Cinco charlas de Mariologia (4 de 5)

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 17:20 4 nov 2014 de Ayxa (Discusión | contribuciones) (en la virtud de la prudencia)

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Como el tema general del Congreso Mariano al que hemos ido haciendo referencia era "Gracia y Libertad", es apenas natural que todos, o casi todos los ponentes, hicimos referencia al texto central del capítulo primero, versículo veintiocho de San Lucas, es decir, las palabras iniciales del saludo del Arcángel a la Virgen, donde precisamente la llama "Llena de Gracia" Lucas 1,28.

Y ese tema, pues ya vemos que cada ponente lo abordó desde un ángulo distinto. Así, por ejemplo, la perspectiva bíblica, relacionando con los relatos de anunciación y los relatos de misión, y ese fue el enfoque del Padre Oñoro. Luego la parte patrística, en el Padre Kochaniewics, y luego quisiera comentar de mi propia intervención, que llevaba por título "Llena de gracia, Llena de Libertad", con ese título intentaba relacionar la experiencia de victoria sobre el pecado con la experiencia de libertad, experiencia existencial que acompaña y que perfila la vida de María.

¿Cómo he querido abordar este tema? Pues desde una perspectiva, al mismo tiempo bíblica y sistemática, basándome en particular en lo que dice Santo Tomás de Aquino sobre la Ley Nueva. El texto completo lo tendrán por escrito, así que lo que voy a hacer ahora es desarrollar, con un cierto margen de libertad, esa parte de la Ley Nueva.

Pero ¿qué tiene que ver la Ley con todo esto? Pues tiene que ver porque para Santo Tomás de Aquino la Ley Nueva es el Espíritu Santo mismo, y esa acción del Espíritu, en la medida en que se hace realidad en nuestra vida concreta, toma el nombre de Gracia. Para Santo Tomás la Gracia Increada, es decir, la Gracia Eterna es el Espíritu Santo.

Observemos que esto corresponde con uno de los nombres más bellos que tiene el Espíritu, a él lo llamamos "el Don de Dios", "el "Regalo de Dios". Podría decirse que uno de los nombres del Espíritu es "Carisma", porque esa palabra, "járisma", en griego, quiere decir precisamente regalo, don. Entonces es natural que Santo Tomás mire a Aquel que es don en sí mismo, es decir, al Espíritu Santo, y lo relacione con los dones, con los regalos que ese Espíritu comunica a nosotros, y por eso hace la diferencia entre la Gracia Increada y la Gracia Creada.

Llámase Gracia Increada al mismo Espíritu porque él mismo es don, y por supuesto es increado porque es eterno como el Padre y como el Hijo. Mientras tanto, la Gracia Increada la acción misma de ese Espíritu en cuanto se hace presente en nuestra historia; pero como nosotros somos criaturas, como nosotros tenemos un recorrido y hacemos un camino en la historia y somos creados, entonces aquello que sucede en nosotros también es creado y en ese sentido se habla de la Gracia Creada.

Para Santo Tomás, esta Gracia Cread, esta Impronta Divina en nosotros, es lo mismo que la Ley Nueva. Recordemos que varios de los profetas, en particular Jeremías y Ezequiel, hablan de una Alianza Nueva y hablan de una Ley Nueva. Y la gran diferencia entre la Ley Antigua y la Ley Nueva, es que la Ley Antigua está escrita en piedra, mientras que la Ley Nueva está escrita en nuestro corazón.

Más allá de la metáfora, lo que esto indica es que la Ley antigua no podía alcanzar su objetivo propio; la Ley antigua podía mostrar qué es bueno, qué es malo, podía mostrar esa diferencia y podía hasta cierto punto darnos el gusto para lo bueno, pero no nos daba las fuerzas para alcanzarlo. Esa Ley Antigua quedaba más bien como una acusación en contra nuestra, porque a la vez que nos revelaba el bien, no nos daba los recursos para alcanzarlo. Y, por supuesto, la condición del que sabe lo que es bueno, y no lo realiza, es incluso peor que la condición del que ignora ese mismo bien.

