O273001a
Fecha: 20001011
Título: Fidelidad a la Iglesia
Original en audio: 18 Min. 59 Seg.
Vamos a tomar para nuestra reflexión del día de hoy la primera lectura de la Carta a los Gálatas que está tomada del capitulo 2 y es un retrato bastante completo, podríamos decir, de aspecto de la vida cotidiana de aquellos primeros creyentes.
Hay una infinidad de cosas, una inmensidad de datos que están metidos en estos versículos; son los versículos 1, 2 y del 7 al 14.
Es tanto lo que tiene esto aquí que yo creo que no voy a alcanzar a decirlo. Eso tiene muchísimo contenido. Es una descripción de la que podemos aprender mucho.
Resulta que Pablo se convierte en Damasco, había sido enviado por los Sumos Sacerdotes, y él una vez convertido, según esta Carta a los Gálatas, sin pedirle permiso a nadie, empezó a predicar. Él se sintió autorizado por su experiencia de Jesucristo resucitado, para dar testimonio de que este Cristo es el Mesías.
Primer dato del día de hoy: "subía a Jerusalén" (véase Carta a los Gálatas 2,1). ¿A qué va Pablo a Jerusalén? Ya tenía buenos frutos como predicador, como Apóstol, ¿a qué va a Jerusalén?
Dice más adelante: "que les expuso el Evangelio que predica a los gentiles" (véase Carta a los Gálatas 2,2). "Aunque en privado a los más representativos" (véase Carta a los Gálatas 2,2-4); a los más importantes les habló de lo que él predicaba.
"Por si acaso mis afanes de antes eran vanos" (véase Carta a los Gálatas 2,2). Eso es importantísimo, o mejor dicho, fundamental para entender lo que es la unidad de la Iglesia.
La unidad de la Iglesia no está en la elocuencia, ni en la inteligencia, ni en los milagros, ni en el que más trabaje; la unidad de la iglesia requiere de la unidad con esos, los que en ese momento estaban ahí en Jerusalén, los más representativos, y luego en otra ocasión los menciona: habla de Pedro, Santiago y Juan.
Va allá, se encuentra con ellos y les dice: "yo estoy haciendo esto". ¿Es simplemente un informe? No, dice: "por si acaso mis afanes eran en vano" (véase Carta a los Gálatas 2,2). Esto no es un simple informe. Es ir, en cierto modo, a pedir una aprobación, a recibir una luz. Y esto está haciendo Pablo que era quien era.
Es muy grande esa enseñanza, es necesaria la comunión no sólo con el Espíritu Santo, no sólo con las grandes e ilustradas ideas, es necesaria la comunión con esos hombres, con esos testigos.
Yo creo que de ahí se puede deducir eso que se dice en la Constitución de nosotros los Frailes Predicadores: "la unidad esta en la obediencia".
No se puede guardar la unidad sin la obediencia. Es necesario ver que lo que yo predico encaja, concuerda, empata, recibe aprobación.
Y esto dice tal vez uno de los hombres más santos, más iluminados, más carismáticos, más espirituales de todos los tiempos. O sea que esto es fundamental: la relación con personas reales. Bueno, pero estamos demasiado derechista en esta predicación.
Dice el Apóstol Pablo: "Subí por una revelación" (véase Carta a los Gálatas 2,2) . Otro dato, y este dato está también muy importante. ¿Qué tal eso?
Decía Fray Thimoty, el Maestro de la Orden: "bueno, ¿y si llegaran a nuestra Orden los santos a pedir posada, o a pedir que los admitiéramos?.
La Orden hoy no tiene cómo recibir a gente tan incómoda como Jerónimo Sabonarola, que no es santo, o no sabemos, pero hay muchas gente que sí lo cree y yo me estoy como pasando a esa opinión.
¿Recibiríamos a un Sabonarola? ¿Cabe en la Orden Dominicana una Inés de Montepulciano, con su manera de obrar, de actuar, con sus acciones proféticas? ¿Cabe, o pronto la sacamos? ¿Cabe una Catalina de Siena, o no?
