Inma011a
Fecha: 20061208
Título: La Inmaculada Concepción de María, una Fiesta en la esperanza
Original en audio: 10 min. 51 seg.
Hermanos Queridos:
Esta es una Fiesta en la que sobresalen tantas cosas, tantas virtudes, tantas gracias, tanta belleza. Pero yo quiero destacar en todo ese jardín de cosas hermosas que nos trae la Inmaculada, dos palabras: la palabra ternura y la palabra esperanza.
Y empiezo con la esperanza. En esta Fiesta estamos celebrando, no solamente lo que María fue; estamos celebrando lo que nosotros seremos. A Ella la saludamos hoy, llamándola Inmaculada; pero ese es el saludo que la Biblia tiene también para nosotros cuando dice: "Dios nos llamó para que fuéramos santos e inmaculados en su presencia por el amor" ( véase Carta a los Efesios 1,4 ). Otra traducción dice: "Irreprochables a sus ojos" (véase Carta a los Efesios 1,4 ).
Somos llamados a ser inmaculados, y el mismo Dios, que por el poder de su Espíritu guardó de la pena del pecado original a María, nos liberará de la culpa de nuestros propios pecados, porque el Dios que venció al pecado en María, vencerá al pecado en nosotros.
Venció al pecado en María, no permitiéndole que tuviera poder en Ella; vencerá al pecado en nosotros, retirándole el poder que el pecado ya ha tenido. Como hermosamente decía el lema de una comunidad religiosa: Dios a unos salva levantándolos, y a otros no dejándolos caer.
Y María la celebramos hoy como salvada. Este es un terreno de continua discusión con los cristianos no católicos. Ellos dicen: "Bueno, si María es Inmaculada, si María nunca cometió pecado, ¿de qué la salvó Dios? Entonces Ella no necesitaba ser salvada". Ese es un modo muy pobre de argumentar, con todo respeto. Porque precisamente, Dios a unos los salva levantándolos, y a otros no dejándolos caer.
Si voy caminando por la calle, hay una alcantarilla que no tiene su tapa, es un peligro; lamentablemente nadie ha puesto ningún aviso, yo voy caminando distraído, estoy a punto de irme por ese hueco, y alguien me da un grito, y me dice: "¡Ay! ¡Cuidado!" Me salvó. Y no fue porque me cayera, sino porque no me dejó caer. ¡Me salvó!
María es salva. María es salvada por el poder del amor de Dios. María es redimida. Nosotros, Iglesia Católica, nunca hemos negado eso. Y el mismo Dios que la salvó a Ella, evitando que el pecado tuviera poder en Ella, es el mismo Dios que nos salva a nosotros, retirando el poder que el pecado ha tenido en nosotros; es el mismo y único Dios.
Y si por ahora, oficialmente por lo menos, sólo llamamos Inmaculada a la Virgen, pues ser inmaculados y ser inmaculadas, será nuestra carta de ciudadanía en los Cielos. Porque "en los Cielos no cabe que entre nada impuro ni manchado", dice el libro del Apocalipsis ( véase Apocalipsis 21,27 ).
De manera que hoy estamos saludando no sólo a la santidad de María en el pasado, sino estamos saludando a nuestra santidad en el futuro. Esta no es una Fiesta que se queda mirando al ayer. Esta es una Fiesta que nos lanza hacia el mañana junto a Dios, y en ese sentido es una Fiesta en la esperanza. Somos llamados en la esperanza, mis hermanos, a celebrar lo que Dios quiere realizar en nuestras vidas.
Pero la otra palabra es la palabra ternura, una palabra difícil de pronunciar en el mundo de hoy, especialmente, difícil de pronunciar en esta ciudad de Nueva York, que destaca por su rudeza.
Quizá es un exceso de prejuicio que muchas personas tienen con Nueva York. Tal vez no es la ciudad más dura o más agresiva, pero la fama la tiene. Y a juzgar por algunas cosas que encuentro cada vez que paso por aquí, como que hay razones para afirmarlo. No es la ciudad de la ternura, en todo caso.
Es difícil pronunciar la ternura allí donde tantos rostros duros, y donde tantos codos duros, y donde tantas miradas duras, y donde una manera tan dura de conducir, son el pan de cada día. Y uno se pregunta, ¿qué sentido puede tener la ternura, cuando a veces la selva de cemento nos vuelve tan duros?
Y sin embargo, yo les invito hoy, mis hermanos, allí, desde el corazón de Nueva York, desde el corazón de este siglo veintiuno, a que acojamos con amor la ternura que tiene esta Fiesta, porque el ser humano también necesita esa ternura.
Además, Dios dice que esa ternura es importante, porque ustedes recuerdan lo que anunció por boca el Profeta Ezequiel: "Yo les quitaré corazón de piedra, y les daré corazón de carne" ( véase Ezequiel 11,19 ; 36,26), que puede también ser traducido: "Yo les quitaré ese corazón agresivo, y les daré un corazón capaz de ternura".
¿Por qué es importante la ternura? Porque el corazón de piedra no siente. Para sentir, uno tiene que ser susceptible de ser afectado, uno tiene que poder recibir el impacto del otro. Ser tierno es poder recibir el impacto de otro.