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Fecha: 20020413
Título: Aprender de la primera comunidad cristiana
Original en audio: 11 min. 33 seg.
Nosotros estamos acostumbrados a pensar en los primeros tiempos de la Iglesia, con un cierto idealismo, con un cierto romanticismo.
Cuando se habla de los primeros cristianos, o cuando se habla de la comunidad de los Hechos de los Apóstoles, quizá tenemos una idea muy hermosa, pero tal vez algo idealista, sobre cómo podía ser aquella existencia.
La primera lectura de hoy, nos viene un poco a bajar de esa nube. Nos presenta una comunidad, donde también hay tensiones, y tensiones por cosas muy concretas, -si se quiere-, muy materiales.
Los primeros cristianos vinieron todos de la fe judía. Lo que sucede es que había unos judíos que vivían en Judea, y había otros judíos que venían de la dispersión, de la Diáspora.
Los judíos que vivían en Judea, se sentían orgullosos de hablar el arameo, y los más cultos, entendían el hebreo; esa era su lengua. Mientras que los que venían de la Diáspora, -en un mundo que había estado marcado por la influencia del Imperio helenístico, del Imperio griego-, pues hablaban griego.
De manera que todos éstos, -los de la confrontación, o los de la discusión de la primera lectura-, en realidad eran judíos; sólo que unos eran los judíos de Judea, y otros los judíos de la Diáspora.
Los judíos de Judea se sentían más judíos. Sentían que de alguna manera estaban más cerca de las fuentes, más cerca de la salvación. Estaban más cerca del Templo, más cerca de las promesas. Y por eso, no dejaban de mirar con cierto recelo, o con una cierta superioridad, a los otros, que al fin y al cabo, tenían menos oportunidades de acercarse a los sacrificios y de estar cerca de las tradiciones.
En el fondo, esa es la tensión que viene a aparecer. No es solamente un asunto de lenguas: los de la lengua hebrea, los de la lengua griega. Es un asunto de los que se sienten más cerca de la fuente de la salvación, y de los que son juzgados más distantes.
Pero la discusión se produce, porque hay necesidades materiales; hay obras de misericordia que hay que hacer. Como sabemos, la viuda en la mentalidad bíblica, es aquella persona que no tiene a nadie. Porque la mujer, en la mayor parte de la Sagrada Escritura, es siempre dependiente, económicamente dependiente, primero del papá, y luego del esposo. Mas cuando ella queda viuda, entonces es la imagen de la persona completamente desvalida. Y ahí surge la discusión.
La primera enseñanza de estas lecturas es: No podemos idealizar ningún momento de la Iglesia. No podemos ni siquiera idealizar el comienzo mismo de la Iglesia, porque ahí vemos que aparecen tensiones. El uno se cree superior al otro; el otro no quiere ayudar al uno; hay discusiones e interviene la autoridad de los Apóstoles.