V021002a
Fecha: 19991206
Título: No impidamos que llegue a nosotros la salvacion, que el poder de la Palabra de Dios se cumpla plenamente en nosotros.
Original en audio: 26 min. 19 seg.
El tema principal de la Primera Lectura es el de un camino que se va abriendo, un camino que supone que los valles se rellenen, las cumbres se abajen, lo escabroso se haga llano, un camino del cual, dice esta Primera Lectura, no pasará por ese camino el impuro y los inexpertos no se extraviarán.
Es el camino para recibir la salvación de Dios, es un camino amplio, despejado, recto, para que Dios llegue, para que venga, para que pueda hacer su obra, ¿y que salvación es la que trae? También lo dice esta lectura, “se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un siervo el cojo y la lengua del mudo cantará”.(véase Isaías 35, 5).
Y así pasa hoy como en la mayor parte de las lecturas de adviento, que esto que estaba anunciado en la Primera Lectura, lo vemos cumplirse en la lectura del Evangelio, ahí donde se dice “el poder del Señor lo impulsaba a jurar” (véase Lucas 5, 17) y esa estrategia entre extraña y simpática de los amigos del paralítico, de abrir un hueco en el techo, en el fondo fue un modo de abrir ese camino, para poner al enfermo en contacto con Jesús.
Jesús es el que trae esa salvación abundante y estos amigos del paralítico, viendo los obstáculos, encontraron finalmente un modo de vencerlos, para que el enfermo quedara delante de Jesús y el enfermo delante de Jesús recibió los bienes de los que nos hablaba esa Primera Lectura “verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios” (véase Isaías 35, 2) eso fue lo que sucedió, “hoy hemos visto cosas admirables” (véase Lucas 5, 26) termina el texto del Evangelio de hoy.
“Vieron cosas admirables” sobre todo este paralítico que vio la obra de Dios en su propia vida, en el perdón de sus pecados y en la sanación de su enfermedad, así pues nuestro tema en este día, un camino que hay que abrir para que venga la salvación de Dios, pero si lo pensamos mejor, no es exactamente un camino que nosotros abramos, sino mas bien una serie de obstáculos que nosotros quitamos.
“Mirar a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará” (véase Isaías 35, 4) La salvación la trae El, no es que el camino propiamente lo hagamos nosotros, como el que se construye su salvación, lo que nosotros hacemos es quitar los obstáculos.
Así enseña en efecto Santo Tomás de Aquino cuando estudia esa maravilla de la obra de la gracia y de la obra de nuestra voluntad. La gracia es soberana, la gracia es la que opera la salvación, “a entonces yo puedo hacer lo que quiera porque Dios es el que me salva” tampoco es cierto, porque usted con su actitud no puede producir la salvación pero si puede impedirla, lo que a nosotros nos corresponde como criaturas no es salvarnos a nosotros mismos, “pues nadie puede salvarse a si mismo” (véase Salmo 49, 7) dice el Salmo y Jesús dice palabras semejantes en el Evangelio de Lucas cuando aquel rico amontonó y construyó gigantescos graneros, para luego dedicarse a comer y disfrutar.
No puedo salvarme, pero si puedo impedir mi salvación, está en mi mano ayudar a mi condenación, no está en mi mano producir mi salvación, pero lo que si puedo hacer con respecto a mi salvación es quitar los obstáculos.
La salvación la va a traer El, pero yo puedo y debo quitar los obstáculos ¿y cuales son los obstáculos? Si nosotros recordamos las palabras de San Pablo, “la fe viene de la predicación” y si recordamos las palabras del Evangelio en otro lugar, “todo es posible para el que cree” (véase Marcos 9, 23) vemos que los primeros obstáculos que hay que quitar son los que nos impiden acoger la Palabra, si nosotros quitamos todo obstáculo para tratar de recibir con el corazón en la mejor disposición la Palabra de Dios.
