V016003a
Fecha: 20001209
Título: Mi poder crece por los caminos de la misericordia.
Original en audio: 4 min. 13 seg.
Toda la lectura de Isaías está escrita en futuro, una abundancia futura, una luz futura, una alegría futura.
Y al final del texto que nos propone la Iglesia, hay una frasecita: "Cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe" (véase Isaías 30,26). El comienzo de todos los bienes es la sanación del pasado, la sanación de las heridas, la sanación es el comienzo.
Y ese comienzo es el que nos encontramos en Jesucristo y en sus Apóstoles. El pasa curando toda dolencia y toda enfermedad. Jesucristo es la mano con la cual Dios venda la herida de su pueblo y cura la llaga de su golpe. Y detrás de este bien maravilloso de la sanación, vienen todos los otros regalos, todas las otras promesas y todos los otros bienes.
Tenemos así dos ideas. Primera: que la sanación es primero de los regalos de Dios. Es el único que hace descubrir la abundancia del amor. Porque la abundancia de la comida no significa nada para el que no tiene manera de comer, la abundancia de la música no dice nada para el que no la puede oír. Lo primero es la sanación.
Y segunda idea: Esa sanación nos llega por Cristo que es el que puede pasar curando toda dolencia y toda enfermedad.
En tercer lugar, vemos a Cristo prolongar su acción misericordiosa a través de las manos, la palabra y la presencia de los Apóstoles. Los Apóstoles son prolongaciones de la misericordia de Cristo. Por decirlo de alguna manera, Cristo se ingenió el modo de tener más manos.
¿Cómo? Dando de su propia autoridad y de su propio Espíritu a esos hombres. La autoridad se prolonga por vía de misericordia, mejor todavía, digámoslo así: la autoridad de Cristo se propaga en razón de misericordia; la potestad se extiende en razón de compasión; el poder llega a más en razón de misericordia y de compasión.
Y de aquí sacamos una pequeña idea para nosotros con la que terminamos esta reflexión, porque hoy ha habido tantas cosas para reflexionar.
Quedémonos con esta idea: muchas veces nosotros queremos que el Señor haga brillar su poder: "muéstrate Señor, muestra tu gloria, muestra tu poder". Cristo nos podía responder: “mi poder crece por los caminos de la misericordia. Es la misericordia la que hace extender mi poder; es la necesidad de llegar a otros, de llegar más y mejor lo que hace que la autoridad mía llegue a ustedes. Aumenten ustedes la compasión y yo les aumento el poder.”