Inma001a
Fecha: 19951208
Título: Inmaculada Concepcion de Maria
Original en audio: 24 min. 13 seg.
En las lecturas que hemos escuchado aparecen primero Adán y Eva y luego aparece, en el Santo Evangelio, María y Jesús.
De acuerdo con el relato bíblico, Dios ha querido sacar toda la especie humana, todos nosotros, de esa primera semilla de vida, de ese primer origen que son: Adán y Eva. Y así también Dios ha querido dar toda la salvación del mundo a través de María, por la cual hemos recibido a Jesucristo, Nuestro Dios y Señor.
Pero hay esta diferencia: que Adán y Eva no valoraron, no entendieron, no conservaron lo que Dios les había dado y por eso, desde los orígenes mismos de la humanidad, hace su aparición el pecado como soberbia, como suficiencia del ser humano que quiere apoyarse en su propio plan y que prefiere ese plan al plan de Dios.
Esto separa al hombre de Dios; el pecado nos aleja de Dios. Y el relato del Génesis nos ha explicado que desde el principio de la humanidad, eso es lo que hemos hecho los seres humanos, hemos sentido desconfianza del plan divino y hemos tratado de apoyarnos en nuestras propias fuerzas, hemos preferido nuestros caminos a los caminos de Dios.
Y esa rebeldía, ¿qué ha ocasionado? Que nosotros, separados de Dios, ya no somos dueños de la creación, sino esclavosde las criaturas, porque entonces fascinados por sus misterios, por su belleza, por sus posibilidades terminamos idolatrando las cosas, y en vez de ser dueños de las cosas, las cosas terminan siendo dueñas de nosostros.
Y así se llega al extremo que conocemos hoy de personas que no es que tengan mucho dinero, sino que el dinero las tiene a ellas. Y así se llega al extremo que conocemos hoy de personas que no tienen un cuerpo, sino que el cuerpo y los placeres de su cuerpo los dominan a ellos, como sucede, por ejemplo, cuando la persona es esclava del alcohol o es esclava del sexo.
Todas las cosas las creó Dios para nuestro bien, pero cuando nos hemos alejado de Dios, terminamos siendo esclavos de esas cosas y dependiendo de ellas, y les pedimos a ellas lo que sólo Dios hubiera podido darnos: esa felicidad, esa plenitud.
Rompiendo la relación con Dios, se ha dañado la relación del hombre con la creación de Dios.
Pero los males no acaban ahí. Dios nos creó para que pudiéramos ser hermanos, hijos de un mismo Padre; todos hemos salido de sus manos; todos necesitamos de El, sin embargo, ¿qué nos encontramos en el relato bíblico? Que los primeros descendientes de Adán y Eva se sintieron incómodos y fastidiados el uno con el otro y finalmente, Caín, saca la conclusión que no puede vivir en la misma tierra donde está su hermano Abel, se abalanza sobre él y lo mata.
Esto significa que rota relación con Dios, se rompe también el puente, la relación con mi hermano. Y esta es la fuente, este es el origen del odio, de la envidia, de la codicia, de la murmuración, de la crueldad, de la violencia.
Este ser humano, alejado de Dios, ¿qué puede ser sino un miedoso de la muerte? Porque la muerte, después de que se ha perdido a Dios, lo único que significa es ese último tirón con el que se pierde todo; y por eso el ser humano, ante la certeza de morir, se repliega sobre sí mismo con egoísta interés; y por eso el ser humano, a punto de morir y sabiendo que tiene que morir, se aferra a estas cosas, sabiendo que de todas maneras tiene que dejarlas.
A esta condición pecadora, a esta condición egoísta por la cual hombres y mujeres nos replegamos sobre nosotros mismos y sentimos que no nos van a alcanzar los bienes para ser verdaderamente felices, a esta condición profunda existencial la llamamos: el pecado original.
No se trata de un defecto en los cromosomas, en los genes, en la información genética o biológica que los papás le pasan a los hijos; no es un problema de biología, es una condición existencial.
Papás egoístas, ¿qué pueden engendrar? Hijos egoístas. Y nuestro egoísmo supremo se manifiesta cuando pensamos seriamente entorno a la muerte, cuando nos damos cuenta que teniendo que morir, intentamos reunirnos, replegarnos sobre nosotros, o a lo sumo, hasta nuestra familia, hasta allá llega nuestro amor.
Ese es el misterio del pecado original, y esto es lo que se encuentra el niño cuando llega a la vida; se encuentra precisamente eso. No es algo que se aprenda, por ejemplo, imitando simplemente a nuestros padres. Es que nuestros padres, en el acto mismo de engendrarnos, no pueden al mismo tiempo donarnos....
Cómo me gustaría, si Dios me lo otorgara, detenerme en explicar y en compartir con ustedes mejor lo que esto significa: que en el acto mismo en el que nuestros padres nos engendran, no tienen de suyo, en su corazón, la libertad, la luz racional para engendrarnos y al mismo tiempo donarnos a Dios.
Y por eso hay como un egoísmo radical también en ese acto conyugal en el que nace la persona. Y sin embargo, repito, no se trata de nada biológico.
