K052004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010403

Título: Todo en este mundo cambia, pero Dios permanece

Original en audio: 12 min.


CONTINÚA LA TRANSCRIPCIÓN


Queridos Hermanos:

Se va acercando la Semana Santa.

El próximo domingo vamos a escuchar el relato completo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. En este momento, cuando estemos escuchando cómo Cristo fue levantado en alto, tenemos que acordarnos de las palabras que hemos oído hoy: "Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy"" (véase San Juan 8,28).

Es una frase que suena un poco rara en español y en otras lenguas. Jesús no dice: ""Sabréis que yo soy el bueno", o que "yo soy el grande o el pequeño", simplemente dice: "Sabréis que Yo Soy" (véase San Juan 8,28). Esa es una característica de la manera de hablar del Evangelista Juan.

Juan le atribuye a Cristo ese modo de hablar: "Vosotros sabréis que Yo Soy" (véase San Juan 8,28). Simplemente eso: "Soy".¿De dónde viene esa manera de hablar? Tiene sus raíces en la Biblia misma.

En efecto, cuando Dios le habla a Moisés, allá en el episodio ese de la zarza ardiendo, Moisés todo asustado empieza a buscar manera de escapársele a la misión que Dios le va a encomendar, y entre otras cosas, dice Moisés: "Bueno, ¿y si me preguntan quién me mando?" (véase Éxodo 3,13), y entonces Dios le dice: ""Yo Soy el que Soy" (véase Éxodo 3,14). ¿qué significa esa expresión?

Significa montañas de cosas. Los que se dedican a estudiar la Biblia, yo creo que cada uno le encuentra más interpretaciones a ese modo tan profundo de hablar. Pero todo el mundo parece estar de acuerdo en que cuando Dios dice: "Es que yo Soy", está diciendo que Él permanece. Porque las cosas de este mundo un día son y otro día no son.

De pronto está gobernando alguien que parece muy importante, porque tiene mucho dinero o muchos conocimientos, pero una enfermedad, un golpe de estado, una revuelta militar, una crisis económica, al suelo con él; y llega otro que se levanta, y el que estaba ya no es, ahora ya es otro.

Lo mismo pasa en el terreno de los negocios. Vemos a una empresa que crece, que prospera, que le va muy bien, y de pronto entra en una terrible crisis, y se deshizo, se deshizo, y tuvo que despedir gente, y se acabó, y no pudo, no puedo seguir; ya no es, fue, pero ya no es.

Y lo mismo vemos en el amor humano. Cuántas promesas tan lindas se dice la gente cuando está en ese proceso del enamoramiento. "Te quiero", "te quiero mucho", "te quiero más que a mi vida", "tú eres mi vida entera", "yo viviré para ti". Pero tres años, cinco años, diez años después: "-Me conseguí otra", "-¿y todo lo que me dijo?" - "No. De eso ya olvídese, mejor dicho, eso ya pasó, ya no es". En cambio, Dios es, Dios permanece, Dios no se muda.

Una gran santa, Santa Teresa de Jesús, nos brindó muchas enseñanzas en forma de poesías, y entre sus rimas y versos hay uno muy bonito que dice: "Dios no se muda", Dios no cambia, Dios es, Dios permanece, Dios está. Y en ese permanecer de Dios está toda nuestra esperanza.

Porque si nosotros leemos la Biblia, ¿qué nos encontramos en el Antiguo Testamento? Que lo mismo que hemos dicho aquí del poder político, de los negocios, de los afectos humanos,lo mismo exactamente le pasó al pueblo de Israel. El pueblo de Israel también prometió, y prometió, y prometió, y no cumplió, no cumplió, no cumplió. Dijo que iba a hacer, dijo que iba a estar y no estuvo, no se quedó.

El Antiguo Testamento es, sobre todo, la historia de la Antigua Alianza, la Alianza que se hizo con la mediación de Moisés, la Alianza del Monte Sinaí. Y en esa Alianza se comprometieron dos: Dios y el pueblo. Una alianza es así, entre dos por lo menos; y así fue Alianza entre Dios y el pueblo; se comprometieron.

¿Pero qué fue lo que nos muestra el Antiguo Testamento? Que Dios permaneció; el pueblo falló, el pueblo se derrumbó, el pueblo traicionó; dijo pero no cumplió; el ser humano resultó frágil; el ser humano resultó, como dicen algunos jóvenes, calceto, salió calceto, salió mentirosos, salió falso el ser humano.

¿Y qué es lo que dice Cristo? Y esto es lo que vamos a vivir en unos poquitos días: "Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy" (véase San Juan 8,28). Es un título divino el que se está dando Cristo. "Yo Soy" (véase San Juan 8,28), "yo permanezco".


¿Por qué es tan importante para nosotros eso? Porque si Cristo es, si Cristo permanece, si Cristo está, entonces la Alianza que se funda en la Sangre de Cristo, permanece, está.Moisés fue el mediador de una Alianza que no funcionó; Cristo es el Mediador de la Nueva Alianza.

Fíjese que en la Misa, cuando vamos a consagrar el vino como Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, decimos: "Este es el Cáliz de la Nueva Alianza, Nueva y Eterna". Alianza Nueva, porque la de Moisés se quedó vieja; eterna, ¿por qué? Porque Cristo es.

Moisés tuvo sus dudas, Moisés se cayó,Moisés tuvo su fragilidad; Moisés no podía comunicar una fortaleza que él no tenía. Cristo, en cambio, permanece; Cristo es. Y por eso, la alianza fundada en Cristo, la Alianza en la Sangre de Cristo es una Alianza que permanece, es una Alianza que no se rompe, y de esa Alianza vivimos nosotros. Esa es la Alianza en la que nosotros estamos fundados.

Eso quiere decir que aunque Cristo fue crucificado una sola vez, esto lo recalca mucho la Carta a los Hebreos, aunque Cristo padeció una sola vez, esa vez vale por todas; una vez y para siempre; una vez y eternamente.

Cristo murió, Cristo entregó todo, lo dio todo. Y así, desde la totalidad y desde la perfección del amor y de la obediencia de Cristo, nosotros tenemos esa Nueva Alianza. Podemos fiarnos de esa Alianza en la Sangre de Cristo porque Cristo es.

Cristo le decía a este grupo de fariseos: "Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy" (véase San Juan 8,28).¿Por qué en ese momento?

Porque Cuando llega la traición, cuando llega el dolor, cuando llega la prueba, cuando llega la tentación, cuando a uno lo atacan injustamente y se queda solo, cuando el demonio disparó todos sus dardos, cuando las blasfemias cayeron sobre Él como un diluvio, cuando los amigos huyeron y los enemigos aparecieron, cuando todo se volvió en contra de Él, ahí es cuando se supone que Él se iba a reventar, se iba a quebrar, ahí es cuando se supone que É iba a renegar de su misión.

Pero cuando lo levantaron en alto, es decir, cuando llegó esa hora espantosa, Cristo no se corrió, como dicen en México, no se rajó, no se quebró, permaneció.

Por eso, la hora grande, es la hora de la Cruz; porque Cristo no se rompió, Aunque le pasó todo, humanamente lo peor que le podía suceder, que es: la traición de los amigos y el encono y el poder de los enemigos, aunque le pasó todo, no se rajó, no se rompió, se quedó, permaneció. Él es, ahí fue cuando supimos que Él es.

Y ahora que lo sabemos, sabemos también que podemos confiar en Él