Cinco charlas de Mariologia (5 de 5)

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar


El Padre Gianni Colzani pertenece al clero diocesano, está adscrito a la arquidiócesis de Milán, es mariólogo, como especialidad suya, profesor de la Universidad Urbaniana, en Roma, escritor prolífico. Él nos ofreció un par de ponencias en el reciente Congreso de Teología Mariana en Chiquinquirá. Y voy a apoyarme en una parte de un escrito suyo para referirme al futuro de la Mariología, sobre todo en el siglo XXI, que ya es mucho decir.

Empieza diciendo el Padre Colzanni: "El haber aceptado un título como este del futuro de la Mariología, es probablemente signo de inconsciencia; hipotizar la la tarea que la Teología desarrollará en los próximos noventa años, significa preguntarse cuáles serán las opciones estratégicas de la Iglesia del futuro; preguntarse sobre el servicio que la Teología podrá ofrecer a esas opciones e interrogarse sobre el valor que la piedad mariana podrá revestir en orden a dichas opciones, porque no soy profeta, -dice el Padre Colzanni-, me consideraré satisfecho con partir del hoy y de proyectar la mirada un poco hacia adelante. No es fácil, no es sencillo hablar de la Iglesia del futuro en estas circunstancias".

Y un poco más adelante nos da una imagen, nos pinta un cuadro a grandes brochazos sobre lo que está sucediendo hoy y cómo puede impactar hacia el futuro, creo que fue la parte más interesante del trabajo que tuvimos en esos días. Dice el Padre Colzanni: "Sin entrar en un análisis de las transformaciones sociológicas y de las raíces culturales y filosóficas de estas transformaciones, bástenos reconocer aquí un dato pacífico, es decir que nos encontramos ante un cambio de época, un cambio radical de interpretación de la vida". Ese es como el centro de gravedad de la propuesta del Padre Colzanni: "Nos encontramos ante un cambio radical de interpretación de la vida".

Por supuesto, esta reflexión que él hizo, estaba destinada a los asistentes del Congreso, pero yo creo que adquiere como un eco particular cuando se pone frente de una de las formas de vida consagrada que tiene más estabilidad, por algo decía San Bruno, el del día de hoy, Patrono de mi hermano, porque así se llama mi hermano, Bruno, y se llama Bruno por el santo, ¿no? No es por otra razón. Decía San Bruno: "Stat Crux dum volvitur orbis", o en todo caso ese es lema de la Orden Cartuja, "Stat Crux, la Cruz permanece en pie y permanece firme, "dum vulvitur orbis", mientras la tierra o el mundo da y da vueltas, la Cruz permanece como referencia permanente.

Por eso digo, que esto que nos va a decir Colzanni, creo que es bien interesante desde la perspectiva de la estabilidad propia de la vida monástica, y de esa referencia continua de la vida cristiana y religiosa al misterio de la Cruz.

Sigue él: "Me consideraré satisfecho recordando los fenómenos principales, dejando su explicación a quien le corresponda", y empieza la enumeración: "Son fenómenos que van desde la secularización postmoderna a la globalización y las reacciones que esta ha suscitado". Dos términos: "secularización postmoderna".

Recordemos un poco qué se quiere decir con postmoderno aquí. La modernidad se suele entender hoy como un proyecto, proyecto económico, social y filosófico a la vez, un proyecto que hunde sus raíces en la Ilustración y que tiene como características principales un profundo optimismo, una confianza irrestricta en la razón humana y una mirada hacia la historia como un ascenso, como un progreso; tal vez la palabra que mejor define a la modernidad es progreso, un progreso desde las fuerzas de la razón, un progreso desde las fuerzas del ser humano.

Por supuesto, como se plantea en términos de la razón, se espera que sea omnicomprensiva, y como se plantea desde la razón, se espera también que desconfié de lo que no pueda masticar suficientemente y digerir la razón, en concreto, la modernidad tuvo desde el principio esa tensión con todo lo que no cupiera en las leyes científicas y todo lo que no fuera susceptible de análisis, critica y, eventualmente, descarte de parte de la razón.