Pues bien, este es el pecado original. Nuestros padres no pueden darnos otra naturaleza que la que ellos ha tenido. Pero entonces uno piensa en lo que es la humanidad y uno dice: "¿estaremos condenados para siempre a repetir el egoísmo, a repetir la crueldad? Yo creo que tenemos una imagen chiquita del pecado original en los pecados de familia. ¿No pasa a veces que un abuelo alcohólico engendra a un papá alcohólico, que tiene un hijo alcohólico, que tiene un nieto alcohólico, que tiene....?
Esas se llaman cadenas generacionales. Hay familias que tiene tendencia la suicidio, hay familias que tienen tendencia a la promiscuidad, hay familias que tienen tendencia la alcohol. Son cadenas generacionales, y uno dice: "¿nadie podrá hacer algo para que ellas salgan de su pecado?
Mi querido niño, ¿usted va a repetir los mismos pecados de su papá o de su mamá? Querida niña, ¿usted va a repetir los mismos pecados de su mamita o de su abuelita? ¿No será que Dios en un día como hoy que se llama así: Inmaculada Concepción de de la Virgen, puede romper esas cadenas generacionales y familiares de manera que tú no repitas la triste historia que a veces se da en tu familia?
Ese es el sentido profundo que tiene esta celebración, porque ¿qué es lo que estamos celebrando hoy? Que Dios, el Señor, con una misericordia incalculable, con un amor inmenso se dolió de ver que la familia humana repetía siempre los mismos males, y a través de un caminito que se llama la historia de la salvación, fue preparando la llegada de Ése que se llama Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, el Señor.
Pero, para que viniera Jesucristo a nuestras vidas se necesitaron siglos, se necesitó la predicación de los Profetas, se necesitó la sabiduría de los Ancianos, se necesitó la oración de los pobres, ¿y qué es los que celebramos hoy? Que hoy Dios ha roto la cadena generacional de pecado original que enlazaba a todas las naciones.
Hoy estamos celebrando que hubo dos papás: él se llamaba Joaquín y ella se llamaba Ana, de acuerdo con la tradición, a los que Dios les otorgó la gracia infinita de engendrar sin egoísmo, de engendrar para Dios. Este Joaquíon y esta Ana vivían en una cuidad de Palestina que se llama Nazaret, y Dios les otorgó a San Joaquín y a Santa Ana la gracia infinita de engendar, con acto conyugal, a una Niña a la que luego llamaron María, para Dios.
Engendrarla, pensarla, amarla desde el principio para Dios, radical y absolutamente para Dios. Y así Dios, en previsión de la misión salvadora de Cristo, rompió la cadena que ataba a todas las naciones y preparó casa y camino para nuestra salvación que es Cristo, y trajo la aurora de ese esplendoroso Sol que es Jesús, Nuestro Salvador.
Esa fue la gracia singular que Dios les otorgó a Joaquín y a Ana, y de ellos nació María. ¿qué estamos celebrando hoy? La Concepción de María, ¿y María cómo fue concebida? Por acto conyugal, como fuimos engendrados tú y yo; y su papá, de acuerdo con la tadición, era Joaquín, y su mamá, Ana.
Hoy la Iglesia Católica entonces está celebrando la santidad de un acto sexual, de un acto conyugal entre un hombre y una mujer que engendraron para Dios y que abiertos a la gracia, dieron para el mundo esa Niña que se llama "la llena de gracia", María Santísima, la más linda, la más hermosa.
Estamos celebrando la santidad de ese acto que fue como tomado, como poseido por Dios absolutamente ¿En razón de qué? En razón de que sólo una mujer que fuera desde el principio Evangelio, podía darnos el Evangelio que es Cristo Jesús. Ese es el gran misterio que celebramos hoy.
¿Y qué sucede cuando una persona ha sido engendrada así?, ¿qué sucede cuando una persona es inmaculada en su concepción? Sucede algo maravilloso: esa persona se puede dar infinitamente, y eso es lo que hizo María. María no se posee a sí misma, María, desde que despierta a la razón, se descubre de Dios y por eso, cuando el Ángel le ha hablado en el evangelio de hoy, Ella ha dicho: "he aquí la esclava del Señor" (véase San Lucas 1,38).
Ella se siente, en primer lugar, poseída por Dios, y por eso puede ser infinitamente generosa, y por eso puede dar desde sí misma, desde sus entrañas y su corazón a su propio Hijo.
¡Qué es lo que más ama una mujer?, ¿qué es lo que más ama una madre sino su hijo? Pues ese Hijo lo podrá dar María en favor de la salvación de todos nosotros, porque la generosidad ha abierto camino desde el principio de su existencia, desde su mismísima Concepción.
En este día tan grande, en este día tan lindo muchos cristianos hacen su primera comunión. Y a mí me dijeron que hoy acompañara yo esta celebración de las primeras Comuniones. Pues bien, a mí no me gusta la palabra "primera Comunión", a mí no me gusta que se hable de la primera Comunión, no me gusta, porque tengo un problema y es que en la primera comunión a uno lo visten de saco blanco y pantalón azul, medias blancas y zapatos negros.