Un padre, predicando sobre Catalina de Siena, que ustedes saben que eso es como tocar la niña de los ojos de este servidor, decía que no, que Catalina de Siena estaba probado que era histérica. Histérico se iba poniendo era Fray Nelson, que tuvo que hacer un acto particular de fe, en esa celebración eucarística.
Démonos cuenta de eso. Entonces sí, único en la institución, la obediencia, la jerarquía. "Y yo soy el superior, y el Consejo dispuso, y el Capítulo hizo, y por lo tanto nuestras leyes afirman...." ¡Muy bonito toda esa estructura! Pero fíjese que esta es una Iglesia que es estructurada, que aparece estructurada, pero que a la vez es abierta a las revelaciones, a lo inesperado.
¿Cómo conjugar esa dos cosas? Pues fíjese que no hay formulas absolutas, pero yo creo que los verdaderos santos han sido gente así.
Santo Domingo no aparece riñendo con la jerarquía, pero tampoco aparece cerrado al paso del Espíritu, a lo extraordinario, a lo sobrenatural, si lo queremos llamar de esa manera.
Por eso digo, ese es nuestro segundo dato: "subí por una revelación" (véase Carta a los Gálatas 2,2). Subió a Jerusalén, que en ese momento era como el epicentro de lo institucional. "Y subí por una revelación" (véase Carta a los Gálatas 2,2); como quien dice, por una manifestación que tiene poco de institucional y que tiene todo como de carismático.
Luego viene una cosa muy simpática, y es que el mismo Pablo, con todo lo que lo queremos y lo admiramos, el mismo Pablo hace su diagnostico de la situación: "Vieron que Dios me ha encargado el anunciar el Evangelio a los gentiles, o a Pedro de anunciarlo a los judíos" (véase Carta a los Gálatas 2,8).
Pues esa es la versión de Pablo, porque si uno mira los Hechos de los Apóstoles, uno ve que eso no es tan completamente así. El primero que anuncio el Evangelio a los gentiles fue Pedro.
En el capitulo décimo, cuando la cuestión aquella, que eso fue también otra revelación, que venía un gran tapete, un gran manto que traía una gran cantidad de animales, y luego volvía y subía. Y bueno, toda la historia aquella que llevó a Pedro a descubrir que el Señor no les pedía a los gentiles que guardaran las observancias judías.
Los no judíos no estaban obligados a eso. El primero fue Pedro. O sea que este es el diagnóstico que hace Pablo, esta es la versión que da Pablo de los acontecimientos, pero el primero que predicó eso fue el Apóstol Pedro.
Y efectivamente, en el Concilio llamado de Jerusalén, cuando se reúnen para discutir esta cuestión, Pedro toma la palabra y dice: “Vosotros bien sabéis cómo desde el primer momento Dios me eligió para que por mi boca oyeran los gentiles el Evangelio" (véase Hechos de los Apóstoles 15, 7). O seas que ese dato también es interesante.
Esa distribución de que Pablo para los gentiles y Pedro para los judíos, esa es la versión que da San Pablo del asunto. Pero eso no es completamente cierto, porque ya vemos que Pedro, que aquí aparece en las palabras de Pablo como encargado de confirmar a los judíos convertidos al cristianismo, ese mismo Pedro aparece en los Hechos de los Apóstoles como encargado de confirmar a otros que no eran del judaísmo.
Por ejemplo, cuando va allá a imponer las manos a los que habían sido bautizados por el diacono Felipe. Allá estuvo Pedro confirmando; llevó el Crisma y les dio la confirmación a esos samaritanos. Ya habían sido convertidos, ya habían sido bautizados; no eran judíos, eran samaritanos; y fue Pedro el que los confirmo en la fe.
Esto para decir que la versión de Pablo no es una versión completa sobre el ministerio de Pedro; tenía efectivamente una misión de confirmar en la fe, y así lo ejerció no sólo para los judíos, sino también para los convertidos fuera del judaísmo.