Nosotros no nos vamos a salvar a nosotros mismos, si no habremos quitado el obstáculo que nos impedía recibir la salvación que Dios nos regala, son cosas que se parecen pero son distintas, una cosa es quitar el obstáculo y otra cosa es salvarse uno, un ejemplo sencillo puede ayudarnos a quitar esta diferencia, si una persona está en el piso 15 de un edificio que se está quemando, ya tiene cerradas todas las vías de huida por el fuego y el humo, sólo se puede salir por la ventana, pues ya no puede salvarse esa persona a sí misma, y desde esa altura otra muerte es lo que le aguarda, pero si llegan los bomberos a ese piso y el hombre mantiene la ventana de su edificio trancada, pues es muy difícil salvarlo, el tiene que destrancar la ventana, tiene que abrir su puerta, pero el hecho de que él abra su puerta o su ventana no significa que el se haya salvado, porque con la ventana abierta tampoco iba a hacer nada si no vienen los bomberos, eso es lo que sucede aquí.
Estamos en una condición tal por el pecado original, por los pecados estructurales o sociales y personales, que estamos como en ese piso quince, y la pregunta es como quieres morirte, asfixiado, quemado o aplastado contra el suelo, no podemos salvarnos, pero lo que si podemos hacer es abrir nuestra ventana para recibir al Salvador, ese es en el fondo el mensaje. “abrir la puerta, abrir la ventana para recibir la salvación de Dios” y la primera ventana que hay que abrir, es decir, el primer obstáculo que hay que quitar es todo lo que pueda impedir que la palabra de Dios se apodere de mi.
Cuando la parábola del sembrador Jesús presenta distintos obstáculos contra la Palabra, son esos los obstáculos los que tienen que ser objeto de nuestra lucha, primero aquella semilla que cae al borde del camino y el enemigo el diablo se la roba y se la lleva para que no pueda aprovechar a la persona, pues de aquí podríamos sacar una serie de aplicaciones sobre obstáculos que hay que quitar, por ejemplo el vivir en el ruido continuo, el estar siempre distraído, el de replicar todo, estos son obstáculos que tienen que ver con la acogida de la Palabra.
Hay personas que disparan preguntas, yo he conocido dos por lo menos en mi vida, no para aprender sino para no escuchar, hay que aprender a acoger la Palabra, hay que saber que el orden en el que llegamos a entender no necesariamente es el orden en que a nosotros mas nos gustaría, luego está la superficialidad que Jesús describe con esa semilla que cayó en terreno de poca profundidad, pero sobre todo, está también esa multitud de preocupaciones, de afanes, de placeres de esta tierra que hacen que la Palabra no pueda penetrar, no pueda llegar a dar su fruto.
Los antiguos monjes conocedores de estas realidades proponían un método muy sencillo para asegurarnos que los obstáculos iniciales están superados, esta estrategia es, “memoriza, guarda en el tesoro de tu memoria textos de la Palabra de Dios, sobre todo aquellos que sientes que cuestionan mas que remueven más tu vida”.
Guarda en tu memoria aquellas palabras, especialmente aquellas palabras que sientes que te atraen mas, que te seducen o que te cuestionan mas, guárdalas hasta que las puedas decir de memoria, ¿Cuál era el principal oficio de aquellos antiguos monjes? Ese oficio manual, esos monjes del desierto tejían caña, hacían canastos, pero aún en medio de ese oficio manual había un oficio casi continuo de aprendizaje, memorización de la palabra, que yo pueda decir amplios textos de la Palabra de Dios, que yo pueda repetir la Palabra, con eso me aseguro que si ha llegado efectivamente a mi esa palabra, repetir textos.
Esto lo puede hacer casi cualquier persona en cualquier estado de vida. Tomo palabras y las voy diciendo de uno y otro texto, del Salmo, del Evangelio, de una Carta... y así me aseguro de que ese obstáculo ha sido completamente superado, es una cosa práctica que cualquiera de nosotros puede hacer, y es una escuela espiritual sólida.
Vale demasiado tener hoy la Palabra de Dios cerca de nosotros, leerla y memorizarla, todo lo que mas se pueda, de ese modo estamos abriendo esa calzada ¿para que? para que llegue la salvación de Dios ¿y cuando llega? El día, dice la tradición monástica, en que Dios visita con su luz, con su gracia, y abre el sentido oculto, podemos decir que ese aprendizaje de la Palabra de Dios es como el que guarda regalos en su cuarto o en su casa, llega el día en que Dios mismo viene y desempaca y desenvuelve esos regalos y muestra sus tesoros, pero si llega el Espíritu Santo y eso está vació y la bodega vacía, pues se llena de otras ocupaciones y de otros pensamientos, llega el Espíritu Santo y no hay nada que desempacar, entonces deja saludos y se va, porque no hay mucho que hacer.
