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Fecha: 20020420

Título: El aspecto complementario de las obras de Cristo

Original en audio: 14 min. 58 seg.


Este es un bonito día para reflexionar sobre lo que podríamos llamar el aspecto dual, o el aspecto complementario de los milagros. Le pido al Espíritu Santo que nos ayude, para poder proponer esta enseñanza. Porque de verdad, permite admirar y agradecer mucho la obra que Dios ha hecho.

Lo dual quiere decir lo que va como por parejas, casi siempre parejas que se complementan. Miremos en el evangelio lo que dice Cristo. Venimos con el texto de la multiplicación de los panes según la versión de San Juan, que nos ha ocupado varios días. Todo esto es el capítulo sexto de San Juan.

"Muchos discípulos dijeron: Este modo de hablar es duro" (véase San Juan 6,60). Es porque Jesús les había dicho aquellas expresiones: "Si no coméis de la Carne del Hijo del hombre, si no bebéis de su Sangre, no tendréis vida" (véase San Juan 6,53).

Y ellos dicen: "Este modo de hablar es duro. ¿Quién puede hacerle caso?" (véase San Juan 6,60). Lo que me llama la atención es la respuesta de Cristo. Dice: "¿Esto os hace vacilar? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?" (véase San Juan 6,61-62).

Muchas veces se predica sobre la Eucaristía, diciendo: "¡Qué maravilla que Dios viene a nuestro altar!" El Dios del Cielo baja hasta nosotros. Pero hoy Jesús nos presenta otra maravilla. Realmente, lo que hace Jesús es comparar dos maravillas. "¿Esto os hace vacilar?" (véase San Juan 6,61); porque algunos no creían, y se apartaron de hecho. "¿Y si vierais al Hijo del hombre subir hasta donde estaba antes?" (véase San Juan 6,62).

San Pablo dice en la Carta a los Efesios, que: "El que bajó es el mismo que subió" (véase Carta a los Efesios 4,10), y expresa: "Subiendo a la altura, llevó cautivos" (véase Carta a los Efesios 4,8).

Jesús baja como Unigénito, pero sube como Primogénito. ¡Eso es tan hermoso! Cuando baja, es el Hijo único. Cuando sube, es el Primero entre muchos hermanos. El ascenso de Jesucristo no es el ascenso solitario de una victoria en solitario. Cristo no es el solitario en su ascenso. Aunque sólo Él baja, no sólo Él sube. Con Él subimos, y en Él se levanta el universo entero, como una Eucaristía cósmica.

De modo que Jesucristo no se echa atrás. Él ha dicho: "Hay que comer de mi Cuerpo, hay que beber de mi Sangre" (véase San Juan 6,53-56). ¡No se echa atrás! No es como un político, que cuando ve que se le está yendo la gente, dice: "Pero no lo tomen tan a pecho; espere les explico; no era tan grave; mire, ya verán". ¡No! Él deja que la gente se vaya.

Jesucristo no se echa atrás; ni siquiera matiza sus palabras, sino que hasta cierto punto, las radicaliza más. Dice: "Mire, esto es cierto, pero hay otra cosa que todavía es más cierta".

Por lo visto, eso era parte de la personalidad de Cristo. Porque lo mismo sucedió en el momento de la Pasión. Según la versión de San Mateo, le pregunta el sumo sacerdote a Jesús: "Te conjuro por el Dios vivo, dinos si tú eres el Mesías" (véase San Mateo 26,63).

Ahí Jesús no se quedó callado, aunque estuvo tan silencioso en el resto de su Pasión. Dijo: "Tú lo has dicho" (véase San Mateo 26,64); lo admitió. "Y de ahora en adelante, veréis al Hijo del hombre en las nubes, sentado con poder" (véase San Mateo 26,64), tomando la imagen del Profeta Daniel.

Es decir, no sólo admite lo que le está diciendo, sino que lo radicaliza: "Pues claro que Ése soy". Lo mismo sucede aquí: "Si no coméis de la Carne del Hijo del hombre, si no bebéis de su Sangre, no tendréis vida en vosotros" (véase San Juan 6,53). Es la presencia de Dios entre nosotros.

Pero eso es sólo una parte. Estamos hablando de lo dual. ¿La otra parte cuál es? No sólo que Dios ha venido a nosotros, sino otra maravilla más grande: nosotros subimos con Él.