I293004a
Fecha: 20151021
Título: Cristo nos ensena como vivir y como morir
Original en audio: 6 min. 46 seg.
REVISANDO
Nuestro Señor Jesucristo utilizó varias veces la comparación de un amo que tiene sus criados, el amo se retira por alguna razón, por sus negocios, por sus asuntos, a veces dice, "porque va a una boda", y luego regresa. Esa imagen la utiliza Cristo para describir la situación de sus discípulos, y probablemente la situación de todo ser humano.
Básicamente, la imagen que describe lo que es la vida humana es la del criado que tiene su amo pero el amo está lejos, esto hace que ese criado de algún modo parezca dueño de la casa; como no está el amo, fácilmente el criado puede creerse el dueño.
Y eso es lo que acontece muchas veces en nuestro corazón: dejamos de considerarnos obedientes a Dios, y empezamos a creernos dueños absolutos de las cosas que Él nos ha dado, las cosas que Él ha puesto bajo nuestro cuidado; se nos olvida que no somos dueños sino que somos administradores, pero eso precisamente es lo que le puede pasar a un criado cuando el amo tarda mucho en volver. Cuando el amo tarda mucho, cuando no se le ve, y cuando no se sabe cuándo va a regresar, es fácil creerse dueño.
'Una enseñanza de este tipo de predicación de Cristo la podemos condensar en esa frase: es muy fácil creerse dueño, pero es un error.'
La segunda parte de la enseñanza es que el amo no se va a quedar para siempre lejos, finalmente vuelve, y cuando vuelve, pide cuentas de lo que hicieron o dejaron de hacer aquellos criados.
Ese momento de pedir cuentas es un momento dramático en este tipo de parábolas del Señor, porque si uno ha vivido en desobediencia, en irresponsabilidad, en arrogancia, en violencia, como lo describe la parábola de hoy; si uno ha vivido así, pues realmente se va a encontrar en una situación muy difícil cuando le pidan cuentas: “¿Qué fue lo que hiciste? ¿Esto fue lo que te encomendé?”.
Es evidente que podemos comparar ese momento de pedir cuentas precisamente con el final de la vida humana. Cuando llegamos al final de nuestra vida nos damos cuenta de que no somos tan dueños de nosotros mismos como lo creíamos. Una persona puede no desear morirse y, sin embargo, tiene que enfrentarse a una enfermedad terminal, o a un accidente, o a un acto de violencia, y su vida termina.
Eso significa que de verdad no tenemos el control total de nuestra vida, no somos dueños; pero cuando lo descubrimos, en cierto sentido ya es demasiado tarde, porque descubrimos que no somos dueños, precisamente cuando tenemos que entregar cuentas de toda la vida, eso significa la hora de la muerte. La comparación completa es que mientras estamos en esta vida parece que Dios, aunque sabemos que es dueño, como que está lejos, y como está lejos, entonces uno puede creer que en realidad el dueño es uno, es un error, pero uno lo comete. Lo otro que sucede, es que esa situación termina y, finalmente, el verdadero dueño, que es el Señor, llega a nuestra vida y, cuando llega a nuestra vida, pide cuentas. esa es la descripción.
¿Qué podemos aprender de esto? Pues podemos aprender cuál es la manera sensata de vivir y cuál es la manera sensata de morir, no son entonces temas menores, no creo que haya muchas cosas más trascendentes que aprender cómo vivir y cómo morir, y eso es lo que nos enseña Cristo, nuestro divino Maestro.
¿Cómo vivir? Pues vivir recordando que no soy dueño, vivir recordando que hay un propósito, que hay un bien para el que yo he venido a esta tierra, y por consiguiente, tengo que utilizar con amor, con gratitud y con responsabilidad todo; el dinero que puedo administrar no es solamente mío, Dios quiere que yo administre el bien del dinero, sin duda no solamente para mi provecho sino para extender su propia bondad, la bondad de Dios a otras personas.
Todo lo que Dios me ha dado, los conocimientos que Él me ha dado, son también para eso; la salud que tengo, el cuerpo que tengo, los sentimientos y talentos que tengo, esa es la manera sensata de vivir, recordar que aunque yo no vea al amo, aunque a veces me parezca que está lejos, Él sigue siendo el dueño bendito, el amoroso dueño de toda mi vida.
Me gusta mucho que hace unos años se utilizaba esa expresión para referirse a Cristo, sobre todo en la Eucaristía: “Nuestro Amo”, ¡qué bello! Esa es la manera sensata de vivir.
Y la manera sensata de morir es con absoluta confianza. Si he vivido en la presencia del Señor, si siempre he recordado que Él es mi dueño, entonces no tengo temor ante Él, porque simplemente lo que le puedo decir a la hora de la muerte es un inmenso "¡gracias!, gracias por todo lo que has concedido a mi vida, gracias, Señor".
Vaya enseñanzas que nos regala Cristo: cómo vivir y cómo morir.