Epif009a
Fecha: 20010107
Título: Epifanía, Fiesta de luz para recibir la manifestación del Hijo de Dios
Original en audio: 11 min. 22 seg.
Queridos Hermanos:
Como creo que todos ustedes saben, este Convento de Santo Domingo en Bogotá, es habitado en su mayor parte, por jóvenes religiosos que se preparan para servir a la Iglesia con el sacerdocio.
No están con nosotros en este momento los que tuvieron la idea de este Pesebre. Porque hay entre ellos quienes tienen inclinación especial por la Biblia, otros por la teología, algunos por las misiones, otros por el arte, la filosofía, la ciencia.
Nunca olviden, dicho sea de paso, orar por ellos, por nuestros frailes estudiantes, y también por nosotros, sacerdotes, que acompañamos académicamente y vocacionalmente el camino de ellos.
Pues bien, como tenemos artistas, se les ocurrió disponer este Pesebre así, más cerca que nunca del altar, y con el lugar para la proclamación de la Palabra, que se llama ambón, aquí, como en medio del Pesebre. Está uno predicando desde el Pesebre. Eso sí no me había tocado a mí en la vida.
En otras épocas, acostumbraban hacer el Pesebre en las naves laterales, pero la creatividad de ellos, esta vez nos ha presentado esta escena, que me resulta profundamente amable.
Porque el Pesebre se lo inventó, por inspiración divina, un gran Santo, Francisco de Asís, como una manera de predicar. Y desde que empezó esta bendita costumbre del Pesebre, estas imágenes están a su manera predicando, están proclamando el misterio de la humildad, de la ternura, de la cercanía, de la alegría de todo eso tan bello que significa la Navidad.
Y de aquí, del medio de este Pesebre, yo quiero repetir esa enseñanza de Navidad. Dios ha querido estar cerca de nosotros; abre sus brazos como el Niño Jesús; la imagen del Niño nos abre los brazos.
¿A quién no se le abre el corazón con los ojos de un bebé? Dios ha querido a través de este Niño, abrir nuestros corazones, para que nosotros recibamos una palabra fundamental, la palabra del amor de Dios manifiesto a los hombres.
La Navidad es la fiesta del nacimiento de Cristo, un nacimiento que sucedió como escondido. Testigos de ellos fueron los Ángeles y los pastores.
Pero Dios quiso, que en los comienzos de la vida terrena de su Santísimo Hijo, hubiera por decirlo así, primicias de esa gran cosecha de salvación, que Cristo iba a recoger de los cuatro puntos cardinales. Nosotros somos parte de esa cosecha.
Nosotros, que creemos en Cristo, que le adoramos, que nos entregamos a Él con lo mejor de nuestras fuerzas, hemos sido conquistados, no por la violencia de las armas, no por la prepotencia del dinero, no por la altivez que da el poder, sino por la sonrisa de este Niño, por la humildad de este Profeta, por la santidad de este Cristo, que desde el principio de su vida en Belén, hasta el final de su vida en Jerusalén sólo nos ha dado amor, amor, y más amor.