P033003a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 02:53 9 abr 2008 de Plataforma (Discusión | contribuciones) (Nueva página: '''Fecha: 20010502''' '''Título: “Cristo no desperdició nada”''' '''Original en audio: 10min. 53seg.''' Cuando terminó la multiplicación de los panes Jesús se ocupó d...)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20010502

Título: “Cristo no desperdició nada”

Original en audio: 10min. 53seg.


Cuando terminó la multiplicación de los panes Jesús se ocupó de algo que tal vez no le interesaba a nadie más “Recoged los pedazos sobrantes” (véase San Juan 6,12) Y da esta razón: “Que nada se pierda, que nada se desperdicie” (véase San Juan 6,12)

El verbo apoletai en griego se refiere a eso, lo que se ha echado a perder, lo que no produjo, ni producirá nada. En el Apocalipsis hay un personaje terrible, uno de esos destructores de los últimos tiempos que lleva por nombre apolión, derivado de este mismo verbo.

Apoletai alude a eso que no dio más, que no sirve para nada, que jamás dará nada. Nada se debe perder. La frase que dijo Cristo cuando mandó que recogieran los sobrantes fue esa “Nada se debe perder”

Y recogieron muchas canastas porque nada se debía perder. En ese momento, para los apóstoles ese era un gesto que tal vez no tenía demasiada trascendencia. Al fin, y al cabo, si alguien puede multiplicar panes, que le deben importar las sobras.

La lógica del mundo es que si una persona nada en abundancia, desperdicia. El que tiene mucho no le importa gastar de sobra; Cristo tiene abundancia quiere multiplicar panes, pero no desperdicia, porque nada se debe perder.

Esa misma frase la repitió Cristo hoy. Ya, hoy no parece que sea una cosa tan trivial como un mendrugo, o un pedacito que sobró, esta es la voluntad de mi padre que yo no pierda nada de lo que Él me da

Esos panes multiplicados no son simplemente el paraíso del pan, esos panes son los panes que mi papa me dio, así piensa Cristo, y yo no debo perder nada de lo que me da mi Padre.

El mismo Cristo que multiplica panes, multiplica creyentes. El mismo Cristo que cuida de un humilde sobrante de pan, cuida del más pequeño, y más humilde de los creyentes, ni uno solo se debe perder.

En ese milagro como lo cuenta San Juan que es tan profundo, Dios mío, no es solamente la explosión de panes la que significa algo, es el obrar de Cristo “Nada se debe perder” A veces, hay situaciones que para nosotros son como el sobrante de la comida.

Comí lo que quería comer, quedó ese poco ¡Ah! A la basura que se pierda, ya yo quede tranquilo, y contento. Hay situaciones que a nosotros nos parecen semejantes a esos sobrantes de pan.

¿Cómo que situaciones? ¿Cómo qué personas? Las personas inútiles, por ejemplo, si una persona vive, y disfruta la vida; eso es como comerse un pan con gusto, pero si luego llegan los años, o los meses, o las semanas del fastidio, del dolor, ¡Bah! que se pierda. Una inyección.

Salimos de esa persona, y lo mismo piensa la persona “¿Para qué sirve eso? La parte de la vida que a mi me gustaba ya la tuve” Este es el sobrante. Pónganme la inyección, aplíquenme la eutanasia. Se puede perder.

Y Cristo dice “Nada se debe perder” Casi todo lo que a nosotros nos inspira fastidio, disgusto, nos inspira lo mismo que un sobrante de pan. ¿Para qué sirve, por ejemplo, esa incomodidad, ese fastidio, ese aburrimiento, que a veces llega a nuestra vida?

Es bonito sentirse fervoroso; sentir como dice la canción “Está tan cerca de mí, y hasta lo puedo tocar” Pero, hay muchos días que no son así, días aburridos, días difíciles, ¿De qué sirven esos días?

Cristo nos invita con su actitud a no dejar perder ni un solo día. El día más aburrido, la crisis más harta, la persona más inútil, el dolor más absurdo, todo tiene un lugar, y nada se debe perder.

Cristo no desperdició nada. Todo lo aprovechó para el plan de Dios, porque Cristo recibió los panes de Dios, y los repartió. Cristo recibió los días de Dios, y los repartió. Cristo recibió amor de Papá Dios, y lo repartió. Cristo recibió vida de Papá Dios, y la repartió.

Cristo no perdió nada. Cristo no desperdició nada. Cristo mira al más pequeño, y al más despreciable, al más desechable de los seres humanos. Ese que ya parece que no vale nada. Ese que podría existir, o no existir, según la lógica eficientista del mundo.

Cristo mira a todos. Cristo conoce a todos. Cristo ama a todos, y conoce todo, de todos, y quiere que nada se pierda.

Por eso Jesús, queremos pedirte que nos des de tu mismo corazón, que nos des de tu alma agradecida. Jesucristo que todo lo recibamos de Papá Dios, y que nada en nosotros se pierda, que no se pierdan los días alegres, y los días tristes

Que no se pierda para tu plan ni la salud, ni la enfermedad. Que no se pierda, Señor, ni la amistad, ni el rechazo. Que todo lo recibamos venido de las manos de Dios, y todo lo integremos, y lo entreguemos al plan de Dios

Ahora, Jesús, que vamos a alimentarnos de ti, ahora te pedimos que tu misma vida esté en nosotros, porque de pronto los tiempos que nos han parecido más inútiles, y las personas que nos han parecido más inútiles, son voces tuyas con las que nos estás instruyendo, corrigiendo, animando, dirigiendo

Cuida, Jesús, por favor lo más pequeño que hay en nosotros, lo más débil que hay en nosotros, muéstranos ¿Cómo, incluso ese mendrugo olvidado de pan recibe tu mirada, tiene tu cariño, y tu atención?

Amén