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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970306

Título: ¿Quién es un verdadero amigo?

Original en audio: 16 min.




Queridos hermanos:


Las lecturas que proclamamos hoy y en general las de la Semana Santa parecen como bastante tristes. Algunas personas sienten que la Semana Santa es eso, un tiempo triste porque precisamente lo que se cuenta es la tristeza de la muerte de Jesucristo y para muchos cristianos la Semana Santa termina con la cruz, con el fracaso de la cruz, hasta ahí llega la Semana Santa.


Son cristianos que llamamos de ‘viernes santo’ porque llegan hasta los latigazos, hasta la corona de espinas, hasta la cruz y ahí se quedan; por eso le han tomado pereza a la Semana Santa y por eso hay algunos cristianos que se han alejado de las celebraciones religiosas y simplemente prefieren que este sea un ‘tiempo de vacaciones’.


El Evangelio que hemos escuchado, por ejemplo, es como ‘poco alentador’, sombrío, pero resulta que la palabra Evangelio significa “Buena Noticia” y uno dice, bueno, pero ¿dónde estará la Buena Noticia, en esa traición tan terrible de Judas y en esa angustia que ya sentimos que tiene el corazón de Cristo, en dónde empieza la buena noticia?.


Es lo mismo que también sentimos nosotros cuando padecemos enfermedades físicas, o fisiológicas o espirituales; ¡qué puede tener de bueno este dolor esta soledad o esta enfermedad que estoy padeciendo!


La Primera Lectura nos relata en el profeta Isaías, el doloroso sufrimiento de ese hombre, de ese Siervo de Yahvé, que es ofendido que es vituperado, que es insultado y nos volvemos a preguntar: pero esto ¿qué tendrá de buena noticia? Por qué se toman esas lecturas, en donde está la alegría de nuestra fe y nuestra Pascua.


Queridos hermanos: Se necesita mirar con un poco más de atención, pero yo quiero decir que estas lecturas así nos parezca extraño son una ¡buena noticia!, es más son ¡una gran noticia!

Una hermosa noticia y para escucharla y recibirla hemos venido.


Les voy a dar un ejemplo con la ayuda de Dios. Dos amigos tenían una tienda, un pequeño negocito; y resulta que uno de ellos empezó a robarse la platica, se hacía el avispado, iba sacando por la derecha, no registraba bien las cuentas, iba sacando plata y plata y más plata, y el otro preocupado le decía: -"oiga, ¡qué sucederá en esta tienda que yo veo que vendemos pero no veo que aparezcan las ganancias!"- Y el ladrón se hacia el ‘loco’ como decimos, y decía: ¡yo no sé, quién sabe que estará pasando!


Y esto se sucedió no por un año, ni dos, ni tres, sino cinco años, donde uno de los socios estuvo robando la platica y el otro pasaba necesidad; había veces que no tenía ni con qué pagarle el colegio a los hijos, la esposa se le enfermó y no tenía como pagar la medicina, y la tienda que no daba plata, y claro que no daba porque el socio se la estaba robando. ¡Era un ladrón!


Un día, resulta que se ponen a hacer las cuentas despacito y no cuadraban (porque estos dos socios eran muy amigos y el ladrón se estaba aprovechando de esto precisamente para robarle la plata a su propio amigo). Y el otro, como era amigo decía: -pues yo no tengo que estar revisando mucho, porque si es mi amigo no me va a robar-, pero sí lo estaba robando.


Un día este señor, desesperado por la falta de plata, se pone a mirar despacito las cuentas y se empieza a dar cuenta de que su ‘amigo de toda la vida’ llevaba mucho tiempo robándole; sacó entonces los libros de contabilidad de los años pasados, y empezó a mirar y mirar y vio que cuando hacían una compra de por ejemplo por cien mil pesos, el otro la registraba por doscientos y se ‘cargaba’ con ese dinero.


La noticia de que los dos grandes amigos tenían ese problema, se supo en el barrio, porque fulanito le estaba robando la plata a mengano, y ése era un barrio muy violento; un barrio donde había muerto a cada rato; un barrio donde la gente andaba con puñaleta, con revolver, donde la gente, andaba armada. Cuando en el barrio se supo que éste amigo estaba robando al otro, qué dijo la gente: ¡Ah, aquí va a haber muerto seguro! ¡Deje y verá, que un día se van a agarrar y seguro termina uno de los dos muerto!


Y estaban en esa historia cuando un día delante de mucha gente se encuentran los dos y el que robaba y el que era robado estaban uno frente al otro, y el que había sido robado le dice al otro: ¡tú eras mi amigo, pero me has robado y no me has robado ni un mes, ni dos, ni un año ni dos, sino que llevas cinco años robándome y yo he tenido que pasar mucha hambre y mucha necesidad y eso es injusto porque tú sabías que yo estaba pasando necesidades y seguías cargándote con la plata, seguramente para emborracharte y para andar con esas malas amistades con las que tu vives!


Y la gente miraba la discusión de los dos amigos…; y ¿qué gritaba la gente? ¡Aquí va a haber muerto, ahorita se van a agarrar a golpes, botellazo va, botellazo viene, machete va, machete viene, un par de tiros, se acabó este punto y se murió el otro! Eso era lo que todo el mundo estaba esperando.


Pero éste amigo, el que había sido robado, con el rostro congestionado de rabia le dice al otro: ¡tú me has robado, tú me has robado mucho, me haz quitado mi dinero, pero yo quiero decirte algo! -En ése momento, todo el mundo esperaba que sacara su machete y le acomodara… pero no fue eso lo que sucedió-.