En este sentido, Santo Tomás toma un antiguo tema que se remonta hasta los escritos del autor de la Carta a los Romanos, se remonta a San Pablo. Porque cuando San Pablo dice que "el bien que deseo no lo hago", ahí está describiendo esa dualidad y ese drama tan espantoso de la Ley Antigua. La Ley Antigua despierta la conciencia, hace que uno reconozca lo que es bueno, pero la Ley Antigua no permite alcanzar ese bien. Entonces la situación es la de una tortura, es un bien que está a la vista, pero inalcanzable. Como aquel que está amarrado, muriéndose de sed, en una pileta de agua fresca, y puede ver esa agua, puede sentirla, podemos decir, casi puede olerla, pero no puede saciar su sed en ella.

Ese es el drama de la Ley antigua, y por eso el Antiguo Testamento termina en esa condición triste, en esa condición dramática que se expresa en varios lugares. Por ejemplo, cuando el profeta Isaías dice: "Ojalá rasgases el cielo y bajases", como pidiéndole a Dios que no se quede simplemente contándonos lo que espera de nosotros, sino que nos ayude a conseguirlo. La respuesta a esa súplica de Isaías, del tercer Isaías, dicen los expertos, la respuesta va a venir en la persona de Jesucristo.

Si Isaías dice: "Ojalá rasgases el cielo y bajases, ojalá vinieras a nuestra historia", pues eso mismo es lo que se realiza en Cristo: Él es el Emmanuel, Él es el Dios con nosotros.

Pero ni siquiera con la presencia del verbo Encarnado queda todo resuelto, porque tener a Cristo, con toda su pureza, su santidad, su bondad y sus milagros es gratísimo, es amabilísimo y produce un ámbito de protección. Por eso Jesús dice, en su oración sacerdotal, suplicando al Padre, dice: "Guárdalos en tu nombre. Yo los guardé, ninguno se perdió, salvo el hijo de perdición " Juan 17,11-12.

"Guárdalos en tu nombre" San Juan 17,11, dice Cristo al salir de esta tierra, indicando que mientras Él estaba corporalmente, la santidad, la fuerza, la energía que irradia del cuerpo y de la vida de Cristo, produce una atmósfera que protege del pecado, que impide el pecado, que aleja a Satanás. Pero esa atmósfera tiene dos limitaciones que son las limitaciones propias de la carne. Primero, que requiere de la proximidad, y es evidente que no todo el mundo puede estar próximo a una sola persona. Una sola persona, por más que se haga presente en milagros multitudinarios, tiene límites físicos.

La gente se le echaba encima a Cristo, tratando de arrancarle un milagro, pero la presencia física de Cristo tiene límites, tiene límites en el espacio, porque no todos pueden tocarle; tiene límites en el tiempo, porque finalmente Él ha de partir, Él ha de morir, si es verdadero Hombre.

Aunque Cristo es el Dios con nosotros, tampoco Él resuelve el problema propiamente de la Ley Antigua, ese problema solo se puede resolver a través de la acción del Espíritu, porque e Espíritu sí es el Dios en nosotros; si Cristo es el Dios con nosotros, el Espíritu es el Dios en nosotros. Y por eso solo el Espíritu puede cumplir el anhelo más profundo del que hablaban estos profetas como Jeremías o como Ezequiel. Esa Ley Nueva en los corazones solo puede ser la Ley del Espíritu, la Ley que llega a nosotros y la Ley que hace que, desde dentro, nosotros obremos de otra manera. Esa es la importancia de la Ley Nueva.

Hagamos una pausa para situar, en el conjunto de la obra de Santo Tomás, este tratado sobre la Ley, porque eso también nos da nuevas luces sobre lo que significa la libertad que Dios nos ha dado.

La Suma Teológica de Santo Tomás tiene tres partes. La primera parte nos cuenta básicamente de Dios en sí mismo. Dios uno y trino, y nos cuenta de la obra de la creación: La creación de los cielos, es decir, aquello que en el Credo decimos, "lo invisible", y ahí están los Santos Ángeles, y luego la creación de la Tierra, y ahí aparecen los siete días de la creación, y es el esquema básico que sigue Santo Tomás, aunque esas cuestiones realmente tienen un papel secundario, incluso, dentro de esa primera parte de la Suma, porque Tomás explica que a él, en cuanto teólogo, lo único que le interesa es Dios y lo que haga una referencia a Dios.

Y por eso, de la creación visible, pues lo que interesa es, en tanto en cuanto, es una manifestación de la gloria divina, de su poder, de su sabiduría, de su belleza, esas cuestiones son relativamente breves.

