Pasc003a
Fecha: 19990404
Título:
Original en audio: 12 min. 19 seg.
Muy Querido Hermanos:
Esta es la celebración más importante que tiene nuestra fe católica. Se trata de la Pascua. Y por eso, la frase final del evangelio de hoy puede servirnos para comenzar nuestra reflexión.
Pedro y Juan, después de haber escuchado la noticia que les llevó María Magdalena, van al sepulcro. Y nos cuenta el texto que hemos oído: "Hasta entonces no habían entendido la Escritura, que Él había de resucitar de entre los muertos" (véase San Juan 20,9). Que Él tenía que resucitar, que Él debía resucitar, que Él había de resucitar; no habían entendido eso.
Yo, que he proclamado esa palabra, en esta tarde, me hago esta pregunta: "Y cuántos de nosotros sí hemos entendido eso?" Porque ahí dice que los discípulos no entendían por qué Cristo tenía que resucitar. Pero, ante el sepulcro vacío, entendieron por qué debía resucitar.
Eso les pasó a ellos, ¿y a nosotros? ¿Qué lugar ocupa la resurrección de Cristo dentro de nuestra fe cristiana? Si a alguno de nosotros, por ejemplo, al llegar aquí a la iglesia, una de esas compañías que hacen encuestas le detuviera para hacerle una pregunta: "Pertenecemos al grupo consultor y periodístico XYZ y sabemos que usted es cristiano, que usted ha asistido muchas veces a la Semana Santa.
"hoy es el día de Pascua, cuéntenos una cosa: ¿por qué Cristo tenía que resucitar de entre los muertos? ¿Por qué era necesario que resucitara? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera resucitado Jesucristo?"
Yo pienso que muchos de nosotros estamos en la misma situación de los Apóstoles cuando llegaron al sepulcro. Cuando llegaron al sepulcro vieron cosas: las telas, los vendajes que había tenido el Señor, el sudario que había servido para guardar su cuerpo, vieron esas cosas; pero hasta ese momento no habían entendido por qué tenía que resucitar.
Como quien dice, la pregunta que estoy haciendo para mí mismo y para compartirla con ustedes, mis amigos, es: ¿y por qué tenía que resucitar? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera resucitado? San Pablo dice una palabra, que tal vez la hemos escuchado muchas veces. En la Primera Carta a los Corintios, dice San Pablo: "Si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana" (véase 1 Corintios 15,14).
¿Pero por qué es así? ¿Cuál es la importancia que tiene esa resurrección del Señor, como para que nosotros digamos: "Ahí está el centro de nuestra fe?
Hay varios modos de acercarnos a esa explicación, porque en estos días de encuestas se pueden oír muchas cosas por la radio y se pueden ver muchas cosas por la televisión, ¿y qué tal que a usted le paren por la calle y le digan: "Sabemos que usted es cristiano, díganos, ¿por qué tenía que resucitar el Señor?"
A uno le tocaría decir: "Déjeme, que voy de afán para la Misa, después le respondo, otro día le respondo, ahora estoy de afán." Tal vez muchos tendríamos o tendrían que decir eso.
¿que significa la resurrección del Señor? no es solamente, mejor dicho, en ningún sentido es un volver a esta vida. La resurrección de Cristo no es comparable con la resurrección de Lázaro, aunque utilicemos la misma palabra. Lázaro fue vuelto a esta vida, a esta. Una muchachita, hija de un señor llamado Jairo, fue resucitada por Jesucristo,pero Cristo la volvió a esta vida.
La resurrección de Jesucristo no se parece a esos actos maravillosos, ciertamente, pero que son distintos de los que aconteció con Él y de lo que estamos celebrando hoy.
Lázaro volvió a esta vida, ¿qué consecuencia se sigue de ahí? Que después de unos meses o años,pues Lázaro murió y tuvieron que ponerlo en alguna tumba, y su cuerpo entonces se corrompió en el sepulcro.
Las personas que vuelven a esta vida, no han resuelto el problema de la muerte. La hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naím, Lázaro, se volvieron a esta vida, no resolvieron el problema de la muerte, porque después de un tiempo volvieron a morir.
En cambio, en la resurrección de Jesucristo, es algo distinto. Nos dirá San Pablo en algún lugar: "Una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere" (véase Carta a los Romanos 6,9), y la frase más importante: "La muerte ya no tiene poder sobre Él" (véase Carta a los Romanos 6,9), "la muerte ya no tiene poder sobre Él" (véase Carta a los Romanos 6,9).
