Ap06001a
Fecha: 19960512
Título:
Original en audio: 12 min. 5 seg.
Queridos Hermanos.
Este es ya el sexto domingo del tiempo Pascual. Tiempo que va desde la celebración gozosa de la Resurrección del Señor hasta las súplicas, también gozosas, de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y ya se acerca ese día de Pentecostés.
Es un tiempo, entonces, que empieza un tiempo litúrgico, que empieza y que termina en alegría. Es un tiempo muy hermoso en el que Dios tiene manjares sustanciosos, suculentos, para ofrecerlos.
Quiera el mismo Dios darnos suficiente hambre, porque así como no basta ser invitado a un restaurante muy fino o a una comida bien preparada, si el estómago está enfermo o está hastiado, así también durante toda la Pascua, Cristo, el Señor, ha venido dándose a nosotros a través de su palabra, a través de los signos sacramentales, a través de los sacramentos mismos, y sobre todo a través de la presencia de su divino Espíritu.
Que ese alimento, que ese manjar no se pierda en nosotros. Y por eso me permito exhortarlos a que siempre que vengamos a la iglesia, no más pisar el umbral, le pidamos: "Señor, dame hambre de ti, dame hambre de tu palabra, dame sed de tu verdad; dame, Señor, esa necesidad de ti, porque si yo tengo hambre, tú serás mi alimento; pero si llego sin hambre, no importa cuánto haga Dios sobre este altar, y no importa cuánto diga Dios sobre este ambón, nosotros nos iremos como vinimos."