Aa01002a

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Aa01002a Fecha: 19981108

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Original en audio: 16min. 15seg

A veces, muchas veces, uno no entiende las palabras de Jesucristo, porque son como paradójicas, como contradictorias, son como enigmas. Probablemente Cristo quiso hablar algunas cosas así como en enigma, porque el enigma, la paradoja, el misterio, ponen en marcha el pensamiento. Y está muy bien que se ponga en marcha el pensamiento en este primer domingo de adviento porque todo en este primer domingo nos invita a hacer peregrinación; el salmo que hemos cantado es un salmo de peregrinación, de ponerse en camino; pues también tiene que ponerse en camino el pensamiento; no tenemos resuelto el misterio de Jesucristo, no hemos terminado de esclarecer la Palabra de Dios; necesitamos tiempo, necesitamos fuerzas, amor, paciencia, pero sobretodo la gracia del mismo Dios para poder avanzar en la comprensión de su Palabra.

Si; adviento es tiempo de peregrinación y no queda exento de la peregrinación el entendimiento nuestro; a la inteligencia también le toca hacer su peregrinación. Y digo que las palabras del Señor son enigmáticas porque san Pablo nos habla de que tenemos que conducirnos como en pleno día, conducirnos como en pleno día, pero la noche está avanzada; se admite que estamos de noche y se nos pide que andemos de día. Esta es como una tensión interna que vive el cristiano. Sus ojos le hablan de noche, le hablan de que es de noche, pero sus manos están llamadas, están obligadas a proclamar que es de día; tiene que hacer obras del día en medio de la noche. Esta es una tensión.

Segunda tensión: Jesucristo en algún evangelio, no ciertamente en el que acabamos de escuchar, regaña a los discípulos y les dice: ustedes que saben cuándo va a llover y cuándo no va a llover, ustedes que saben reconocer los signos del tiempo, del clima, ¿por qué no saben leer los signos del tiempo, es decir, los signos de la historia, de la voluntad de Dios? ¿Por qué no se dan cuenta de lo que Dios está haciendo?

Cuando Cristo habla sí a uno le da la impresión de que los signos de los tiempos son tales que uno los puede leer, pero ahora viene este Evangelio y dice: “a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre” (Mateo 24,44). Entones, si esos signos fueran tan claros Jesús tendría que decir: “cuando los signos sean manifiestos vendrá el Hijo del Hombre. Cuando los signos sean manifiestos”, pero resulta que aquí dice que va a venir cuando menos se piense. Por eso digo que hay como una especie de contradicción.

Y una última: los profetas hablaron mucho del “día del señor”, y hablaron del día del Señor como un día de gran confrontación, como el día de su ira, como el día de su cólera, como el día de su juicio. Pero al mismo tiempo, según la primera lectura es también un tiempo de paz: “al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos” (véase Isaías 2, 2). Entonces parece que el final tiene como dos partes por decir lo menos, hay como una gran confrontación y luego vendrá una gran paz.

¿Qué podemos hacer con estas palabras de Jesucristo? Repito, como las paradojas que nos hemos encontrado, que tal vez no son las paradojas de la palabra de Cristo, sino las paradojas de la vida de Cristo y también entonces de la vida de los cristianos. Hay que saber que es de noche y hay que vivir como de día.

Segundo: hay que leer y tratar de entender los signos de los tiempos, pero saber que Cristo vendrá cuando menos lo pensemos. Hay que saber que habrá una gran confrontación, pero hay que acoger con esperanza una promesa infinita de paz.

Bueno, de esas tres paradojas, la primera y la tercera uno las alcanza más o menos a resolver. Pues sí: es de noche y hay que obrar como el día; bueno, más o menos se entiende, ¿qué está indicando eso? Que el mundo como tal parece haberle dado la espalda a Dios y por eso nuestras obras son como extrañas a ese ambiente. En cierto sentido se parecen, se parecen a la contradicción que hay entre la luz y las tinieblas. Bueno, por ese lado como que se entiende. Además las obras del cristiano son luz porque sirven para orientar a los otros, porque en el fondo muestran un camino, revelan una verdad, y lo que tiene que ver con revelación tiene que ver con luz. Ahí podemos más o menos entender la primera.