¿Por qué esto es tan importante para nuestra fe? Porque lo último que le pueden quitar a uno es la vida. La manera más drástica de acabar con todos los sueños,los trabajos,los proyectos, los anhelos, los amores de uno; la manera de frenar todo lo que uno es, es precisamente destruyéndolo con la muerte.
La muerte es el arma poderosa que intenta producir el silencio absoluto del adversario, es la manera de acabar toda evidencia, es la manera de aniquilar, es la manera más cercana de aniquilar el acto creador en la otra persona.
Cuando Jesucristo vence a la muerte, quiere decir que ni siquiera el arma más potente de todos los imperios, de todos los estados, de todos los grupos, de todas las ideologías; el arma más potente en todos los siglos, en todas las culturas resultó inútil para frenar la causa de Jesucristo; resultó inútil para frenar su capacidad, su fuerza de vida.
Nosotros en estos días de Semana Santa hemos meditado sobre el final de la vida de Cristo, y hemos descubierto cómo el mal sacó todas sus garras, toda su fuerza, todo su poder, todos sus recursos para hundir, para acabar a Jesucristo. La vez que lo vimos más acabado, "que ya no parecía ni siquiera humano" (véase Isaías 52,14), dice Isaías, fue en la cruz. Destruido, despreciado, traicionado, desangrado, burlado, insultado y finalmente muerto, como quien dice, sepultado.
Realmente, los enemigos de Cristo, y detrás de todos ellos, Satanás; los enemigos de Cristo, empezando por el demonio, querían aniquilar, anular, sepultar a Jesucristo. Pero resulta que Él ha resucitado, y esto quiere decir que todas las estrategias del mal, el mal agotó todas sus fuerzas, utilizó todos sus recursos, los más terribles, los más astutos, los más potentes; todos los recursos del mal se invirtieron, se gastaron en hundir a Jesús y anularlo.
Si ahora resulta que ha resucitado, quiere decir que ningún recurso es suficiente para vencer la potencia que hay en Él; y esto quiere decir que Dios se ha declarado en favor de la vida de su Hijo Jesucristo, en favor de sus palabras, milagros, en favor de su obra de liberación, que somos precisamente nosotros.
La fuerza más grande es la de aquel que vence, y lo que estamos descubriendo es que el mal utilizó toda su fuerza, todos sus recursos, hizo todo lo que pudo, y fue mucho lo que pudo, si no, vuelve a ver la cruz de Cristo; el mal hizo todo loo que pudo. Lo que estamos diciendo es que todo lo que pido el mal no fue suficiente, porque ahora se les escapó.
Como dice el salmo: "La trampa se rompió y escapamos" (véase salmo 123); se les escapó. Intentaron apresarlo, luego amarrarlo, luego debilitarlo, luego clavarlo y luego sepultarlo, es un intento de encarcelarlo, pero se les fugó, Cristo se les fugó de las prisiones tenebrosas del mal; Cristo se les escapó, se le escapó al mal; todo el poder del mal no fue suficiente; la muerte no fue suficiente; la traición no fue suficiente; el odio no fue suficiente.
O dicho de manera positiva: lo que hay en Cristo, el mismo Jesucristo es más fuerte que todos ellos. Esta es una noticia espectacular para nosotros,porque todo lo que Cristo quería tiene que ver con nosotros. Como decimos constantemente en el credo Nicenoconstantinopolitano: "Todo fue, todo, todo, todo fue por nosotros y por nuestra salvación."
Y si está a favor de nosotros esa potencia de amor, esa luz indeficiente, inocultable; si está a favor de nosotros tanta sabiduría y tanta misericordia,¿cómo cantar que es Pascua?
Tal vez estas palabras, amigos, nos ayuden a entender lo que no entendieron los Apóstoles: Él tenía que resucitar de entre los muertos, claro que tenía, tenía, era necesario que resucitara de entre los muertos; porque así resucitado, manifiesta un poder que está por encima de todo poder, un poder que al mismo tiempo está a a favor de nuestra causa, lo cual hace que nuestra vida, ungida por el mismo Espíritu que lo ungió a Él, pueda ser una vida de rectitud y de santidad, como nos dijo Pablo en la Carta a los Colosenses que hemos escuchado.