Sest005a
Fecha: 2001226
Título: La cruz sin la gloria es imposible; la gloria sin la cruz es imposible
Original en audio: 7 min. 13 seg.
La oración del comienzo de la Misa, la oración Colecta de hoy, destaca la virtud más grande de Esteban. Él amó a sus enemigos y en esto nos presenta una semejanza, podríamos decir, al pie de la letra, con el ejemplo que nos dio el mismo señor Jesucristo.
Porque las palabras de Esteban al morir, en su agonía y e su muerte, son prácticamente las mismas palabras de Cristo. Muere Esteban diciendo: “Señor Jesús recibe mi espíritu”. (véase Hechos de los Apóstoles 7,59).
Así como Jesús entre sus últimas palabras le había pedido al Padre que recibiera su espíritu; y así como Jesús oró diciendo: "Perdónalos por que no saben lo que hacen" ( véase San Lucas 23,34), así Esteban murió prácticamente diciendo: "no les tengas en cuenta este pecado" (véase Hechos de los Apóstoles 7,60).
Es decir, hay una grandeza de alma en este mártir, en este Esteban. Y esto yo creo que es un gran testimonio y es una gran enseñanza para nosotros, porque la experiencia que muchas veces nosotros tenemos es que el perdón no es posible, aún en cosas mucho más sencillas.
Esteban recibió odio, odio a borbotones, violencia sin medida y de su corazón salió amor. Me parece que nosotros recibimos ofensas mucho mas leves, indudablemente más leves, y sin embargo el perdón se aplaza, sin embargo el resentimiento permanece, la desconfianza echa raíces. Esto lo digo no solamente refiriéndonos a quienes estamos en este momento aquí, aunque algo de eso tendremos, sino me refiero, por ejemplo, a la condición de nuestro país.
Si nosotros vemos, la historia de nuestro país es una sucesión de venganzas y como es de afortunada la frase de: Mahatma Gandhi “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”. Y eso es lo que vemos, por ejemplo, en Colombia, que la sucesión de venganzas hace que cada uno tenga una razón para matar. Y si le preguntamos a Marulanda ¿por qué?, Él cuenta su experiencia de niño y la violencia que vio y tiene a su manera una razón para matar.
Y si le preguntamos a Castaño, ¿Por qué? Él dice la historia de gente asesinada en su familia y cree que también tiene una razón para matar. De manera que si hay un martirio que nos impresiona y que podemos relacionarlo con las situaciones del mundo pues yo creo que es este. Por que esto no es sólo cuestión de Colombia.
Ya las cifras, en este momento ya las cifras de muertos inocentes en Afganistán, ya superan las cifras de los muertos en las torres gemelas por ese atentado. Es decir, no cabe duda de que hay un hambre de venganza; vamos a destruir el país que nos hizo daño, es un ojo por ojo que en este momento significa miles de vidas a cambio de miles de vidas, es decir la venganza, el resentimiento, la incapacidad de perdón están profundamente enraizadas en el corazón.
Desde la persona que dice: “yo no vuelvo a saludar a mi primo fulano, o yo no vuelvo a saludar al padre tal” , hasta la persona que dice: “yo tengo que producirle a Afganistán por lo menos cinco mil muertos.” Es el mismo espíritu, es al mismo fruto, es la misma flor nacida del mismo corazón.
Y por eso uno se acerca con humildad por que uno se ha equivocado mucho y uno se ha demorado en perdonar, uno se acerca con humildad, con desconcierto, con cierta confusión podríamos decir, confusión interior por nuestra incoherencia, por que cristianos somos, uno se acerca al ejemplo de Esteban y encuentra la clave para ese perdón.
El relato que hemos oído es un relato que tiene un orden, tiene un determinado orden y ese orden es el siguiente: Esteban contempló primero la gloria de Cristo. Es la gloria de Jesucristo la que hace posible asumir la cruz de Cristo.
La cruz sin la gloria es imposible; la gloria sin la cruz es imposible; es la cruz gloriosa y es la gloria en la cruz. Así es posible el perdón.
Lo primero que nos dice hoy la lectura, de hecho es eso: Esteban, lleno da gracia y poder. Estamos ante un kejaritomenos, un lleno de gracia, lleno de gracia, un hombre que ha experimentado el regalo del amor y que ha experimentado el poder del amor. Esas son las dos experiencias que le abren los ojos a él para asomarse a la gloria de Jesucristo.
Se recomían por dentro, rechinaban los dientes de rabia. Ciertamente no era una mueca que le hacían, ciertamente no era una burlita; ciertamente no era, no era un chiste flojo, no era una risita, era rabia y deseo de matarlo y lo mataron efectivamente, pero dice aquí una vez más: "lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios. (véase Hechos de los apóstoles 7,55-56).
Yo creo que ahí está la clave: "fijó la mirada en el cielo" (véase Hechos de los Apóstoles 7, 55). Él no se concentró en los ojos llenos de rabia, él no se concentró en la ofensa, él no se concentró en la burla, no regaló sus ojos a quienes lo estaban ofendiendo, le regaló sus ojos a Jesús y Jesús le regaló el corazón a él y así fue posible el perdón.
Qué lección hermosa y grande para nosotros. Que la gloria de Dios nos invada, el Espíritu llegue a nosotros y Colombia y el mundo reciban el testimonio de San Esteban mártir.