N31d005a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20021231

Título:

Original en audio: 10 min. 37 seg.


Hermanos:

Acabamos de escuchar el comienzo del evangelio de Juan. Este texto, estos dieciocho versículos primeros del evangelio, se suelen llamar el prólogo del evangelio de Juan.

Se trata de una reflexión, se trata de una meditación, pero también se trata de una especie de himno, es casi un canto de alabanza, de contemplación del misterio más profundo que hemos podido conocer sobre Jesucristo. Verdaderamente, aquí se cumple lo que dijo el mismo Jesús en una ocasión: "Dichosos nuestros ojos, porque ven; y nuestros oídos, porque pueden oír estas palabras" (véase San Mateo 13,16).

¡Qué mensaje tan profundo el que nos da este prólogo de San Juan! Solemne, sencillo, bello, nos ayuda a adorar. Estamos terminando la Octava de Navidad. Los ecos de la noche de Belén están vivos. Y esa noche y ese día de Navidad, que es el día de adoración, adquiere una fuerza especial, una belleza particular, si tomamos las palabras de San Juan.

Qué tal aplicar al pesebre y al Bebé, al Niño Jesús, esto que hemos oído: "Y la palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad" (véase San Juan 1,14). Pues bien, hermanos, ahí está ese texto como una escuela de amor, profundización y adoración del misterio de Cristo.

Yo hoy quiero compartir con ustedes alguna reflexión sobre una partecita de ese himno, de ese prólogo de San Juan. Porque no podemos comentarlo todo. Hay gente que ha escrito libros enteros, basándose en esto que hemos oído hoy,porque es sumamente profundo y sumamente hermoso.

Quiero referirme a ese versículo que dice: "A cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre" (véase San Juan 1,12); "a cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios" (véase San Juan 1,12). Esta es la otra cara del misterio de la Navidad.

En Navidad estamos celebrando a Dios en nuestra carne, estamos celebrando que el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre, tomó nuestra naturaleza. Pero ahora este prólogo nos enseña la otra cara: que nosotros, los hijos de los hombres, podemos recibir la naturaleza de Dios, podemos ser transformados en hijos de Dios.

Una cara de la Navidad es que el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre; pero la otra cara es, que los hijos de los hombres, todos nosotros, podemos llegar a ser hijos de Dios. Y estos dos aspectos hay que mirarlos en su maravillosa complementariedad.

La encarnación de Cristo y la transformación, la deificación del ser humano. Son dos misterios paralelos, complementarios, que hay que mirarlos así como los mira el prólogo de San Juan, reunidos, juntos. Podemos decir, Dios se hizo hombre para que el hombre llegara a ser como Dios.

Y hay una cosa muy interesante, si nosotros nos devolvemos al comienzo de la historia de la salvación, allá en el libro del Génesis, recordamos cuáles fueron las palabras que utilizó la serpiente, es decir, Satanás para tentar a la mujer y a través de ella al hombre, es decir, a toda la especie humana.

Cuando quería incitar a la mujer a que desobedeciera a Dios, porque ahí estaba la parte principal de ese pecado original, cuando quería invitarla a que desobedeciera a Dios, le dijo: "Lo que sucede es que se les van a abrir los ojos a ustedes y van a ser como dioses " (véase Génesis 3,5). Movida por esa incitación, la mujer se atrevió a transgredir lo que Dios le había dicho.