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Fecha: 19981122

Título: Cristo en la Cruz nos enseña lo que significa verdaderamente reinar

Original en audio: 9 min. 1 seg.


Cuando nosotros celebramos la Eucaristía, queridos hermanos, tomamos pan de harina de trigo. Nosotros lo presentamos en el Altar, oramos según nos manda la Iglesia, invocamos el Espíritu Santo, y por el ministerio del sacerdote, ese pan que nosotros le hemos ofrecido a Dios, Dios nos lo ofrece a nosotros como alimento.

Nosotros le presentamos nuestro trabajo, y Él nos presenta su trabajo, su regalo, su Pan. Mira lo que sucede en este caso en la Eucaristía: Nosotros que le damos a Dios, por así decirlo, un pan, y él que nos da también un Pan. Pero el pan que nosotros le damos a Él, es pan de harina de trigo. ¿Cuánto podría valer ese poquito de harina de trigo? Unos cuantos centavos.

En cambio, lo que nos devuelve Dios cuando sucede la Consagración, lo que nos da Dios, es Pan de los Ángeles, es Pan del Cielo, que no podría comprarse, que no podría producirse con todo el oro del mundo. Es un regalo. El universo entero no puede pagar lo que vale una Hostia consagrada.

Esto que pasa con las hostias, es lo mismo que pasa con los nombres que nosotros utilizamos para hablar de Jesucristo. Nosotros le damos un nombre a Jesucristo. Por ejemplo, decimos que Él es Maestro, decimos que Él es Amigo, decimos que Él es Pastor, Esposo; decimos que Él es Pescador, que Él es nuestro Abogado, y en el día de hoy le decimos que Él es Nuestro Rey.

Pero estos nombres que nosotros le damos a Cristo, son nombres muy pequeños, si pensamos en todo lo que es Jesucristo. Los nombres con que nosotros le llamamos a Él, son como las hostias que nosotros presentamos en el Altar: son pequeños.

Cristo es más Rey que todos los reyes de la tierra, es más Pastor que todos los pastores que hemos conocido, es más Maestro que todos los maestros juntos; Cristo es más Amigo que el mejor de los amigos.

Nosotros llamamos a Jesucristo, por ejemplo, Buen Pastor, y luego Él llena de sentido, llena de contenido, llena de belleza, llena de sabiduría esa palabra que nosotros le hemos dicho, y entonces nos muestra con su vida, con su ejemplo, con el poder de su Espíritu, qué significa ser verdaderamente pastores.

Cuando nosotros llamamos a Cristo Pastor, estamos transponiendo a Él, o hacia Él, la palabra de nuestra realidad humana, para nombrar algo que está más allá de nosotros.

Cuando Él se muestra como Buen Pastor, entonces Él vuelve a nuestra realidad, y llena de contenido, y llena de belleza y de sabiduría la palabra que nosotros le hemos dado.

Es lo mismo que sucede con las hostias. Nosotros le decimos a Jesús: "Tú eres mi Amigo". Y los amigos que nosotros hemos conocido, son buenos amigos, aunque a veces nos fallan; son buenos amigos, aunque a veces nos traicionan.

Nosotros le decimos a Jesús: "Tú eres mi Amigo". Y Él acepta esa palabra que nosotros le decimos, y se manifiesta a nosotros, y llena con la gloria de su Resurrección, y con el poder de su Espíritu, esa palabra; entonces descubrimos qué significa ser amigo.

Cuando Él aparece ante nosotros con el poder de su Espíritu, entonces decimos: "Este sí es el Amigo, amigo por encima de todo amigo".