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La primera lectura de hoy está tomada de la Carta a los Romanos. De hecho, estamos empezando a leer en este día La Carta a los Romanos. Durante un buen número de días, vamos a tener en la Primera Lectura a San Pablo enseñándonos desde su Carta a los Romanos.
Yo quisiera que esta vez tomáramos esa carta mucho más cerca de nuestra atención y de nuestro corazón. De hecho, es un documento que ha tenido repercusiones inigualables en la historia de la fe cristiana y católica. Es la carta más extensa de todo el Nuevo Testamento: tiene dieciséis capítulos. Si miramos las páginas del Nuevo Testamento, nos damos cuenta que el criterio general que parece haberse seguido, es que las distintas cartas de los apóstoles, están puestas de mayor extensión a menor extensión, y por eso en la Biblia, en el Nuevo Testamento, después de los Evangelios tenemos el Libro de los Hechos de los Apóstoles, y después de los Hechos de los Apóstoles, lo primero que aparece es esta epístola, esta Carta a Los Romanos.
¿Por qué tanta importancia? Sabemos que cuando hablamos de Carta a los Corintios, a los Tesalonicenses, a los Gálatas, o en este caso, a los Romanos, no es que Pablo haya escrito a toda la ciudad de Roma; son cartas a comunidades cristianas en distintos lugares. O sea, que las cartas a los Corintios no son cartas a todos los ciudadanos de Corinto, ni las cartas a los Tesalonicenses son cartas a todos los ciudadanos de Tesalónica, sino cartas a las comunidades cristianas de esos sitios. Entonces, la Carta a los Romanos, es la carta a las comunidades cristianas de Roma, lo cual de inmediato nos despierta dos preguntas:
Primera, ¿por qué es tan importante esta comunidad? Si Pablo entrega a los cristianos de Roma, un documento que de hecho es el más largo del Nuevo Testamento, quiere decir que eran muy importantes para él.
Segundo, ¿cuál es el origen de esta comunidad cristiana? Pablo mismo dice en su carta (lo vamos a leer muy pronto), que quiere visitarlos, pero claramente se deduce de sus palabras, que él no es el fundador, él no es quien ha predicado en primer lugar allá (cf. Rm 1, 1-7). El apóstol Pedro llegó también a la ciudad de Roma, y ambos, tanto Pedro como Pablo, podemos decir, que consagraron, con el derramamiento de su sangre, el cimiento de la fe cristiana en Roma; esa es la gran importancia que tiene Roma para nosotros los cristianos, porque es el lugar del sublime y supremo testimonio de los dos grandes apóstoles: Pedro y Pablo.
Pero la pregunta sigue: oye, y ¿quién fundó esta comunidad? No hay una respuesta definitiva. Los orígenes del cristianismo en Roma, parecen ser mucho más humildes, y parece que indudablemente, las raíces cristianas de Roma, están en las clases más bajas, las más despreciadas de la gran urbe. Más que un solo fundador, como decir un apóstol, es la presencia de humildes testigos del Evangelio, la que va haciendo posible estas primeras comunidades. En el mundo antiguo, no era extraño que se dieran viajes, intercambios comerciales y que muchas personas, por consiguiente, llegan a Roma. Pues, algunos de estos cristianos, que en su buena parte permanecen anónimos, dieron origen a estas comunidades.
Pero, entonces, la otra pregunta: ¿por qué Pablo considera tan importante, esta comunidad? La única respuesta posible es: porque siendo el centro de un imperio pagano, llegar al corazón mismo de ese imperio, plantar ahí el estandarte de la Cruz, anunciar en el centro mismo de la idolatría y del paganismo el reinado de Cristo, tiene un significado absolutamente único. Y Pablo, lo sabe; Pablo sabe que en esa comunidad, sin duda, se está cumpliendo aquella promesa de Cristo, aquel mandato de Cristo, también: “Seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaria, en Galilea, y hasta en los confines del mundo” (Hch 1, 8). Se cumple en Roma, que el Evangelio llega y triunfa, se instaura y florece, incluso, en los confines del mundo.
Así, que acerquémonos a esta comunidad de orígenes tan humildes, y escuchemos la palabra sabia de Pablo, para descubrir también nosotros, cómo el Evangelio de Jesús, triunfa por encima de toda idolatría.