Una consecuencia que esto trae es que la institución eclesial, la Iglesia como tal, pues queda descartada, porque la Iglesia como institución reposa sobre una realidad que es sacramental; pero para aquel que no cree en los sacramentos, ¿qué es el clero? Pues es una casta que se perpetúa en el poder, eso es lo que es el clero, y resulta enormemente fastidioso. Ya esta semilla de enojo, de fastidio contra la Iglesia estaba presente en algunos de los grandes ilustrados. Recordemos el lema de Voltaire: "Hay que destruir a la infame", y la infame para él es la Iglesia, es la gran enemiga. El primer enemigo no es Dios, no es la religión, el primer enemigo es la Iglesia.

Pero la Iglesia se convierte en enemiga por el clero y por la Revelación, la Revelación que quiere ponerse como una autoridad más allá de la razón, y el clero que quiere sustentarse sobre una realidad sacramental que la razón no puede dominar. Entonces, la Iglesia resulta detestable.

La modernidad, según esta concepción, pues se convierte en un programa de vida, que es el que ha ciertamente empujado o potenciado lo que se llama el desarrollo. Hoy se habla de países desarrollados, pues buena parte del desarrollo tiene que ver con la modernidad.

Como la modernidad tiene esa estructura racional, entonces quiere tener grandes teorías. Dicen los filósofos de estos temas que es propio de la modernidad las grandes narrativas, una teoría que abarque todo, que explique todo. Ese proyecto optimista de la modernidad empieza sin embargo a hacer agua, como se dice.

En el siglo XIX ya hay un problema que es la fractura de la sociedad. La utilización de la razón en términos de tecnología produce obviamente la Revolución Industrial, que es ambigua, porque significa un gran progreso, como quería la modernidad, pero a un precio altísimo: el precio de convertir, en la práctica, en esclavos a muchísimos de los miembros de la sociedad. La Inglaterra del siglo XIX es un lugar sencillamente espantoso, es una gigantesca fábrica, es una máquina en la cual no se vive sino para alimentar otras máquinas y para aumentar el lucro.

La vida de la clase obrera se vuelve terriblemente miserable, y así surge dentro de la modernidad una escisión que es la propia del comunismo filosóficamente alimentado por Marx. El comunismo no es una respuesta a la modernidad, sino es una versión nueva de modernidad que intenta dar una respuesta racional al progreso y a la productividad, pero venciendo las falencias propias del egoísmo capitalista. La modernidad, sin dejar de tener su unidad, fractura a la sociedad, machaca a los pobres y a la clase obrera, se divide en dos brazos pero sigue siendo esencialmente una.

Así llegan las cosas al siglo XX, pero en el siglo XX ya el barco se encuentra con otro iceberg, y hace mucha más agua. En el siglo XX nos encontramos con lo que en esa época se llamó la Gran Guerra, que nosotros llamamos la Primera Guerra Mundial. Y la Primera Guerra Mundial de nuevo es ambigua, hay unos avances tecnológicos fantásticos, lamentablemente avances que están al servicio de la muerte. Por ejemplo, la aviación progresa de un modo exponencial, pero ese progreso está ligado a la capacidad de darle más duro en la cabeza al enemigo. Hay un progreso tecnológico, pero ese progreso ya es descaradamente homicida.

La química avanza, pero avanza, por ejemplo, para producir el espantoso, el infernal gas mostaza, que desfigura, que quema a las personas y que se convierte en un modo nuevo de luchar.


Entonces va a aapreciendo un rostro que era inesperado para la gente de la Ilustración. Diderot, por ejemplo, tenía un optimismo total sorbe la razón. Para ellos, "el fanatismo es el lenguaje propio de los que creen, de la gente religiosa, pero nosotros, los racionales, pues no vamos a caer en esos extremos", esa era la hipótesis, y sin embargo vemos que la Europa super rracional cae en esos y en otros y peores extremos.

Unos años después, superada esa primera gran guerra, vuelve un poco el optimismo, pero viene la terrible crisis económica, el período de la gran depresión en Estados Unidos, -estamos hablando de mil novecientos veintiocho o veintinueve-, Estados Unidos entra en profunda depresión, cantidad de gente que se suicida, es decir, el sistema económico que parecía como una máquina que iba a dar la felicidad a todo el mundo, se muestra insuficiente para responder incluso a las necesidades básicas de las personas. Ya esos son golpes mucho más serios al proyecto de la modernidad.

