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Amados hermanos, la primera lectura está tomada del profeta Isaías en el capítulo 49, y es una visión profética del retorno del destierro. Recordemos que en el libro del profeta Isaías se pueden distinguir varias partes: hasta el capítulo 39 hay un cierto lenguaje y unos temas; a partir del capítulo 40 empieza un estilo diferente que llega más o menos hasta el 54 o 55, y de ahi hasta el final hay otro estilo y otros oráculos.
Por eso hay unos que hablan de el primer Isaías, del segundo Isaías y del tercer Isaías, es decir que esta lectura de hoy pertenece al segundo Isaías, que es una de las porciones más bellas del Antiguo Testamento, porque está lleno de cantos de esperanza, de alabanza y de consuelo, por todas las obras que Dios realiza, especialmente por una obra muy grande que es devolver a los judíos a su tierra después de que habían sido sacados por Nabucodonosor, lo que se llama el destierro Babilonia. Entonces el tema principal de segundo Isaías es cómo Dios va a manifestar de una manera única su gloria devolviendo a los judios a su tierra.
Con esto claro en nuestra mente, podemos comprender mejor qué es lo que se nos cuenta aquí. Dice la lectura: Te he defendido y constituído alianza del pueblo para restaurar el pais, para decir a los cautivos; salid, a los que estan en tinieblas: venid a la luz; esos cautivos eran los que estaban cautivos en Babilonia y los que estaban en tinieblas eran los que habían sido desterrados a Babilonia.
¿Cómo podemos aplicar este texto a nuestra vida? ya entendemos que el tema general es que los judios estaban desterrados y que el profeta ve hacia el futuro que Dios los va a recuperar y los va a devolver a su tierra, y esa es una gran alegria. Es muy interesante ver la descripción tan poética, tan primorosa que hace el profeta describiendo ese camino de vuelta. Por ejemplo dice aquí: por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas, no les hará daño el bochorno ni el sol.
Pero cuando uno mira dónde quedaba Babilonia y dónde queda Jerusalén, el camino es espantoso, es un desierto terrible; pero fíjate en la visión tan positiva que da el profeta; aquí veo yo una enseñanza para nosotros: la vida esta llena de cosas duras como este desierto, pero cuando una va camino de Jerusalén lo duro se vuelve amable; cuando uno va para la casa, cuando a uno lo han sacado de la cárcel y va para la casa, descubre toda la belleza del camino que no es sino la belleza de la meta que uno espera.
Y esto se puede aplicar a cosas tan sencillas como la persona que sale del trabajo y tiene que meterse en un bus o buseta o transmilenio lleno de apretujones, seguramente de pie, cuidando que no le vayan a robar nada, va cansado, va sudado, pero va para su casa. Qué distinto es el que va para la casa al que no tiene a donde ir. El primero, pasa por encima de las incomodidades, estrujones y peligros porque ya le parece sentir la voz del hijo que lo va a saludar, el abrazo de la niña de sus ojos, el beso de su esposa, se siente feliz. Ya esta cerca, ya va a llegar y por decirlo de alguna manera no siente el camino, aunque es duro.
Pero pensemos en otra persona que va para el trabajo en ese mismo bus y tiene que hacer todo ese recorrido y no va para la casa sino va a trabajar, este siente mucho mas duro el camino. Y el que no tiene a donde ir, este siente muchísimo más duro ese camino.
La vida nuestra es el camino, y Jerusalén nuestra casa es el cielo; y por eso hay gente que vive quejándose, vive sufriendo y vive amargada: Ay esta vida mia! Y otro que vive en la misma casa o en la casa del lado tiene que pagar el mismo arriendo, tiene que sufrir las mismas incomodidades, las mismas inseguridades, vivimos en la misma ciudad, en el mismo mundo, pero hay dos maneras de vivir: una es vivir solamente mirando el camino: ¡qué porqueria de desierto, qué calor tan horrible, qué cantidad de moscos! ese está mirando sólo el camino. Isaías nos invita a mirar la meta, el que va enamorado de la meta, y que ya siente que va a llegar a Jerusalén; el que siente que ésa es su casa no siente el calor, ni el hambre ni la sed.
Este es un mensaje muy grande porque ustedes encontrarán que hay gente que en todo encuentra lo negativo y hay gente que en todo encuentra lo positivo, y los dos viven en el mismo mundo y pasan por las mismas calles y trabajan en la misma empresa.
¡Cual es la clave de la gente feliz? no es que no tenga problemas, todos los tenemos. A todos nos llegan enfermedades, a todos se nos mueren parientes y amigos, a todos nos traicionan personas que no esperabamos, a todos nos decepciona gente que queriamos, a todos nos llega la vejez, la muerte, la enfermedad, la soledad; esa es la porción que todos recibimos, todos caminamos por el mismo desierto pero hay unos que caminan mirando a Jerusalén y no sienten la misma hambre ni la misma sed, ni el mismo sol, porque saben a dónde van.
Un cristiano es así, es el que sabe a dónde va, es el que ya siente la reunión con los amigos, es el que ya presiente el abrazo de Cristo, el que ya siente la sonrisa de la Virgen, es el que ya casi escucha los cantos de los ángeles, es el que quiere dar ese abrazo de amigo a Domingo, a Francisco, a Martin de Porres, a Clara de Asis; es el que quiere sentarse a la mesa con todos ellos, es el que ya se muere por entrar en esa danza y celebrar para siempre al Dios del cielo, el que vive eso, igual tiene que pagar arriendo, igual le da peritonitis, igual le botan el hijo del colegio; pero el sol no le hace daño, ni siente hambre, ni sed y permanece alegre porque deja pasar el sol, el hambre, la peste; todo eso lo deja pasar porque sabe que todo va a pasar.
Si todo va a pasar, lo bueno y lo malo ¡por qué nos vamos a amarrar a lo malo? No, no nos amarramos a nada ni siquiera a lo bueno; nuestra mirada está en el cielo. La Carta a los Hebreos con una expresión que me gusta repertir dice: tenemos nuestra ancla en el cielo. Como el barco que ya esta anclado, algo se mueve pero ahí se queda, así nosotros ya tenemos ancla en el cielo y algo nos mueven y nos sacuden las tribulaciones y los problemas, pero estamos firmes en nuestra esperanza.
Sigamos el camino de la cuaresma alabando a Dios y aprendiendo a vivir con felicidad porque si nos quedamos solamente mirando la arena, al mosco que me picó, el sol que me está quemando, no vamos a llegar a nuestra meta y sí vamos a hacer pesado el camino a nuestros hermanos.
Nosotros nos fijamos en el final, nos enamoramos de nuestra casa y desde ya cantamos la alegría del encuentro!