No le voy a preguntar cómo está el resto de la ropa. Eso es la primera comunión. A uno le ponen un cirio en la mano, le dan un catecismo, lo traen a un lugar tan bello como este y seguramente le ofrecen un buen desayuno.
Yo sé que cada uno de ustedes, niños y niñas, no han venido aquí solamente para cargar un cirio y para desayunar; yo sé que ustedes aman a a Jesús, ¿cierto? Yo estoy seguro de eso, ¿pero qué va a pasar?
Los cristianos vamos a la Santa Misa normalmente el domingo, ojalá podamos ir más días, pero la Iglesia nos pide que vayamos sobre todo el domingo, por ser el día de la Resurrección del Señor. Pero mira lo que pasa: hoy es viernes ocho de diciembre, el domingo es diez de diciembre; el domingo cuando asistas a la Misa, niña, niño, pues también seguramente vas a comulgar, pero ya no te van a poner saquito blanco, ni te van a poner pantalón azul, medias blancas, zapato negro.
Y a ti, niña, no te van a poner ese vestido blanco que te queda tan hermososo, entonces el domingo tú vas a comulgar y seguro ya no habrá desayuno "trancado", como dicen en mi tierra. ¿A qué voy yo, mis queridos niños y niñas? A que hay que tener mucho cuidado con la primera Comunión, porque hay gente que se queda con la primera y no hace la segunda Comunión, y ese es un grave problema.
Yo me he encontrado adultos del tamaño y color de los papás que veo aquí, y del tamaño y color de mis queridos soldados que están allí; yo me he encontrado amigos que dicen: "padre, yo quiero confesarme", "con mucho gusto, caballero, "siéntese". Normalmente el sacerdote pregunta: "¿hace cuánto tiempo que no se confiesa?" "Padre, desde que hice la primera Comunión".
Niños, no esperen saco blanco, pantalon azul y desayuno para volver a confesarse; no esperen saco blaco, pantalón azul y zapatos negros para volver a comulgar. Niños, Jesús los ama; Jesús los ama mañana cuando no haya saco blanco, ni pantalón azul, ni zapatos negros; Jesús los espera cada domingo, y mejor digo, cada día. Niñas, Jesús le espera cada domingo para que tú comulgues con un corazón limpio, santo, agradable a Dios.
Y por eso, yo me permito hacer esta sugerencia que la hago en todas partes: señores católicos, señoras católicas, yo propongo que dejemos de hablar de primera Comunión, vamos a dejar de hablar de primera Comunión, propongo, y vamos a decir: "empezar a comulgar".
"¿Tú qué eres?", "Yo soy catequista, doy catequesis en una parroquia, "¿y de qué das catequesis?", "Yo preparo niños", "¿para qué?", "Para la primera Comunión". "¡No!, ¿Porque quién los va a preparar para la segunda y para la tercera? "¿Tú preparas niños?", "sí", "¿para qué?" "Para que empiecen a comulgar".
Amados niños, este es el día de la primera Comunión, pero eso yo lo digo en voz bajita, pero sobre todo este es el día para empezar a comulgar, eso sí lo digo en voz alta. "La primera Comunión", en voz bajita, "empezar a comulgar, en voz alta", porque si te quedas con la primera Comunión tu vida no crece mucho. ¿Qué mata crece con un riego? Toca cuidarla, ¿cierto?
La primera Comunión es bonita, pero es sólo la primera. Empezar a comulgar, "voy a empezar a comulgar", "de hoy en adelante voy a llevar una vida eucarística", "una vida unida al Santísimo Sacramento".
¿Y por qué tantos cristianos acostumbran a empezar a comulgar el día de la Inmaculada Virgen María? Porque ese es el día en que Dios ha roto cadenas de pecado en nuestras vidas, y, por consiguiente, este es el día en que nosotros hacemos un pacto nuevo con Cristo Eucaristía.
Así como Cristo vino al vientre de María corporalmente y fue concebido por obra del Espíritu -Esa María que había sido preparada por Dios desde su Inmculada Concepción- así como vino corporalmente al vientre de María, así Él desde hoy, niña, desde hoy, niño, viene corporalmente a ti para que tú empieces a comulgar y llevar una vida en Jesús, y se rompan las cadenas de pecado para hoy, para mañana y para siempre.
Demos gracias a Dios en este día; miremos en María Santísima el Evangelio realizado; gocémonos con Ella.
Niños, a empezar a comulgar; adultos, padres de familia, me hacen el favor y siguen el ejemplo de la gente que se ha estado confesando. Si ustedes hicieron su primera Comunión y después se les olvidó hasta con qué mano se persigna uno, me hacen el favor de arrepentirse de sus pecados y vuelven a comenzar a comulgar, porque esa sí es la vida cristiana: una vida unida con Cristo, iluminada con la Palabra, alimentada con los sacramentos.
¡Viva Dios y María Santísma! Y que Ellos nos otorguen la gracia de ser fieles a esta vida eucarística que se nos regala en una fecha tan hermosa.