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Fecha: 19970219

Título: El ayuno es un freno

Original en audio: 8 min. 44 seg.

Las lecturas de este día son un llamado claro, fuerte, vigoroso a la conversión, y se nos presentan dos ejemplos de lo que sucede cuando se predica la conversión. Los habitantes de Nínive, de acuerdo con la lectura del profeta Jonás, escucharon y recibieron la predicación de la conversión, hicieron ayuno, hicieron penitencia, se arrepintieron con humildad ante Dios, se pusieron por completo en sus manos.

Dios miró sus buenas obras y la suerte de Nínive cambió y una esperanza nueva llegó a sus corazones. Ese es el primer ejemplo, pero el Evangelio nos presenta un ejemplo distinto.

Jesús multiplicó los milagros, habló con sabiduría y con verdad acogió a todos, sanó a los enfermos, libró del poder del demonio a muchos y sin embargo, muchos de su generación, muchos contemporáneo de Cristo, rechazaron la palabra de Cristo.

Deseamos que esa no haya sido su definitiva suerte, deseamos que hayan acogido finalmente al señor, por que la condenación no se le puede desear a nadie.

Pero el hecho es que mientras Cristo estaba predicando, estos, aunque vieron señales, milagros, aunque vieron exorcismos y escucharon preciosas predicaciones, se resistieron a la conversión. Ahí se nos presentan esos dos ejemplos.

El de un pueblo que sí escucha la Palabra de Dios y el de otro pueblo que se resiste ante el llamado de conversión de Dios; y la Iglesia como que nos ofrece hoy esos dos pueblos, nos presenta hoy esas dos imágenes para ver en cuál de los dos queremos alistarnos, en cuál de los dos queremos matricularnos.

Por que sin cesar y hasta el fin de los tiempos la santa Iglesia predica y predicará la conversión, pero también hasta el final de los tiempos hay pueblos y hay personas que reciben el llamado de conversión y hay pueblos y hay personas que no los reciben.

Esto es bueno saberlo para no desalentarnos cuando en e nuestras familias o en nuestros barrios, comunidades, vecindarios; algunas personas escuchan y otras no, la palabra de Dios.

Yo conozco familias por ejemplo en las que alguna persona se convierte de corazón a Dios, y qué hacen los demás? Alegrarse por esa conversión? Ojalá fuera. Criticar, burlarse, aislar, observar detenidamente cualquier resbalón del supuesto convertido para caerle encima.

Hay familias en las que Dios ha hecho maravillas y que sin embargo han tenido una respuesta desigual por que hubo quienes sí se convirtieron y hubo quienes se resistieron.

Hay personas que han visto señales maravillosas, han participado por ejemplo de congresos de sanación y han visto milagros con sus ojos, hay personas que han visto prodigios en la naturaleza como esto que se llama la danza del sol.

Yo no he visto eso pero me han contado que eso existe y sucede y hay personas que se han convertido por esos acontecimientos como sobrenaturales, pero hay personas también que ven esas señales y que finalmente parecen no convertirse y al contrario endurecerse en su pecado.

El llamado es serio, el llamado es dramático, el llamado es urgente: Vuelva usted hacia Dios. Decía Juan pablo Segundo cuando inauguró aquél año santo de la redención: abrid las puertas al redentor, en el año 83 si no está mal mi memoria, abrid las puertas al redentor.

Pues así también, sabiendo yo que no soy nadie, que soy un pecador, así también y para que lo escuchen por primera vez mis oídos, así les digo de corazón: abrid las puertas a Cristo, abrid las puertas a Él.

Vamos a bajar nuestra soberbia, vamos a quebrantar el corazón, vamos a pedir lágrimas de arrepentimiento, vamos a hacer ayuno y mortificación, vamos a estrujar el corazón, junto al corazón estrujado de Cristo en la cruz, para pedirle a ese Cristo que haga una operación quirúrgica en nuestra vida y convierta nuestro corazón de piedra en un corazón de carne y luego en ese corazón de carne le regale el don de su espíritu para que podamos escuchar y escoger vivir el mensaje de Jesucristo.

Para que no tenga que decirnos Él después: qué hiciste con el amor que te di, te pregunté, te hablé, te amé; ¿Qué hiciste con mi amor?

Por que en el fondo el reproche de las palabras de Cristo en el Evangelio es ese. ¿Por que no entiendes que te amo, por qué no admites, por que no recibes la fuerza de mi amor, la fuerza de mi salvación, la gracia de mi perdón?

Vamos a recibir hoy, hoy mismo esta Palabra de salvación.

¿Sabe usted cuál era el sentido del ayuno que hicieron los ninivitas? Permítame que lo describa con una imagen muy mecánica: imaginemos un carro al que se le echa mucha gasolina, pero que da y da vueltas y recorre y solo sirve para la parranda, solo sirve para el pecado, solo sirve para la degeneración.

Lo primero que hay que hacerlo a ese carro es apagarlo, hay que quitarle la gasolina, hay que fregarle el abastecimiento, el ayuno es como un freno poderoso que se le pone a la vida.

Frene usted, pare, deténgase, quítele impulso a su vida, deje de estar comprando y gastando, codiciando y disfrutando, cese, deténgase, pare.

El ayuno es un freno, pare ese carro que se va a chocar, que va a quedar destrozado, deténgase, frene, quítele alimento por un momento a su vida, recapacite en lo que usted está haciendo y para donde va su existencia y desde ese freno nuestras pretensiones, nuestros orgullos, nuestra altivez se va bajando y de pronto es posible que se cuele la luz de la gracia y que llegue a lo profundo del corazón el amor que Dios ha querido regalarnos,

Vamos a ayunar, a escuchar la palabra de Dios, a orar con intensidad, a frenar nuestra carrera y a recibir a Cristo como nuestro salvador. Esta es la belleza, esta es la gracia, esta es la ternura de la cuaresma.