Bueno, se pusieron de acuerdo en que Pablo y Bernabé seguían para los gentiles, y que Pedro y los demás para los judíos.
Otro versículo sigue ahí: "una cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres" (véase Carta a los Gálatas 2,10). Esto también es interesante, otro dato que nos sirve. La solidaridad atraviesa todos los aspectos de la vida humana. No es solamente comunión de oración. Bueno, oramos los unos por los otros, eso esta bien, pero que circulen los cheques, tiene que ir siguiendo la solidaridad en todos los aspectos.
Y así hizo Pablo, rindió una cantidad de pólizas y CDTs de todo el Mediterráneo, se la llevo a Jerusalén, y les dijo: "esto es para los pobres". Y esa es la famosa colecta que habla Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, sobre todo, y de esa colecta se habla mucho en el Nuevo Testamento.
Él hizo una gran colecta, gracias a Dios, no lo atracaron, no lo robaron, no le quitaron ese poco de plata; pudo llevar ese dinero a Jerusalén.
Lo grave del caso fue que cuando llevó ese dinero a Jerusalén allá lo apresaron y duró un tiempo allá, como cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Pero, la enseñanza que quiero destacar es que esta es una Iglesia que tiene conciencia de que la comunión y las comunidades atraviesan todos los aspectos de la vida. Se dan la mano, intercambian oraciones, se dan consejos; los unos les predican a los otros, pero también está la solidaridad, está la comunión en los pobres.
Así como se comparte el tesoro de la Palabra, el tesoro de la Eucaristía, el tesoro de la oración; hay que compartir ese tesoro que son los pobres.
Todas esas son presencia de Cristo: Cristo en la Palabra, Cristo en la Eucaristía, Cristo en los pobres. Hay que compartir a Cristo; Cristo es el bien que todos nosotros compartimos en la Iglesia y hay que compartirlo con diversas expresiones.
Y ultimo dato, para no prolongarnos demasiado, está ese momento en que tuvieron que corregir al Papa. Ahí hubo que decirle: "bueno, usted empezó a simular" (véase Carta a los Gálatas 2,13). Pedro, tal vez llevado, como hemos dicho, por ese encargo de confirmar a todos en la fe, pues siempre existe el riesgo de que el poder se convierta en diplomacia.
Ese riesgo existe, tratar de estar de acuerdo con todos, no pelear, entonces a ustedes les digo que sí y a los otros también que sí; y si alguien alega, pues se le dice: "tiene toda la razón". Y así todo está tranquilo, todo el mundo contento, todo el mundo en su sitio; nadie pelea con nadie. Eso no sirve.
Eso no sirve, porque aquí puede aparecer un Pablo que diga: “bueno, si usted siendo Santandereano -aquí es judío- si usted siendo judío vive a lo gentil y no a lo judío, entonces por qué quiere judaizar a los gentiles?" (véase Carta a los Gálatas 2,14), ¿por qué quiere llevarlos a eso?
O sea que de ahí nos surgen otros datos. Mire, ya Cristo había muerto y había resucitado. El día de la resurrección sopló y envió el Espíritu Santo, se le había aparecido particularmente a Pedro, había rezado por Pedro, ya antes le había dicho: "yo he rezado por ti para que tu fe no desfallezca" (véase ).
Qué no había hecho por Pedro, luego le mandó el Espíritu Santo, luego le mandó un Ángel que lo sacara, pero Pedro todavía no era perfecto, eso quiere decir que nosotros tenemos chance también.
Por que a nosotros hay montón de cosas que no nos han hecho, Dios no nos ha mandado el Ángel que nos saque de los cuatros piquetes de soldados; todavía hay cosas que no nos han hecho, o sea que todavía hay chance.
Dios da oportunidades, todavía aquí esta Dios convirtiendo a Pedro, vea, este es el último dato que tenemos. Aunque la tradición cuenta esa famosa anécdota del Quo Vadis.