El hombre este le dice: yo quiero decirte algo; si tú estás dispuesto, arreglemos las cuentas y sigamos siendo amigos. Y ahí sí, la gente se quedó con la boca abierta, porque todo el mundo estaba esperando que lo agarrara a golpes, que lo matara a traición y lo que le dice es: ‘yo estoy dispuesto a perdonarte, estoy dispuesto a que arreglemos las cuentas; y le dice más: "yo quiero que sigamos siendo amigos".


¡Esta es la historia de Jesucristo, es la maravillosa historia de Jesucristo! Cristo no es ningún tonto, Él se ha dado cuenta de todas y cada una de las cosas que nosotros hemos hecho; Cristo sabe quién es cada uno de nosotros, porque uno puede engañar a las otras personas, pero a Dios nadie lo engaña. Cristo sabe quiénes somos nosotros, Cristo sabe, conoce nuestros corazones y Cristo sabe que hemos sido seguramente mentirosos, supersticiosos, idólatras, adúlteros, avaros; Cristo conoce nuestras infidelidades. Él sabe todo esto.


Pero si Cristo viene en esta Semana Santa, y nos recuerda nuestros pecados, y sí Cristo nos dice desde la cruz: ¡Mira todo lo que me has hecho sufrir!, no es para sacar un machete y acabarnos ni es para sacar un revolver y dispararnos. Cristo como el buen amigo de la historia que les acabo de contar nos llama a cuentas, nos hace entrar en razón, nos quita la venda de los ojos, y nos dice: ¡Yo sé que tú me has robado, yo sé que tú me has herido, que eres un desagradecido conmigo y tú no tienes idea de todo el amor que yo te he tenido. ¡Yo sé quién eres tú, pero quiero que sepas que hoy estoy dispuesto a perdonarte, que hoy estoy dispuesto a sufrir por ti y que si tuviera que volver a morir, volvería a morir por ti porque te amo!. Ése es Jesucristo.


Entonces cuál es la Buena Noticia que encontramos en la Semana Santa y en estas lecturas. La buena noticia no fue que le dieron palo y rejo a Cristo. La buena noticia no es que le pusieron una corona de espinas y lo condenaron a muerte siendo inocente; la buena noticia no es que vertió sangre y que murió asfixiado, desnudo y humillado delante de su Santísima madre, ante la indiferencia de un puñado de soldados. Ésa no es la buena noticia.


La Buena Noticia es que todo esto lo hizo y lo padeció ¡POR AMOR! Y la gran noticia es que desde esa cruz nos está diciendo: ¡te conozco, sé quién eres, te acepto, te amo y estoy dispuesto a sufrir así por ti, con tal de que tu vida se sane, con tal de que tu vida se restablezca!. ¡Ése es el inmenso amor de Cristo!


Y desde luego, que es mayor amor y es mejor amigo el que sabe perdonar la ofensa, que el que no es capaz de perdonar nada; porque después de cinco años de estar robando al socio en la tienda, el otro le dice: “estoy dispuesto a perdonarte” y el que había sido ladrón que ya temblaba de miedo, que temblaba como una gallina porque sabía que lo iban a matar, de pronto escucha que su amigo de siempre, al que ha traicionado le dice: ¡yo te perdono!' Y esas palabras le conmueven el corazón y entonces suelta el llanto, ya no de tristeza sino de alegría y le da un abrazo a su amigo y le dice: ahora entiendo que tú eres más amigo que todos mis amigos, porque aunque yo te fallé, aunque yo te maltraté, aunque yo te traicioné, tú tuviste el coraje y el amor de perdonarme, y por eso entiendo que tú eres mi verdadero gran amigo.


Ése es el abrazo que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar y a recibir de Jesucristo. Es el momento de volvernos a él y decirle: ‘Sí, tú me conoces Señor, tú sabes que te he ofendido, tú sabes que te he robado, el amor, el honor y la gloria que tú te mereces; tú sabes que muchas veces he roto el pacto contigo, he sido un amigo traidor, pero tus heridas, tu paciencia, tu sangre y tu santísimo amor, me están enseñando, que tú estás dispuesto a recibirme y por eso Señor, también yo quiero recibirte, yo quiero acogerte, yo quiero decirte que tú eres mi verdadero amigo, que en ti puedo confiar.


Y en estos momentos vienen a mi mente aquéllas palabras de San Pablo; palabras para consolar al más grande de los pecadores que hay aquí y que quizás sea yo; palabras para animar al más grande de los criminales que haya en esta Iglesia, palabras para darle consuelo al más enfermo de los enfermos que se encuentre aquí. Mira lo que nos dice San Pablo: "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, (es decir el Padre celestial que nos dio a su Hijo), como no nos dará con él todas las cosas” (véase Romanos 8,32).


El que te dio a Cristo hasta el extremo de la sangre, de la cruz, de los clavos, de las espinas y de la muerte, el que te dio a Cristo así, ¡cómo no te va a dar lo que tú necesitas!; en Él, en ése amor está todo lo que puede pedir el corazón humano, toda la salud, la reconciliación, en el está toda la bendición, todo el amor que puede necesitar nuestro corazón.


Y por eso nos acercamos en esta celebración, y en toda la Semana Santa a Cristo Jesús y le vamos a decir: “Tú eres mi verdadero amigo porque tú haz pasado por la prueba más dura que es la de ser traicionado. Y yo te he traicionado, Señor, he roto el pacto que había en nuestra amistad y sin embargo me sigues amando. Por eso, sé que tu amor es inmenso, y por eso Señor yo creo en las palabras de San Pablo y creo que si el Padre Celestial, el Padre Dios, dio como regalo tu Santísima Pasión para perdón de mis pecados, yo sé que en ti Jesucristo está todo el amor, la salud, todo el perdón, toda la reconciliación, porque tú eres mi verdadero y gran amigo y que en ti puedo confiar todos los días de mi vida”. continua...