No es que el Espíritu Santo sea tardo en visitarnos, El como decía un predicador laico, El es un Dios ganoso de darse, El quiere darse, quiere llegar, eso lo quiere El.
Nosotros nos preparamos para la visita del Espíritu Santo ¿Cómo? teniendo los regalos, cajas y cajas de regalos, hay que tener la casa llena de regalos, el día que llegue el Espíritu Santo, entonces ahí si tiene mucho trabajo el Señor y dador de vida, así le decimos, “Señor y dador de vida hoy si tiene trabajo, ayúdeme, desempaque, ¿que quiere decir esta palabra como es Jesús? recuérdeme las palabras de Jesús, lléveme a la verdad completa” esos son obstáculos que uno puede quitar.
Otros obstáculos que hay que quitar donde uno puede ver que estos textos son fuente de vida espiritual, son aquellas circunstancias en las que uno comete faltas o pecados, esto lo saben todos los confesores, evite la ocasión de pecar, identifique usted cuales son las circunstancias ¿Cuál es el patrón de circunstancias que rodea su pecado?
Quien le puede salvar del pecado es Dios, pero si usted vuelve a ponerse en las mismas circunstancias y en la misma ocasión y en el mismo cuadro exterior, lo mas probable es que se produzca el mismo cuadro interior, una persona en que tiene dificultad para guardar el ayuno, no debe pedir que se le asigne para guardián de la despensa, porque en esas circunstancias particulares harán que la persona difícilmente puede sobreponerse.
Sin embargo hay gente así, había una religiosa que tenía una fuerte tentación de gula, entonces ella decía para vencer de una vez esta tentación entonces se consiguió un poco de chocolates finos y los puso en una bombonera en su escritorio, yo no se si eso sería con el consentimiento de su director espiritual.
De modo pues que nosotros quitamos los obstáculos cuando evitamos las ocasiones, eso es supremamente sabio, pero hay que pedirle luz al Espíritu Santo para saber como aplicarlo.
¿Qué es evitar las ocasiones de pecado? eso no es tan fácil de saber, para los pecados mas voluminosos es mas fácil saberlo “tengo tentación de robar” “bueno entonces aléjese de donde haya plata” eso es fácil de saber, pero la cosa se vuelve mas sutil, se vuelve mas delicada cuando uno piensa por ejemplo en el trato interpersonal, ahí es mas difícil en saber como hay que evitar el pecado, por ejemplo en el caso de una persona que se confiesa “me confieso padre porque soy una madre de familia” bueno hasta ahí no hay pecado ¿y que le pasa con que sea una madre de familia? Que hay una hija con la que yo siempre discuto y vengo porque esa hija siempre me hace rabiar” ahí es donde uno como confesor queda como mirando un chispero ¿y ahora que se le dice a esta mujer?
Fíjese esa construcción, me disculparán ustedes, pero es típicamente femenina, “me acuso padre de que tengo una hija que me hace rabiar” se está acusando de su rabia de la hija? ¿Está acusando a la hija? ¿Qué está acusando ahí? ¿O se está acusando de tener esa hija? ¿O de no haberla sabido educar? Es muy difícil aplicar lo que estamos diciendo aquí, de evitar las circunstancias, en el uso de la palabra es difícil de evitar los pecados, es muy difícil, tanto que sabemos lo que advierte el apóstol Santiago sobre el uso de la palabra y dice “el que no peque con su lengua es un varón perfecto” (véase Santiago 3,2 ) ya ese se puede canonizar.