Entonces viene otro golpe. Terminada la Primera Guerra Mundial, o apenas terminando la Primera Guerra, está la revolución Bolchevique del diecisiete, y entonces durante unos años está Lenin, todavía rebozando optimismo, y con ese mismo optimismo se recibe a José Stalin, y Stalin se presenta también como un racionalista: "Vamos a ser racionales, vamos a organizar la producción; y para ser lógicos, pues vamos a diseñar proyectos", son los famosos planes para cinco años, los planes quinquenales de Stalin.

Pero los planes quinquenales de Stalin significan el reacomodamiento de la vida y del trabajo de millones y millones de personas, y entonces es una operación de transformación demográfica forzada que lastima, que despedaza a mucha gente, y surge oposición. La respuesta de Stalin no tiene nada de racional, pues los enemigos de la revolución son enemigos del pueblo, y al pueblo hay que defenderlo de sus enemigos, entonces, "echen para Siberia".

Y se empieza a constituir una máquina espantosa de muerte que en el curso de pocos años mata a más personas que las que habían muerto en la Gran Guerra, en la Primera Guerra Mundial, y de nuevo esto se hace a nombre de la razón, ¿entonces qué está sucediendo? que el proyecto de la modernidad cada vez presenta más falencias, ese barco cada vez hace más agua, y cada vez se presenta un mayor desconcierto.

Luego viene la gran depresión, que ya mencionamos, que también deja muchos interrogantes: "Se suponía que nosotros teníamos manejado el tema de la economía y, sin embargo, fíjate cuántos pasan hambre y cuántos se encuentran insatisfechos". Y luego la democracia, que se supone que es el gran epítome de la razón, pies elige a Adolfo Hitler, en Alemania, esa fue una elección, para que se sepa para qué puede servir la democracia, pues Hitler fue elegido democráticamente, para los que alaban la democracia, pues que se sepa que no lo resuelve todo.

Hitler es elegido y empieza su campaña sistemática de extermino, no solamente de judíos, sino de polacos, de extranjeros y de todos aquellos que o adoraran sin reservas su proyecto racial y su proyecto económico.

Y también ahí hay mucha racionalidad, como hay racionalidad en el diseño de la bomba atómica, y como hay racionalidad en un avance industrial que produce basura, que destruye el planeta, que llega luego a Corea, que llega luego a Vietnam, que llega luego a la guerra fría, y durante décadas la mayor parte de los países son como convidados de piedra, mirando cómo discuten dos gigantes, que son Estados Unidos y Rusia, o mejor dicho, la Unión Soviética, mirando a ver cómo discuten muchos países, la mayoría, de hecho, de Europa Oriental, ven cómo, en sus pacíficas colinas y campos se instalan silos, en los cuales hay misiles nucleares.

Pues tal vez esa realidad no la hemos tenido cerca, o no sé si alguna de ustedes la haya tenido cerca, pero tratemos de hacer la composición de lugar. Tú trata de imaginarte que tú tienes tu terreno, tienes tu finca, de ahí ha comido y de eso ha vivido tu abuelo, tu familia toda la vida, y de repente tu vecino de toda la vida recibe una instrucción del Gobierno: "Te vamos a pagar tanto por tu terreno, pero tienes que salir ya", y lo mismo el otro, el otro y el otro, y tú te quedas perplejo: "Por qué el Gobierno les está haciendo eso?"

Les compran ese terreno, llega una cantidad de maquinaria, y tú doces: "¿Que están haciendo? ¿Esta es una fábrica?" No, esta no es una fábrica: están construyendo un depósito subterráneo, de manera que te cambian de vecino, ahora tu vecino no es don Antonio González, que conociste toda la vida, que se tomaba unos vinos con tu papá, ahora tu vecinos es una cabeza nuclear, queda ahí a trecientos metros, esperando el momento a que Washington o alguien determine cuándo hay que oprimir un botón para que salga eso, ese mensajero de la muerte y destruya millones en Rusia, o en Ucrania, o donde sea. ¿Qué lógica hay en eso? Es decir, ¿como se puede reconocer progreso de la humanidad en una locura de esas?

Todo esto es para indicar por qué el proyecto de la modernidad empieza a hacer crisis, una crisis hasta cierto punto irreparable. Entonces la gente reacciona de muchos modos, y una de las reacciones es despedirse de ese proyecto de la modernidad, y las despedidas son muchas.

