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La primera lectura del día de hoy está tomada del capítulo 32 del Génesis, admitamos que es un pasaje de no tan fácil interpretación; encontramos al patriarca Jacob en soledad y en la noche batallando, peleando con un personaje misterioso, ese personaje, un ángel de Dios al final lo hiere y lo bendice. Qué podemos aprender de un pasaje tan extraño, que casi parece tomado de una película de ciencia ficción. Esa lucha entre Jacob y el ángel ha servido a los grandes predicadores y doctores de la Iglesia, a quienes llamamos los Padres de la Iglesia para darnos algunas enseñanzas en clave de alegoría. Por ejemplo se puede comparar esa lucha entre Jacob y el ángel, como la lucha entre nuestra voluntad y nuestros planes versus los planes de Dios.
Tenemos que admitir que no es tan sencillo aceptar la voluntad de Dios y muchas veces sentimos que lo que a nosotros nos parece más razonable, lo que nos parece mejor no se nos dá y en cambio Dios pareciera obstinarse en llevarnos por un camino distinto; en esos momentos quizás se produce una especie de forcejeo entre nuestra voluntad y la de Dios, un forcejeo que se parece bastante al pasaje de hoy en el capítulo 32 del Génesis.
Otra comparación es la que se da entre nuestro pasado pecador y las virtudes y dones que el Señor quiere otorgarnos, podemos decir que cuando hay una conversión, nuestro pasado es nuestro pero nuestro futuro está en manos de Dios; nuestro pasado a veces pelea con nuestro futuro así como Jacob peleó contra ese ángel; por ejemplo una persona que ha estado acostumbrada a cometer un determinado tipo de pecado puede experimentar una gran dificultad para dejar eso que ya se le ha vuelto costumbre, para esa persona puede ser realmente muy difícil decir que ya no va a beber más, o que no va a ver más pornografía, o ya no va a fumar más, o va a dejar de murmurar; porque cuando el pecado ha hecho casa en nosotros se convierte en parte de como nuestro propio ser y entonces se dá una lucha, se dá una especie de contienda entre lo que hemos sido y l o que Dios quiere que seamos, ese futuro nuevo; hay una contienda entre el hombre nuevo y el hombre viejo, representados quizá por Jacob y el ángel en el pasaje de hoy.
Otra interpretación de esa especie de combate la tenemos cuando hablamos de la oración, porque en más de una oportunidad la oración supone una especie de combate y es especialmente apropiada esta comparación por el hecho de que la pelea entre Jacob y el ángel termina en una bendición, finalmente Jacob por decirlo de alguna manera, sale ganando, pero sale ganando después del combate y le queda una especie de herida de guerra y eso se parece mucho a la oración. Una gran santa como Rosa de Lima le decía al Señor: “me has herido con las flechas de tu amor”, ella se sentía herida; el encuentro con el Dios vivo es transformante y quedan huellas de ese encuentro en nosotros; San Pablo decía “yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús” (Gal 6,17); así también Jacob sale cojeando de este encuentro con el ángel; pero finalmente el resultado es bendición para él y su descendencia y a través de Jacob bendición para todas las naciones de la tierra.
Así que también la oración sirve de punto de comparación para este pasaje y es necesario perseverar en la oración aunque a veces la rutina, el cansancio, las tentaciones de incredulidad nos desanimen; es necesario no dejar que esas fuerzas nos detengan, hay que continuar el combate porque una hermosa bendición nos espera al amanecer.