¿Cómo puede uno evitar las circunstancias que puede hacer uno para no faltar, para no pecar en esas circunstancias, cuando a uno le sucede eso, que peca que cae fácilmente en el dialogo con una persona, ahí es difícil. Recomiendan los psicólogos, ayudándonos un poco por esas ciencias, que uno intente todo el tiempo ser conciente todo el tiempo de lo que uno está sintiendo y cuando uno sienta que pierde control que no puede sostener la conversación con la objetividad, con la claridad, con el provecho, es mejor en esa sesión interrumpir, no de modo violento porque eso ocasionaría heridas en la otra persona y en mi, pero si interrumpir, disuadirse y disuadir al otro de seguir conversando cuando uno siente que no puede hacerlo de la manera apropiada, de la manera justa.
Otro consejo que yo veo que sirve es, en esas circunstancias es mejor no intentar ni echarle toda la culpa a la otra persona, ni echarse toda la culpa uno, ninguna de las dos cosas sirven, cuando dos personas se ha visto que no se entienden, como esa mamá y esa hija, no sirve ni que la mamá diga a la hija usted es una degenerada que no entiende que madre le dio Dios, eso no sirve, pero tampoco sirve que un día llegue la mamá y rostro en tierra le diga “hija perdóname todo” eso tampoco sirve, sobre todo en personas que conviven, personas que están cerca.
Tienen que ser muy sobrias en ese tipo de expresiones tanto en echarle la culpa a la otra persona, como en echarle la culpa así mismos, porque si la mamá llega un día y le dice a la hija “es que hijita usted sabe que a esta edad uno se vuelve impaciente, perdóneme todo hija, perdóneme” ese fue el último día que la mamá le pudo decir algo a la hija, y entonces si la hija por ejemplo estaba llegando a deshoras a la casa, ya la mamá no le puede decir nada porque de inmediato la hija dice “bueno entonces donde están las disculpas” se pierde la autoridad.
Por eso lo recomendable cuando hay tensiones así con otras personas, y esta es una ocasión frecuentísima de pecado, sobre todo en la gente que está aspirando a una vida mas perfecta, lo mejor es, ni humillarse tanto, ni aplastar tanto a la otra persona, ninguna de las dos cosas sirve, eso de estar uno detrás del otro como un perrito faldero, “discúlpeme” “perdóneme” eso no sirve, gente que anda junta, gente que convive, que es la que mas pelea, porque uno no pelea, yo no he visto, no he sabido que ustedes estén de pelea con los birmanos, con los tailandeses, con esos uno no pelea, uno pelea con los que están cerquita.
Cuando uno está cerca, tiene uno que tener sobriedad, no se exceda ni en los ataques ni en las humillaciones, mantenga el conocimiento de su propio estado emocional, propicie a veces el diálogo y reciba a veces el diálogo, es decir, parece que la norma mas práctica es, toda relación de personas que conviven debe tener cierta simetría, que quiere decir simetría? no puede ser sólo de un lado, no sea usted la persona que siempre busca a la otra persona, y no sea usted la persona que siempre rechaza a la otra persona, la cosa tiene que ser simétrica.
¿Qué quiere decir eso? que sea usted una persona que a veces propicie la conversación, pero no todas las veces, espere usted también, estoy hablando de las condiciones normales, sin entrar aquí en casuística sobre las disciplinas, los horarios y las demás cosas, pero sea usted una persona que propicie a veces la conversación y a veces espere que la otra persona la inicie, sea usted una persona que a veces se disculpa con sobriedad y sea una persona que sabe entender la debilidad del otro, también con humanidad y misericordia.
Tener un cierto conocimiento o mejor, un profundo conocimiento de las propias emociones y un cierto conocimiento de las emociones del otro, el deseo sincero de darle la gloria a Dios, mantener equilibrio y sobriedad, ni demasiado alto ni demasiado bajo, un poco de simetría, claridad en las palabras.
Este conjunto que ya no resultó tan sencillo, es lo que significa quitar obstáculos, en no ofender a Dios en el trato con las otras personas.
Todos estos pensamientos me los inspira el profeta Isaías cuando dice “levantemos los valles, que bajemos las cumbres, que lo escabroso se iguale, que abramos una calzada para que la salvación de Dios se experimente”
Venga el amor de Dios, venga su Espíritu a fortalecer con su luz estas palabras, que nos ayude, porque nos llamó a una vida santa y que el poder de su palabra se cumpla plenamente en nosotros.