Se suele asignar la fecha 1968 como la fecha de la crisis, de la gran crisis. ahí es en donde la racionalidad estalla, estalla en París, porque parece que Francia tiene liderazgo en muchas de estas cosas. Estalla en París, viene la revolución de los estudiantes, el Gobierno intenta responder de un modo racional: " A ver qué es lo que tú quieres", y las protestas son muchas.

A esa generación de jóvenes todo le disgusta: les disgusta el mundo como está, les disgusta vivir bajo el miedo, les disgusta el imperio de la bomba atómica, les disgusta tener que construir tan pesadamente, tan dolorosamente lo que se despedazó en la Segunda Guerra Mundial, solo para esperar a que venga otra guerra peor y nos convierta en esclavos de quién, o nos deje mutilados, o nos deje deformes, o llenos de tumores, o incapaces de engendrar. Hay un descontento con la economía, con el Gobierno, hay una especie de sensación de caos.

Y la racionalidad estalla también en las protestas. En alguno de los famosos graffitis del París de mil novecientos sesenta y ocho, los estudiantes de la Sorbona escriben: "Queremos pupitres de chocolate", ¿detrás de esa frase qué hay? Es poesía, porque es al mismo tiempo indicar un descontento infinito y la imposibilidad de saciar ese descontento. A su modo, esa frase tan tonta lo que está diciendo es: "El mundo no nos gusta y no hay nada que pueda repararlo".

Entonces vien una revolución, en el mundo desarrollado, que junta muchas cosas: un nuevo tipo de música, entonces entra el rock, en todo el mundo; un nuevo tipo de cultura, que es la cultura hippy, y viene el consumo abierto de drogas, y viene una sensación de despedirse de todo, algunos, con el dramatismo de tomar su propia vida, de suicidarse, otros, en cambio, desde una actitud más bien cínica, que en el caso de España se puede identificar con la palabra pasota, es aquel que pasa de todo: "Paso de la Iglesia", "paso del Gobierno", "nada me importa", "nada me mueve", "nada me entusiasma", "no hay posibilidad de volverme feliz".

Pero los que no se suicidan, porque los que se suicidaron, hasta ahí llegaron, los que no se suicidan empiezan a trabajar en distintas causas, y esas causas configuran un abanico de fenómenos que se suelen llamar postmodernidad, esa es la posmodernidad.

Características de a postmodernidad, de acuerdo con los que siguen esta secuencia: pues la postmodernidad está centrada en la subjetividad. Si la racionalidad presume de ser objetiva, "nosotros tenemos la verdad", en la postmodernidad lo que interesa es "mi verdad". "Tú tienes tu gran Teología Moral, pero a mí eso me vale un cuerno, no me importa, yo tengo mi moral". "Tú tienes tu gran teoría filosófica, pero eso a mí no me dice nada, a mí lo que me dice algo es senderismo, o pintura psicodélica, o arte música", o, -y aquí viene otra característica-, la emergencia del grupo de amigos como único ámbito de existencia emocional, es decir, el pequeño grupo.

La gran narrativa, es decir, las grandes teorías se han fracturado y caen, lo único que queda son los pequeños relatos, esto está muy vivo. Y es impresionante, sobre todo cuando uno viene de otra cultura en la que las cosas han funcionado de otro modo, es impresionante cuando uno llega a Europa o llega a estos países, darse cuenta que un poco en todas partes ese lenguaje está vivo. La manera de predicar cambia, porque esto afecta a todas las realidades, la manera de predicar cambia.

El modo típico de predicar antes del sesenta y ocho es: "Mira, aquí está la verdad, lo voy a explicar despacio y entiéndelo de una buena vez: la verdad es esta, y esta, y esta, tu papel en el mundo es este, eso es lo que tú vas a ser, ahora que ya sabes, pues no es sino que agarres bien tu timón, acelera, y dale por ahí, eso es, no es más". Y ese es el modo de la gran narrativa, de la gran teoría.

En cambio, la predicación cambia radicalmente y se convierte más bien en: "Bueno, pues mira, de momento lo que a mí me ha funcionado es esto, quizás a ti te sirva". Fíjate el cambio tan total, por lo pronto, la frase "de momento", "de momento", que es la frase española que a mí me fascina, entre otras, "de momento" ¿qué quiere decir? Por ahora, es decir, "yo no pretendo que esta es mi verdad, ni que esto me define a mí, ni que esto te define a ti, ni que esto define nada". De momento, es decir, en este pedacito, en este reducto.

