O012003a
Fecha: 20020112
Título:
Original en audio: 6 min 47 seg.
El sacerdote Elí se equivocó juzgando a Ana. Ana estaba atravesada de dolor y rezaba para sus adentros una y otra vez.
Hay que tener en cuenta que muchos judíos, no sé si todos, al rezar balancean el cuerpo. Ustedes habrán visto tal vez en las películas cómo ellos al rezar los salmos van haciendo como una especie de pequeña danza en el puesto.
A uno le desconcierta eso, uno no lo entiende; pero es porque van llevando el ritmo. La poesía hebrea no se basa en la similitud de las terminaciones como pasa en mucha de la poesía en español, sino se basa en el ritmo, y el ritmo se va llevando con todo el cuerpo.
Por eso Ana, que seguramente repetía especies de letanías insistiendo en su plegaria y que además no se le oía lo que estaba diciendo, parecía una persona bailando sola. Esto explica en parte el juicio tan duro pero errado que formuló Elí.
Elí juzga a esta mujer y la tiene por una mujer borracha, por una mujer perdida. Y entonces, pues la mujer le corrige a Elí y le explica que ella sí está ebria, pero ebria de dolor.
Y esto nos hace recordar otra ebriedad que también fue mal juzgada. En los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo segundo, cuando Pentecostés, también nos encontramos con que hubo gente que formuló un juicio equivocado.
Pedro y los Apóstoles salieron colmados del Espíritu Santo y empezaron a profetizar; oraban en lenguas al parecer, y la gente los vio y unos decían: "Están llenos de mosto" (véase Hechos de los Apóstoles 2 ). También ahí los calificaron de borrachos, porque estaban que cantaban, y que alzaban manos, y que alababan, y cantaban, y más cantaban; y dijeron: "Están borrachos" (véase Hechos de los Apóstoles" 2 )