misma, lo mismo que pasa en el español. Dentro de un poco, un poco; dentro de otro poco, como si hubiera la misma distancia en esos tres momentos. Los tres momentos son: el ministerio público, Pasión y Cruz, gloria a la Resurrección.
Esos son los tres momentos. Mirémoslos como tres estaciones de un tren. Y es como si Cristo dijera: "Entre la primera estación y la segunda hay la misma distancia que entre la segunda estación y la tercera". Porque utiliza la misma palabra: un poco, un poco que va desde el momento del ministerio público hasta la hora de la Pasión; y un poco que está entre ese momento de la Pasión y el momento de la Resurrección, la gloria y la efusión del Espíritu.
¿Por qué destaco esto? Porque si hay la misma distancia entre esas tres realidades, es decir, entre la primera y la segunda, por una parte; y entre la segunda y la tercera, por otra parte, ahí hay una enseñanza también para nosotros.
"Un poco" (véase San Juan 16,16), dice Cristo, un poco; no es muy grande la distancia entre el ministerio del Señor y la hora de la Cruz, es sólo un poco. ¿Qué profundidad tiene eso! La Cruz no está lejos.
Los Apóstoles sentían que había tanto poder, tanta sabiduría, tantos milagros, tanta paz, tanto amor en Cristo, que no entendían este lenguaje, ¿por qué no lo entendían? Porque ellos sentían que la hora de la Cruz y todas esas cosas eran un lenguaje que no les decía nada, creían que esas cosas estaban muy lejos, que eran imposibles.
Pero no. Entre el momento de la paz y el momento de la turbación, entre el momento de la estabilidad y el momento de la duda, entre el momento de la felicidad y el momento de la tragedia, sólo hay muy poquito. Si uno tuviera siempre en cuenta esto, uno viviría con más humildad, con más prudencia; si uno entendiera que entre el momento de la seguridad y el momento de la caída hay muy poco, uno se cuidaría y no caería. Es muy poco.
El ministerio público del Señor ¿qué era? Era como ese momento grande, ese momento hermoso en que todo parecía posible, "estando con Jesús, pues todo tiene que salir bien". Pero Jesús advierte: "Dentro de un poco no me veréis" (véase san Juan 16,16), la distancia es pequeña, las cosas pueden cambiar y pueden cambiar de un momento a otro.
Y esto lo vemos en nuestra vida. Una persona está muy bien, está muy tranquila, de pronto siente un dolorcito raro como en el cuello, un dolorcito, será como de un vaso, será como un ganglio inflamado, se hace un examen, "tienes cáncer. Tu cáncer ha venido avanzando silenciosamente, te quedan tres meses de vida". Es sólo un poco. Parecía que la muerte estaba muy lejos, no, es sólo un poco, un pedacito.
Si uno tuviera en cuenta eso, que el bien es frágil, uno se daba cuenta también de que hay que cuidar el bien. San Pablo nos lo dice: "El que esté en pie, tenga cuidado y no caiga" (véase 1 Corintios 10,12). Por eso, ese primer poquito nos enseña la virtud de la prudencia y nos enseña la virtud de la humildad.
En segundo lugar, pues está el otro poco. El otro poco corresponde al paso de la hora de Cruz, al paso de la Resurrección. Ese sí que es otro desconcierto grande que uno puede tener. Porque así como cuando las cosas salen bien, uno cree que las desgracias están muy lejos; así también, cuando la tristeza se adueña del alma, uno cree que la felicidad está muy lejos. Y por eso, es grande recibirle también esta otra parte del mensaje a Jesús.
Cuando las cosas van bien, hay que tener prudencia y humildad porque todo se puede dañar fácilmente, pero atención, cuando las cosas están mal, también hay sólo un poquito, una pequeña distancia y todo puede mejorar.
El ser humano es así. Cuando tenían a Cristo, les parecía imposible que se muriera; y cuando tenían a Cristo muerto, les parecía que ya todo estaba perdido. Y Cristo dice: "No, señor, hay un poquito"; es decir, con un poco que cambien las cosas, pueden cambiar mucho. Y así como cuando todo nos sale bien, todo se puede dañar en un momento; así también, cuando todo nos hace sentir mal, Dios lo puede bendecir y arreglar todo en un momento. Y esto es todavía más importante decir que lo anterior.
Dios puede transformar el momento oscuro, el momento triste lo puede transformar, como sucedió ahí en la Resurrección. En le acto maravillosos de la Resurrección la peor desgracia de la humanidad se convirtió en bendición de la humanidad. Y así nos encontramos en tantos otros ejemplos de la Biblia.
En fin, tomemos del Señor Jesús esta enseñanza: Si todo sale bien, no hay que fiarse demasiado, todo se puede dañar de un momento a otro; pero si todo parece dañado, no hay que deprimirse demasiado, Dios todo lo puede cambiar en un instante.