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Fecha: 19981207

Título: Todo el adviento es el descubrimiento de Jesus como camino.

Original en audio: 8 min. 18 seg.


Mis Hermanos:

Hace tiempo que me ha llamado la atención esa pregunta que hace Jesucristo, y a veces como que trato de entenderla de alguna manera y otras veces de otra.

Que bajan a este paralítico. Jesús le dice a ese hombre: "tus pecados son perdonados" (véase San Lucas 5,20). Los otros murmuran interiormente de Jesucristo y entonces El suelta la pregunta a la que que quiero referirme: "qué es más fácil decir, "tus pecados te son perdonados, o decir: levántate, toma la camilla y anda" (véase San Lucas 5,20-24).

Nadie le pudo responder, de la gente que estaba ahí, nadie pudo dar una respuesta. Entonces por eso yo quiero tomar esa pregunta de Cristo y quiero ver qué hay en esa pregunta, qué quería decirnos el Señor, qué quería enseñarnos. Porque si lo pensamos bien, es más fácil decir: "tus pecados son perdonados" (véase San Lucas 5,20), ¿porque quién se va dar cuenta si los pecados están o no están perdonados?

Los pecados son como algo escondido, son como algo interno, de manera que decir: "tus pecados son perdonados" (véase San Lucas 5,20), es fácil de decir. En cambio decir: "toma tu camilla, levántate y vete a tu casa" (véase San Lucas 5,24) es algo difícil de decir porque si no sucede eso, pues el ridículo de la persona que lo ha dicho es patente.

Entonces, en términos de decirlas cosas es más fácil decir: "tus pecados te son perdonados" (véase San Lucas 5,20) que decir: "toma la camilla y vete a tu casa" (véase San lucas 5,24). Pero en términos de hacer, es más profunda la obra de perdonar los pecados que la obra de sanar el paralítico, siendo ambas obras admirables.

Y los que estaban ahí alrededor, los que murmuraban contra Cristo, no empezaban a murmurar cuando Cristo empezó a hacer curaciones. Empezaron a murmurar cuando él dijo: "tus pecados te son perdonados" (véase San Lucas 5,20), porque sintieron: "ahora sí se pasó este hombre, esto es demasiado".

Lo que quiero destacar entonces es que una cosa es más fácil que decir que la otra, pero la otra es más difícil de hacer.

En el orden del decir, es más fácil decir que los pecados son perdonados, pero en el orden del hacer, es más difícil, es imposible para las fuerzas humanas ese perdón de los pecados.

Y entonces Jesús muestra a través de lo que era difícil de decir, que este hombre tomara su camilla y se levantara y se fuera a su casa, Jesucristo muestra a través de lo que era difícil de decir, que El también puede lograr lo que era difícil de hacer.

Dice lo que era difícil para que nosotros entendamos que El puede hacer lo que parece imposible. De modo que el sentido de las curaciones de Jesucristo, el sentido de los milagros que realiza Jesucristo es ese.

A través de esas obras maravillosas, a través de esas sanaciones, Jesús está mostrando que incluso lo que parece difícil de hacer, es decir, que se quite el obstáculo del pecado, eso también lo puede el mismo amor, la misma gracia, el mismo poder que le lleva a hacer estos milagros.

De manera que la primera enseñanza con este evangelio es que los milagros que hace Jesús y los milagros que luego se harán en nombre de Jesús, son señales de que todo obstáculo entre Dios y el hombre, puede ser quitado, de aquello que parece imposible a nuestras fuerzas humanas, Dios lo puede quitar de en medio, como decía la primera lectura de Isaías, para que haya una calzada recta, un camino expedito entre Dios y nosotros.

En segundo lugar, está la lectura que hemos escuchado del profeta Isaías. Se trata de una autopista. Estamos en la época de los medios de comunicación para el transporte masivo de personas, para el transporte masivo de información.

A través de los satélites, los teléfonos o la televisión, tenemos autopistas. Así por ejemplo se habla en informática de la autopista de la información, con un ancho de banda de 30 MHZ. Las autopistas de la información tienen también sus anchos, así como las carreteras tienen quince, o veinte, o treinta metros, así también la autopista de la información tiene quince megas o treinta megas de ancho.

Pues hay una autopista que Dios quiere tender entre El y nosotros y todo el Adviento es un tiempo de construcción de esa autopista. Es tiempo de remover los obstáculos para echar las explanadas, para derribar las montañas, de manera que esté limpio y recto el camino entre Dios y nosotros.

Y ese camino, limpio, directo, expedito, ese camino es Jesucristo. Todo el adviento es el descubrimiento de Jesús como camino, es descubrir en El la gran autopista que nos lleva derechamente hacia Dios. Es descubrir qué rápido puede venir Dios a través de las palabras de Jesús y de las señales de Jesús y que rápido podemos llegar nosotros a Dios a través de Jesucristo.

Por eso, en esta celebración y en todo este adviento nosotros unimos nuestras intenciones a Jesús y El, como correo maravilloso, lleva esas intenciones hacia la plenitud, hacia el seno de Dios Padre.

Y también, todos los mandamientos de Dios que nos parecían lejanos, que nos parecían imposibles, todo el amor de Dios que nos podía parecer distante, de repente se hace cercanísimo.

A través de Jesús, a través de esa maravillosa autopista y este precioso camino, podemos encontrarnos directamente, inmediatamente con Dios. En ningún momento se vive esto con más claridad que en la Santa Misa; en ningún momento podemos tocar tan palpablemente el amor de Dios.

En ningún momento puede El hablarnos hasta el punto de que en el centro de la Eucaristía, cuando se consagra el pan y el vino, aunque las palabras las pronuncie el sacerdote, son propiamente pronunciadas por Jesucristo que deja oír su voz, que hace sentir su amor.

Esa autopista, ese Adviento tiene su culminación en la Eucaristía en donde podemos como mirar tan cerca como es posible en esta tierra, el amor de Dios, podemos recibirlo de El y podemos darle nuestra gratitud.