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Fecha: 20030325
Título: Un amor elevado por designio de Dios
Original en audio: 9 min. 40 seg.
En esta escena preciosa que nos relata el evangelista Lucas, detengámonos en esa frase que le dice el Arcángel a la Santísima Virgen: "Bendita tú entre las mujeres" (véase San Lucas 1,28). Es una expresión que tiene muchísimo significado, porque indica en dónde está la felicidad, en dónde está la belleza, en dónde está la riqueza y la plenitud de la mujer.
El Arcángel la llama: "Bendita entre las mujeres" (véase San Lucas 1,28), y con toda razón. Porque dos grandes anhelos, tal vez los más grandes que pueden existir en el corazón femenino, reciben una bendición especial, un camino especial, una ruta inesperada a partir de esta escena de la Anunciación. Esos dos grandes anhelos son el ser esposa y el ser madre.
De alguna manera el Génesis define el ser de la mujer, y podríamos decir, su vocación primera en ser esposa. Cuando Dios piensa en la mujer, dice: "Voy a hacer una compañía adecuada para él, para el hombre" (véase Génesis 2,18). Y esto tiene un contenido tan profundo, porque la que es compañía adecuada para el hombre, es también la que comunica el don de la vida al hombre.
A veces se ha interpretado que ser compañía, es ser menos. Pero es exactamente lo contrario. ¿Quién es más necesitado? ¿El que requiere de la compañía, o la que es capaz de acompañar? Y descubre uno, que en la mujer, por designio de Dios, desde el principio hay un don de vida, que la conduce, que la lleva, que la orienta hacia la alegría de ser esa compañía adecuada, de ser esposa.
Luego está la alegría, -la alegría infinita, que uno, por ejemplo, como varón sólo puede imaginarla-, alegría infinita de dar vida, de alimentar la vida, de embellecer la vida, de restaurar y de sanar la vida. Todo esto es propio de la maternidad.
Y las mamás, de una manera universal, con una fuerza que es superior a sus propias decisiones incluso, sienten que aman a sus hijos más que a sí mismas. Es un amor, que está escrito a fuego por el Corazón de Dios, en el corazón de la mujer.
Estas dos dimensiones que son tan entrañables, -el deseo de ser esposa y el deseo de ser compañía-, estos dos amores, son los que son bendecidos en María.
Por una mala interpretación, por una interpretación pobre, se cree que María es menos esposa, por la manera como fue engendrado Jesús. O se puede pensar que María vive la maternidad de una manera más pobre, porque no se trata de el hijo de su esposo, según la ley.
Pero ambas interpretaciones o ambas lecturas, serían equivocadas. María, unida a José por decisión de José o de las familias de ellos, o por ambas cosas, está más unida a José por el amor de Dios. El amor de Dios no viene a excluir a José, sino viene a involucrar a José y a María en una historia irrepetible, en una aventura de amor, de pureza, de gracia y de vida, que ninguna otra pareja tiene.