I235004a
Nuestro Señor Jesucristo es tan buen Maestro que muchas de sus frases y expresiones realmente son muy fáciles de recordar y se quedan para siempre con uno, por ejemplo lo que aparece en el pasaje de hoy, capítulo sexto de san Lucas. Dice san Lucas que Cristo hace la comparación entre nuestra manera de juzgarnos a nosotros mismos y la manera de juzgar a las otras personas. La verdad es que para con nosotros mismos somos siempre complacientes, siempre nos justificamos, mientras con nuestros hermanos solemos ser duros, implacables y justicieros; hasta el punto que aún una cosa pequeña como una mota en el ojo del otro lo criticamos, y no nos damos cuenta de la viga que tenemos en el propio ojo. Por supuesto es una comparación en cierto sentido tan gráfica y voluminosa que cuando se ha oído esto de la viga y la mota ya no se olvida. Lo importante entonces es aplicarlo a la propia vida y decir: “cuáles serán las motas o pajillas que están ganando mi atención, lo que siempre estoy criticando en otros y sobre todo cuáles serán las vigas que están obstaculizando mi propia visión”. Cuáles serán esas vigas que tenemos en nuestros ojos, qué será lo que nos impide realmente conocernos y en concreto conocer nuestros defectos.
Estas son tres grandes “vigas” que he visto en mi propia historia y que creo que he reconocido también en la vida de otros hermanos y si comparto esto es con el propósito principal de que podamos irnos liberando de los impedimentos que nos llevan a no conocernos. De hecho esta gran santa de la Iglesia Católica, la doctora de la Iglesia Catalina de Siena dice que el comienzo de la verdadera vida espiritual está siempre en el conocimiento d e sí mismo; mientras tengamos estas vigas no nos vamos a poder conocer.
La primera es que no nos gusta reconocer nuestros defectos porque no nos gusta sentirnos vulnerables, es decir no nos gusta sentir que alguien quizás podría tener razones para atacarnos, queremos ponernos una especie de coraza: “yo soy quien tiene siempre la razón, soy el perfecto , soy quien sabe de todo” y por eso, porque nos encanta ponernos una coraza no queremos reconocer errores; el reconocer errores nos obliga a conocer nuestra vulnerabilidad, y por el contrario queremos presentarnos fuertes para poder ganar frente a otros, para poder seguir adelante en nuestros combates y luchas; lo anterior nos hace mucho daño.
En segundo lugar, una viga grande que tenemos es la de autoimagen. A lo largo de nuestra vida hemos ido creando y criando una autoimagen; pero cuando la persona se enfrenta a la realidad de lo que es y descubre los defectos que realmente tiene esa autoimagen se agrieta y eso duele, y ese dolor no lo queremos; no queremos aguantar ese dolor y rechazamos la verdad; como una persona que estuviera dopada, dormida o drogada y no quiere despertar, así somos nosotros porque no queremos maltratar esa autoimagen y ahí definitivamente nos equivocamos.
En tercer lugar, otra viga que nos hace mucho daño, es que al reconocer nuestra necesidad también reconocemos que dependemos de otros y depender de otros es algo que cuesta trabajo cuando se ha tenido decepciones y cuando lo han traicionado, al sentir que la confianza que alguna vez se puso fue defraudada; ahí cuesta mucho trabajo llegar de nuevo a la confianza. Y por eso nos ponemos esas vigas, porque queremos presentarnos fuertes porque nos duele admitir nuestros errores y porque nos cuesta trabajo volver a confiar. Hoy en el nombre de Cristo somos invitados a dejar esas vigas, somos invitados a no caer en ese error, somos invitados a llegar a la presencia de Cristo y decirle: “libérame, regálame el don de la luz”.