El hombre postmoderno y la mujer, por supuesto, el hombre postmoderno se siente como un explorador en un bosque de niebla: "Yo lo único que alcanzo a ver es aquí, entonces, de momento, esto, de para allá, pues qué se yo; el pasado, no se sabe, y el futuro, tampoco se sabe; arriba, no se sabe si hay cielo; abajo sí sabemos que está la tierra". Es el explorador, a veces amargado, a veces entretenido, del bosque lleno de niebla. Y, por supuesto, si yo voy en un bosque lleno de niebla, ¿qué es lo mejor que me puede suceder? Encontrar buenos compañeros de camino.

Entonces viene un valoración extraordinaria de la amistad, pero esa valoración extraordinaria llega al punto de convertirse en un credo. Lo más espantoso que le puede suceder a mucha gente es que le fallen los amigos, más que la familia.

Es interesante ver en estas grandes luminarias y grandes celebridades, como decir, por ejemplo, la cantante Madonna, que es una de las profetisas de la postmodernidad, es muy interesante ver cómo ella predica, ella no solo canta, ella predica, predica un modo de vida, cualquiera diría que lo único que predica es libertinaje, pues no, Madonna, en los conciertos, yo he visto muy poco de ella, pero lo suficiente para poder decir con conocimiento de causa, les dice a los jóvenes: "Tienes tus amigos, tienes en ellos tu todo, esa es tu vida".

Entonces, los muchachos , los jóvenes se sienten desconectados de su familia, ¿por qué? Porque la familia habla de un pasado que ya es niebla; se sienten desconectados de unos hijos que no saben si tener o no tener, esa es otra niebla, "¿vale la pena tener hijos? Pues no lo sé, de momento, creo que no; si a ti te parece, allá tú", ese es el lenguaje de la niebla, la postmodernidad es la niebla: "Aquí, yo no sé, entre tú y yo hay una niebla, así que lo que a mí me sirve, quizás a ti no te sirve".


Hay algo positivo en ese modo de hablar, si lo miramos desde el ángulo del Evangelio, y es que es un modo mucho más humilde. Muy fácilmente en el lenguaje anterior al sesenta y ocho se caía en una arrogancia, ¿no? Es decir, el cura subido en el púlpito era un semidiós, lo que él dijera eso tenía que marcar la vida de poblaciones enteras, sobre todo en los pueblos sí que se veía eso, el cura era el semidiós, era el que lo sabía todo, el que lo entendía todo, él era el supremo, ahí está, el supremo: lo sabe todo, lo entiende todo, lo juzga todo, opina sobre todo; ahora es el otro extremo: nadie sabe nada, "no lo sé".

Y del "no lo sé", se pasa al "no me importa", o sea, "a mí ni me va ni me viene, de momento, lo que tengo es esto, y tú tienes lo que tú tienes, y no más". ¿Entonces lo único que existe qué es? Existe el presente, existen los amigos, existe el sentirse bien, existe el pasarlo bien. Por consiguiente, de ahí vienen las denuncias que hace Benedicto XVI, por ejemplo, cuando habla de la dictadura del relativismo.

Porque curiosamente, una vez de que uno está convencido de que la vida es tiniebla, pues uno se disgusta enormemente de cualquier persona que vaya a decir cualquier otra cosa; si yo veo que la vida es niebla y tú me dices: "-Mira, yo creo que el planeta Venus está asomando detrás de esa montaña", "-mira, ni se ve montaña, ni se ve Venus, ni se ve nada, así que no vengas a inventar, o si quieres, haz ficción, pero dinos que es ficción".

Entonces nuevamente la Iglesia resulta terriblemente fastidiosa, porque la Iglesia se presenta como una institución que tiene la pretensión de asegurar que, más allá de la niebla, están montañas, están valles, están ríos, están ciudades, están construcciones, castillos, templos, bibliotecas, autores, "¿tú qué sabes de todo eso, si aquí lo que tenemos es el bosque lleno de niebla? ¿Tú pretendes que te admitamos todo ese rollo? Tú lo que eres es un pesado, eso es lo que eres tú, un pesado, y de momento no quiero hablar contigo, se acabó el diálogo contigo. Tú, quédate con lo tuyo, respeta las reglas de la niebla".

Y, por consiguiente, "como no estamos seguros de nada, tenemos que declararnos agnósticos", esa es la otra característica de la postmodernidad, la postmodernidad es agnóstica, no se puede estar seguro de nada.

