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Fecha: 19970222
Título: El primer Papa
Original en audio: 8 min. 45 seg.
Este Pedro es un personaje completo; este Pedro es todo un personaje. Y cuando uno va escuchando el evangelio, yo creo que muchas veces uno se identifica con Pedro.
Viene Jesús caminando sobre el agua, media noche, un susto tenaz. Ellos dijeron: "Noche, lago, tormenta y fantasma: completos; no quedó faltando nada".
Viene Cristo caminando sobre el agua, todos muertos de miedo, pero Pedro, a pesar del miedo, -él era como impetuoso, así como temperamental, como primario en sus sentimientos-, mientras todo el mundo gritaba de físico miedo, dice: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti" (véase San Mateo 14,28). Jesús le responde que vaya.
Este hombre, que toda la vida había estado en ese lago, que toda la vida había estado metido en el agua sacando peces, se baja de la barca para caminar sobre el agua. ¡Hágame el favor! Y empieza a caminar, da unos pasitos, pero siente la fuerza del viento, como que el corazón le late fuerte y se empieza a hundir. "¡Sálvame, Señor!", le dice (véase San Mateo 14,30), y Jesús lo salva.
Este Pedro es todo un personaje. Cuando iban a agarrar a Jesús en el momento culminante allá en el huerto, entonces vinieron con espadas y palos, -era un poco de gente armada-, vinieron con linternas, y sabemos bien que Judas Iscariote los iba guiando.
Llegaron allá donde estaba Jesús, y Pedro el valiente, saca su espada, -por ahí tendría un machete-, le corta la oreja a uno, como dispuesto a luchar. Pedro estaba esperando que Jesús le dijera: "Bien, Pedro, me defendiste". Pero Jesús coge la oreja y vuelve a pegarla. Yo creo que este Pedro se quedó viendo un chispero: lo único que hace por Jesús es cortar una oreja, y Jesús la pega otra vez.
Pedro es un personaje; definitivamente es un personaje. El evangelio del día de mañana, el evangelio del domingo, nos cuenta la transfiguración de Jesús. Se subió a una montaña con Pedro, Santiago y Juan. Jesús está radiante de gloria. Se aparecen Elías y Moisés, hablan con Jesús. El momento es sublime.
Pedro, que no podía quedarse callado, empieza a hablar: "Señor, esto es increíble. Hagamos aquí unas enramadas, quedémonos por aquí, Señor" (véase San Lucas 9,33). Y el evangelista aclara: "No sabía lo que estaba diciendo" (véase San Lucas 9,33).
Pedro es un hombre impetuoso, un hombre generoso. Casi siempre es él el que toma la palabra, el que responde primero, bien o mal, lo que sea, pero responde; responde primero. Es valiente, pero después le da miedo. Tiene sus aciertos y tiene sus embarradas; promete mucho y cumple poco.
Pedro es el corazón de un hombre que debía tener muchos años, pero que se parece mucho a nosotros, los jóvenes. Porque en el momento del entusiasmo, nosotros decimos: "Sí, yo me haría matar por Cristo".
Si por esa escalera subiera un grupo de qué sé yo, ateos, masones matacuras, y dijeran: "Ajá, aquí los cogimos juntos. Estos son los que se reúnen a orarle a Cristo", yo estoy seguro de que José Humberto saldría inmediatamente a decir. "¡Sí, sí, y qué! ¡Y qué!" En ese momento uno estaría dispuesto a ser acribillado: "¡Ah, me atravesaron! Morí por Cristo. ¡Ah!"
Entonces uno sale de su grupo de oración, uno sale dispuesto a hacerse matar por Cristo. Ya el lunes, uno dice: "Bueno, tanto como matar, no, pero sí me dejaría enfermar, sí me dejaría enfermar por Cristo". Por allá el martes, el miércoles, dice uno: "Bueno, de pronto yo aguantaría un rasponcito por Cristo". Y el viernes ya está uno necesitando que le den un refuerzo.
Así le pasó a Pedro. Pedro le decía a Jesús: "Sí Señor, yo por ti me haré matar aunque todos fallen. Yo no fallaré; yo tengo más generosidad que José Humberto". Y resulta que Jesús dice: "¿Y tienes más generosidad que Yahir?" Entonces Pedro responde: "Sí, tengo más generosidad". "¿Y tienes más generosidad que Angélica?" "Sí, tengo más generosidad que Angélica". Bueno, faltó una pregunta: "¿Tienes más generosidad, -y ponle mucha atención-, tienes más generosidad que Mickey Mouse?" "Sí tengo más generosidad".
Pedro se apoyó en su generosidad, y todos sabemos lo que pasó. Cuando ya agarraron a Jesús, se lo fueron llevando, la cosa se puso grave, y ya estando Pedro por allá como en un patiecito, entonces ahí sí, se le acercó una criada y le dijo: "Usted es de los que andaba con Jesús" ( véase San Mateo 26,69;71). "¿Yo qué? ¿Jesús? ¿Quién es ese Señor? No tengo ni idea, no sé" (véase San Mateo 26,70;72).
Y ese hombre, tan generoso pero tan cobarde, que promete tanto y que cumple tan poquito, ese es el primer Papa de la Iglesia, ese es el gran Santo, al que Cristo le dice en el evangelio de hoy: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará" (véase San Mateo 16,18).
¿Y sabe por qué le dice eso? Por una sola razón. Porque cuando el ser humano intenta apoyarse en sus propias fuerzas, es como Pedro: promete mucho y cumple poco. Pero cuando el ser humano tiene la fe que hoy vemos que manifiesta este mismo Apóstol, cuando el ser humano tiene esta fe, se convierte en indestructible.
Lo que la Iglesia celebra en Pedro entonces, no es un superhéroe, no es una especie de supermán del siglo primero, es un hombre al que Dios colmó de fe.
Y le dio una fe tan grande, que lo confirmó en la fe a él y le dio la gracia de confirmar en la fe a sus hermanos.
Este es el mismo ministerio que tiene el Papa en la Santa Iglesia.