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El Evangelio de hoy está tomado de (Lc 6,20-26). Lo que tenemos en esta ocasión es la versión que nos da San Lucas de las famosas bienaventuranzas. Quizás el texto de San Mateo que está en el capítulo quinto sea un poco más conocido, pero no debemos olvidar que las bienaventuranzas han llegado hasta nosotros en esas dos versiones, la versión de Mateo y la versión de Lucas y la que hoy ha sido proclamada en la Santa Misa es la versión de San Lucas.
Hay diferencias entre estas dos versiones, en San Mateo aparecen unas ocho bienaventuranzas, en cambio en San Lucas aparecen solamente cuatro, pero tal vez la diferencia más notable es que Lucas además de contar quienes son bienaventurados, también cuenta quienes tienen serias razones para preocuparse, es decir lo que algunos llaman las malaventuranzas. Hay un contraste bastante claro, una contraposición bastante evidente entre las bienaventuranzas y las malaventuranzas, Lucas nos dice: “Bienaventurados vosotros los pobres” (Lc 6,20) y luego dice : “Ay de vosotros los ricos” (Lc 6,24). Por cierto esta manera tan directa de dirigirse al auditorio: “vosotros los pobres, vosotros los ricos”. Esa manera de hablar no aparece tan clara en San Mateo, en Mateo los enunciados de Cristo son un poco más generales: “Dichosos los pobres” (Mt 5,3) en cambio Lucas dice: “Dichosos vosotros los pobres” (Lc 6,20) así que ésta es una diferencia adicional, Lucas utiliza un lenguaje bastante más directo, como que nos hace partícipes de la escena de un modo más inmediato, esto es lo que sucede en San Lucas.
¿Cómo entender esa contraposición?
Pues cuando nosotros recordamos lo que significan los pobres de Yahvé, cuando recordamos la historia del pueblo de Dios que había sido machacado y triturado por el destierro, pero que después pone toda su esperanza en Dios, entonces entendemos que esos pobres que han sido triturados según el mundo, son aquellos que tienen como única riqueza a Dios, los que en cambio no han hecho ese descubrimiento, los que todavía se siguen guiando de su talento, de su inteligencia, de sus amigos, de sus riquezas, esos son los que Lucas llama, los ricos.
Aquellos que no han descubierto que solamente puede uno realmente fiarse de Dios y que es tontería y es necedad fiarse demasiado de la propia virtud, del propio conocimiento o de los propios bienes, los que no han hecho ese descubrimiento, esos según San Lucas son los malaventurados, es decir que hoy en el fondo el evangelista nos está poniendo frente a dos caminos y tenemos que escoger. ¿Quieres tomar el camino de aquellos que ya descubrieron que necesitan radicalmente de Dios, y sólo en Dios está su esperanza? Si quieres tomar ese camino, considérate feliz. Si no has descubierto eso, si todavía piensas que tu vas a poder con tus solas capacidades, tus amistades, tus talentos, si crees todavía que vas a poder tú solo, entonces ve y estréllate, pero te va a ir mal y vas a sufrir, por ahí no es el camino, esa es la enseñanza que de un modo muy concreto y muy cercano, nos ofrece San Lucas en el precioso texto del día de hoy.