Una persona en la modernidad, ¿qué actitud tomaría, por ejemplo, ante la vida consagrada monástica? Tomaría una de dos actitudes: "Oh, sublimes princesas, casi ángeles de la Corte celestial", esa es una, la otra es: "Amargadas, vendidas al sistema, mentiras vivientes", y otras impublicables. Es decir, la modernidad solo puede reaccionar con las vísceras, es una reacción visceral: o el monje es un ángel, en esta tierra, o el monje es el príncipe de los hipócritas, no hay otra posibilidad; o el sacerdote es el alter Chirtus, o el sacerdote es aquel que merece que se le torture y que se le mate.

Aquí, en España, por supuesto, esa es la situación que se vivió en la guerra civil, en los años treintas, esa fue la situación, esa es una reacción propia de la modernidad: "Los que están con Cristo es con cristo Rey, y que Cristo reine y que caiga quien caiga"; y los que están contra Cristo, pues, "se viola y se tortura sin piedad y sin compasión, monjas, curas, lo que sea, me da lo mismo", esas son las actitudes de la modernidad: radicalidad total: o a favor o en contra.

En cambio, la persona postmoderna mira todo como algo exótico. Entonces, los amigos postmodernos de Rocío, vale decir, María Sión, los amigos postmodernos llegan y la miran y dicen: "Pues, sí, si te sientes bien en eso, es decir, yo eso lo respeto, yo con eso no me voy a meter", lo primero que te asegura el postmoderno es eso: "Yo no me voy a meter en tu mundo; tú, allá, pues eso está bien para ti, es lo que tú has pensado y, bueno, -¿pero tú cómo te sientes?" Esa es la única pregunta del postmoderno, "-y tú como te sientes?" "-Yo me siento bien porque Cristo..." "-No, chisss, calla, calla, calla, nada, qué cuento de Cristo, tú, tú". "-No, pues bien, bien, sí, aquí estoy bien". "-Ah, bueno, eso es lo importante, eso es lo único importante".

"-¿Y estás comiendo bien? ¿Te dan buena comida ahí? ¿Se descansa y qué?" "- Pues hay algo de descanso, hay algo de trabajo, porque viene la Cuaresma, vamos a hacer algo de penitencia". "-¡Calla, calla, qué penitencia, chisss, calla! En resumen, estás bien". "-Pues sí". "-Bueno, ya , eso es", esa es la postmodernidad, eso es lo único que interesa, tú eres una persona exótica, es decir, si Rocío hubiera dicho: "Mira, me voy de Hare Krishna". "-Bueno, pues te vas de Hare Krishna, te vas de budista, te vas de lo que tú quieras, y lo importante es eso".

¿Qué es o que no se le puede creer a la postmodernidad? No se le puede creer esa especie de desparpajo y esa especie de neutralidad. La gente cree que está abierta a todo, eso no es verdad, la gente no está abierta a todo, ellos creen que están abiertos a todo porque reciben un elenco de posibilidades como decir: "Lo importante es que la gente se entienda; familia es ahí donde la gente se entiende, que son dos hombres, que son dos mujeres, que son tres mujeres y dos hombres, en realidad eso no importa". La gente cree que tiene esa apertura mental, cree.

Pero luego cuando se examinan las cosas se ve que el sistema postmoderno tiene sus propios dogmas, y que esos dogmas hay hay que respetarlos, y que si tú no respetas esos dogmas tienes problemas. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con el dinero, ahhh, ya el dinero sí no es relativo, entonces si alguien me va a quitar mi dinero, pues para eso existe la ley, el código, el detalle, el principio, el..., ¿qué quiere decir eso? Quiere decir, como ya lo han denunciado algunos filósofos, que el proyecto postmoderno en realidad es como una modernidad fracturada, es una modernidad en vacaciones.


Y hay algunos que dicen que simplemente no existe la tal postmodernidad, sino que simplemente existe la modernidad como tal, y algunos que pretenden algo así como darse descanso o darse vacaciones de la modernidad en excursiones de tipo cínico, de tipo hippy, esa es otra teoría que hay.

De entre estudiosos de estos fenómenos hay que contar con nuestro querido Benedicto, que por eso sabe de lo que está hablando cuando denuncia el tema del relativismo

36:00...

35:00...