Cp02001a
Fecha: 20040418
Título: El mismo Espiritu que resicito a Cristo tiene el poder de transformar nuestras vidas
Texto en negritaOriginal en audio: 8 min. 47 seg.
La gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo ha llenado estos ocho días. Estamos culminando hoy la Octava de
Pascua. Este es un domingo tan grande, que para la Iglesia ha vuelto domingo todos los otros días, porque también el mensaje de Dios es tan grande que convierte en Evangelio a todas las noticias. Porque este Evangelio está dado en un espíritu tan grande, que viene sobre toda carne y la hace semejante al Cuerpo Glorioso del Señor.
Estos, hermanos, son los misterios que queremos meditar con la ayuda del Espítu Santo.
La Pascua de Cristo no suprime ni reemplaza las otras noticias; la noticia de Jesucristo no cambia a las otras noticias, no las suprime, no las reprime, no las esconde. Como las Llagas de Cristo, Cristo Glorificado, sigue teniendo las huellas de lo clavos y sigue teniendo la herida de su costado.
Cristo no se apareció resucitado con la piel entera como si nada le huebiera sucedido; Cristo resucitado es el Cristo después de que todo ha sucedido: la crueldad, la traición, la negación de Pedro; después de que ha sucedido la Cruz, después de que ha sucedido la muerte, pero sobre todo, Cristo resucitado es el Cristo después de que ha sucedido el Espíritu, despés de que ha acontecido el amor de Dios en grado sumo, superlativo, infinito, precisamente en su Cuerpo.
Y nosotros, en la escuela del Apóstol Tomás, queremos asomarnos a esas Llagas gloriosas de Cristo, porque ante nuestros propios problemas, nosotros quisiéramos que no se dieran esas Llagas; a veces quisiéramos que nuestros dolores, dificultades, frustraciones o fracasos no se dieran.
Y resulta que el camino dela Cruz y el camino de la Pascua es distinto: a Cristo se le ven bien las Llagas; Cristo va adornado no con joyas ni con perfumes, no lleva accesorios de última moda, sino lleva sobre su propioCuerpo el hermoso vestido de las Llagas gloriosas.
Y el mensaje para nuestra propia Pascua es ése: ya no más esconder nuestro dolor, ya no más hacer de cuenta que nada pasara, ya no más ocultar elrostro anyte la pobreza, ante el pecado, ante la soledad, ante el odio del mundo.
El cristiano que ha participado de la fuerza de la resurrección de Cristo no tiene que esconder el rostro a esas cosas como si no existieran, ni tratar de no pensar en ellas como si fueran en otroplaneta.
Si, hay llagas,hay llagas en la sociedad, hay llagas en la familia, hay llagas en el corazón, y el mensaje del cristiano, muy lejos de lo que dijo Marx, no es un opio, no es dejar de ver esas llagas, sino sumergirlas, bautizarlas, someterlas al poder del Espíritu que resucitó a Cristo de entre los meuertos, para que aquello que era nuestra ruina se convierta en nuestro gozo, y para que aquello que era señal de tortura sea señal de victoria; lo que era señal de dolor sea manantial de gracia; lo que era señal de muerte sea fuente de vida. Ese es el mensaje del cristianismo.
Nosotros nos unimos a la Pascua de Jesucristo, nosotros nos unimos en fe a Él y creemos que el mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos, tiene también póder para taransformar nuestra propia vida.