Cuando estuve en Roma, yo dije: "tengo que ir a ese lugar donde Pedro se arrepintió". Ustedes saben que Pedro vio que la cosa se estaba poniendo muy, muy cruel; estaba "color hormiga"; Dijo: "yo más bien dejo la cosa tranquila y me voy saliendo"
Dice la anécdota que entonces se le apareció el Señor, y Pedro con esa cara de buena persona, le dice, "bueno, ¿y a dónde vas?" Y le dice Cristo: "a Roma a que me crucifiquen de nuevo", entonces Pedro, que ya iba lejos, entendió el mensaje.
Hasta el final Pedro estuvo convirtiéndose. Claro que cada vez la embarraba menos, fíjese: no era tampoco "corcho en remolino" que quedara en el mismo cuento; cada vez la embarraba menos.
Yo creo que eso tiene que darle a uno cierta esperanza. Cierto, uno no debe ser conchudo, no debe aprovecharse de la misericordia de Dios; no debe maltratar, menospreciar la misericordia de Dios, pero sí debe contar con ella.
Fíjense, Dios le dio todas esas oportunidades a Pedro, entonces yo dije: "como yo tengo también algo de Pedro, yo he traicionado tanto al Señor, yo debo ir a ese sitio donde Pedro se arrepintió". Pero luego vi el mapa y dije: "eso estaba muy cruel, eso estaba bastante lejos de donde yo me encontraba.
De manera que hice acto profundo de arrepentimiento en otras basílicas, pero no fui a ese sitio, porque estaba bastante lejos, para qué les digo mentiras; hasta allá no fui.
Pero sí me di cuenta de lo grande que es esto: “tuve que corregir a Pedro” y Pedro, por lo visto, aceptó la corrección y entonces ya luego se organizó de otra manera.
O sea que también, por más que el superior tiene el encargo de confirmar en la fe y de reorganizar tantas cosas, también hay que corregir. Si hay que corregir al Papa, pues creo que, consiguientemente, habrá que corregir también a otras personas.
De pronto haya que corregir a un Provincial, de pronto haya que corregir a un capellán, de pronto haya que corregir a una priora. Si hay que corregir a una serie de personas, de pronto hay que hacerlo. Hay que hacerlo de una manera valiente, pero de una manera también humilde, abierta en el nombre del Señor, eso también hay que hacerlo.
¿Para que? Pues para que nosotros no pensemos que nuestros superiores, a pesar de todo lo que los queremos, son perfectos, son ideales, no, también ellos tienen que seguir en su proceso de conversión.
Como se ve en este retrato del capitulo segundo de los Gálatas, eso es maravilloso, yo sólo puedo invitarles a que vuelvan nuevamente sobre él.
Lean, descubran una Iglesia real, con problemas reales, no idealicemos tanto a los primeros cristianos. Que se oye por allá: “los primeros cristianos...”, no señor, hubo una gran cantidad de gente que no dio testimonio de Cristo.
No pensemos que cuando se desataban esas persecuciones todos iban al martirio. No. Hubo una cantidad de gente que no, que simplemente le daba miedo y que decían: "no mejor que digan aquí corrió, que aquí murió"; "y no, mejor yo me espero a la otra persecución".
O sea que no todo el mundo era tan perfecto. No idealicemos esos tiempos. Desde el principio la Iglesia, profundamente humana, tiene sus miserias tiene sus grandezas, tiene la presencia de Dios.
Dios va obrando, va transformando, va santificando y también caemos. Somos débiles y no nos entendemos, pero Dios saca adelante su obra.
Con esta Eucaristía, con la que se edifica y alimenta la iglesia, pidamos al Señor que nos dé amor concreto a esa Iglesia.
Así como es concreta, tangible la presencia de Cristo en la Hostia Santísima, así también sea nuestro amor a la Iglesia: un amor concreto, a las personas concretas con sus defectos y posibilidades.
Amén.