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Fecha: 20010511
Título:
Original en audio: 11 min. 58 seg.
El Apóstol San Pablo aplica la frase del salmo segundo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (véase salmo 2,7), la aplica a Jesucristo.
Esa frase la decían los hebreos aplicándosela al rey en el día de la coronación, y Pablo la aplica a Cristo en el día de la Resurrección.
La Resurrección del Señor es precisamente su entronización, es el acto que lo constituye como Señor.Los hebreos decían al rey, como de parte de Dios: "tú eres mi Hijo, yo te he engendrado" (véase Salmo 2,7), porque desde ese momento el rey como que condensaba, resumía en su propia persona lo que todo el pueblo era.
Todo el pueblo se sentía hijo de Dios; pero el rey, como una especie de embajador de todo ese pueblo, escuchaba esta palabra, y era esta misma palabra que Pablo pronuncia refiriéndose a Nuestro Señor Jesucristo con motivo de su Resurrección. De aquí podemos entender que la Resurrección de Cristo es como una ventana que nos permite mirar su relación con el Padre.
Estaba yo reflexionando en estas cosas, en na celebración que tuve esta mañana, y me pasó una cosa muy bonita, muy linda. Porque cuando llegó el momento de la fracción del Pan, cuando todos cantamos el Cordero, entonces sentí como si Dios Padre me aclarara algunas cosas sobre esto. Y quedé tan convencido, y sentí tanta alegría, de eso que a mí me pareció que me había dicho Papá Dios, que dije: "Eso tengo que compartirlo".
Yo no sé si se entiende mucho o se entiende poco, yo no sé si me puedo expresar bien, pero de todas maneras, yo quiero compartirles lo que sentí que me inspiró, yo digo que Dios Padre, porque era una palabra muy especial, algo que yo no había conocido, que desde luego tampoco merezco, que seguramente le puede pasar o le habrá pasado a otras personas.
Entonces, lo que les voy a decir ahorita, hay que ponerlo como entre comillas, porque es como si dios Padre estuviera hablando de esta fase y de este misterio.
En fin, lo que oí fue más o menos esto: "El misterio de la Resurrección de mi Hijo, es vuestra oportunidad parea entrar en el misterio de lo que yo soy. Muerto mi Hijo, en el sepulcro, en medio de la desolación, de la noche y del silencio, ahí hay una imagen de esa presencia, fue la presencia mía.
Mirad a Cristo en el sepulcro, Cristo muerto, y pensad que es como una imagen que deja al Hijo yerto, en los brazos de su Padre. La muerte es una imagen de la nada. Y el Hijo muerto en mis brazos, es como una imagen de una Padre sin Hijo; es como entender, que al principio, está solamente el Padre, no en un principio de tiempo, porque si hubiera tiempo, estaría el Padre y estaría el tiempo.
Solamente el Padre, porque la Resurrección de Cristo tampoco está encadenada por el tiempo. Y entonces, solamente de mí, solamente de mi poder, solamente de mi gloria, sólo de mí proviene la vida de mi Hijo, la vida del Resucitado.
Precisamente, porque Cristo, muerto en el sepulcro, es el resultado del fracaso de todo humano esfuerzo y de toda humana palabra, dentro de ese sepulcro sólo es poderosa mi voluntad. Dentro de ese sepulcro, dentro de ese espacio no hay criatura que pueda intervenir: ni el demonio, que gastó todo su odio en la Cruz, ni los Santos Ängeles, que presenciaron impotentes, podréis decir, ni Él mismo en cierto modo, que está yerto en mis brazos.