La tercera paradoja, ya lo he sugerido, también se puede comprender más o menos. Se nos dice que vienen grandes confrontaciones y se nos invita a experimentar una gran paz, o sea que el cristiano tiene que prepararse simultáneamente para una gran guerra y para una inmensa paz. ¿Cómo se logra eso? Bueno pues se logra sabiendo que va a venir una guerra, pero la victoria ya está dicha de quién va a ser; entonces esto significa que nosotros tenemos que poner toda nuestra confianza en Aquél que es el vencedor, es decir, en Dios, y no dejarnos desanimar y desalentar, no dejar que nuestra confianza se desmorone, y de esa manera, como no dejamos que la confianza se desmorone, estamos como en vela, como preparando esa guerra, pero como sabemos de quién es la victoria y confiamos en Él, estamos preparando la paz. Esa tercera como que se puede resolver por ese camino.

Nos hace falta sólo resolver la segunda paradoja, la propia del evangelio de hoy. Jesús nos dice: “estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre” (Mateo 24,44). ¿Cómo se puede entender esta expresión de Jesucristo, si en otras partes nos dice que hay signos de los tiempos? ¿Entonces qué quiere decir eso? Que esos signos, ¿finalmente nadie los va a entender y que por consiguiente cuando llegue Cristo, en últimas nadie le pudo leer los signos de los tiempos, entonces será una sorpresa para todos?

Nuestro Señor da unos ejemplos del Antiguo Testamento, sobre todo del tiempo de Noé. “Lo que pasó en tiempos de Noé pasará cuando venga el Hijo del Hombre: la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y vino el diluvio y acabó con todos” (Mateo 24,37-39) Y dice que así va a ser la llegada del Hijo del Hombre:”en el momento que menos penséis.” (Mateo 24,44)

Pero ya san Pablo tuvo que regañar a algunos de los tesalonicenses, porque entonces, apoyándose tal vez en estas palabras decían: “mire, la gente comía, bebía y se casaba”. Como quien dice: hacía proyectos. “¿Qué proyectos vamos a hacer? Esto ya va a explotar, esto ya se va a acabar, ¿ya qué proyectos? Ya no cabe hacer proyectos. Ya dejemos así y esperemos el retorno de Jesucristo”. Entonces es ahí cuando san Pablo les dice a los tesalonicenses: “un momento, el que no quiera trabajar, que tampoco coma” ¿Cierto? Ellos no querían casarse, pero sí querían hacer proyectos en el sentido de que seguían comiendo y bebiendo, entonces san Pablo dijo: “no, un momentico, la ley es para todos, si no van a hacer proyectos porque ya viene Cristo, entonces tampoco coman y beban”. Y duraron pensándolo como un día y al otro día ya desayunaron y ya volvieron a comer y volvieron a trabajar.

¿Cuál es la enseñanza que quiere darnos Dios aquí? Las señales de los tiempos preparan la llegada de Cristo, y sin embargo en el día que menos pensemos llegará el día de Cristo. Entonces, ¿esas señales no eran señales de ese día? O ¿Es que nadie va a poder entender esas señales? O ¿Es que nadie sabe cómo es ese día?

Bien, yo la única respuesta que he podido encontrar o con otras luces podría dar otra es esto último que acabo de decir: “es que nadie sabe cómo es ese día”. Es que se trata de algo radicalmente nuevo; se trata de una intervención última y maravillosa, se trata de la llegada definitiva y gloriosa; se trata de algo que no tiene antecedentes; se trata de algo que no puede ser pensado, rigurosamente hablando, porque no puede ser imaginado, porque nadie puede suponer propiamente qué es.

Y esto no se contradice son los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos, la lectura de los signos de los tiempos nos ayuda a preparar la venida, pero no nos dice cómo va a ser esa venida. Yo creo que así se resuelve esta paradoja. Eso que nos dijo Cristo en lecturas que hemos escuchado recientemente: guerras y rumores de guerras, terremotos y señales en los mares, la naturaleza como encrespad. Todo eso, cuando suceda, es una señal para que nos preparemos; pero todo eso todavía no nos alcanza a decir qué es lo que significa que Cristo venga.

Es decir, con esta advertencia Cristo nos está invitando a tomar en serio las señales de los tiempos, nos está invitando a tomar en serio nuestro proceder en esta vida como dice en algún lugar del Nuevo Testamento; pero también nos está advirtiendo que eso que va a llegar es radicalmente distinto. Que es más que un terremoto, que es más que la conmoción de los mares, que es más que las señales en el cielo, que es más que las guerras o las paces que se puedan hacer entre los pueblos; que se trata de algo radicalmente nuevo; algo tan nuevo como la creación y más nuevo que la creación.

Qué tal que uno, hagamos el ejercicio mental