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El 21 de septiembre, nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta del apóstol San Mateo. Para nosotros los católicos esta fiesta tiene un nuevo aspecto, tiene quizá una nueva belleza o profundidad desde la elección del Papa Francisco. Nuestro Papa Francisco ha insistido de un modo perseverante y coherente, sobre la necesidad de la misericordia, y precisamente, en el llamado que Cristo hace a San Mateo, lo que brilla sobre todo, es la misericordia (cf. Mt 9, 9-13).
Un gran comentarista de la Biblia, un santo llamado “Beda el Venerable”, refiriéndose a ese llamado de Cristo, hace este comentario en la lengua Latina: “miserando atque eligendo”; y esas palabras fueron las que acompañaron el ministerio episcopal de Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, y que ahora son el lema, podríamos decir, la frase principal y primera del pontificado de Francisco.
“Miserando atque eligendo”; podríamos traducir esa frase, diciendo: teniendo compasión y eligiendo. “Miserando”, es algo así como lo que a veces ha dicho el mismo Papa: “misericordiando”, “ejerciendo misericordia”, aún más, “expresando misericordia”, y aún más, “siendo misericordia”. Miserando, expresando, viviendo y siendo misericordia, Cristo elige. De modo que la elección de Mateo es una expresión de misericordia, pero al mismo tiempo la abundancia de la misericordia es la que elige a Mateo; estos dos verbos: tener compasión y elegir, se complementan en el comentario de Beda el Venerable.
De modo que la expresión de la compasión, es el haber elegido; y al mismo tiempo, la elección, nos está mostrando el tamaño, la profundidad de la misericordia; “La misericordia se hace visible en la elección, y la elección se hace posible por la misericordia”, esta frase, que me parece que sería muy querida por nuestro Papa Francisco, y que nos ayuda a asomarnos con ternura, gratitud, confianza y alabanza a la escena del Evangelio de hoy: “La elección se hace posible por la misericordia, pero al mismo tiempo, la elección hace visible la misericordia”.
Pidamos al Señor, que nosotros lleguemos a experimentar esa “misericordia transformante”, porque Mateo, una vez que fue llamado por Cristo, ya no siguió siendo el mismo Mateo, su vida fue otra cosa. Misericordia transformante, misericordia que no es simplemente palmada en la espalda o compasión lejana, que no consiste simplemente en “lastimar” al otro, y que tampoco lo deja hundido en su pecado. Cristo al compadecer y al elegir, hace distinta la historia de Mateo, y quiere y puede hacer distinta también, nuestra propia historia.