Luego, hay una parte un poco más extensa, hacia la cuestión setenta y nueve, en la cual se detiene el Doctor común, se detiene Tomás, en precisar con bastante finura aquellos temas de la inteligencia y de la voluntad humana, temas que eran bastante controvertidos por las interpretaciones y los comentarios que habían hecho los filósofos y los pensadores árabes, en particular, Avicena y Averroes. Por eso las cuestiones setenta y nueve, ochenta, por ahí hasta ochenta y cuatro, tienen que analizar detenidamente estas cuestiones o estos temas sobre el entendimiento humano.

Luego, esa primera parte, -seguimos hablando de la primera parte de la Suma-, termina con un estudio sobre Dios como conservador de la creación, Dios es el Creador, es el que crea, pero no es un Creador que se desentiende de su obra. Muy al contrario de la imagen que se volvería popular en la ciencia moderna, especialmente en el período barroco, la imagen de la creación como un sistema de relojería que Dios echó a andar y luego se desentendió de él, para Santo Tomás la creación sigue siendo ámbito de la presencia benefactora, providente de Dios. Entonces, esa parte de Dios como Aquel que está, que provee, que conserva, que hace crecer, está en la sección final de la primera parte de la Suma.

Luego, la segunda parte de la Suma, tiene que ver básicamente con nuestros actos, tiene que ver con lo que nosotros hacemos, puede decirse, tiene que ver con la vida moral. La estructura de la Suma, se ha dicho muchas veces, es como el éxitus y el réditus, la salida y el retorno, todo sale de Dios y todo vuelve a Dios. Y las cosas vuelven a Dios a través del hombre que es el mayordomo de la creación; y el hombre vuelve a Dios dando pasos, y cada paso es cada acción que hacemos. Cada cosa que hacemos es un paso dentro de ese plan gigantesco, colosal, en el cual hay que inscribir toda la historia y todo el cosmos.

Entonces, los pasos del ser humano son o han de mirarse como la manera en que el universo mismo, no solo el hombre sino el universo mismo, vuelve hacia Dios. Lo interesante de esto es que ahí, en esas acciones específicas, es donde se juega todo el destino del ser humano, y ahí es donde viene el análisis muy, muy fino sobre el actuar humano, podríamos decir, lo que se llama después la Teología Moral.

Este es el tema central de la segunda parte de la Suma. La tercera parte de la Suma va a tener que ver con Jesucristo: jesucristo es Aquel, verdadero Dios, verdadero Hombre, que se une a nosotros y hace posible que nuestros actos salgan de esa ambigüedad, porque los actos pueden ser buenos o malos. Cristo viene a nosotros, acompaña nuestro camino y es Él realmente quien hace que la creación alcance su fin propio, alcance la meta para la cual fue diseñada y en la cual Dios ha manifestado su poder y su Gloria.

Esa son las tres partes de La Suma. Resumiendo sería: la primera, Dios en sí mismo y la creación;la segunda parte, la vida moral, el ser humano y todo lo que puede acercarnos o alejarnos a Dios, deseablemente, acercarnos, por supuesto; y luego la tercera parte, Jesucristo y la prolongación de Jesucristo, que son los sacramentos, y luego las últimas realidades, es decir, lo que se suele llamar la escatología, o sea, cielo, infierno y todo aquello.

Santo Tomás, sabemos bien, no culminó su obra, escribió la primera parte completa, la segunda parte completa, y en la tercera parte hizo todo lo que tiene que ver con Jesucristo, el sacramento del Bautismo, el sacramento de la Eucaristía, el sacramento de la Reconciliación, pero en la parte de la Eucaristía estaba en mil doscientos setenta y tres y ahí fue donde tuvo aquella famosa visión del seis de diciembre del setenta y tres, fiesta de San Nicolás, y ya dejó de escribir, y murió el siete de marzo de mil doscientos setenta y cuatro.

Lo que hubiera seguido, discípulos suyos, en particular uno de ellos, lo completo y es lo que se llama el Suplemento a la Suma Teológica, donde aparece el resto de los sacramentos y luego la parte de la escatología. Esas son las tres partes de la Suma.

Dentro de esas tres partes, la que que nos va a interesar para este tema de "Gracia y Libertad", es obviamente la segunda. La segunda parte le resultó bastante gorda a Tomas, y por eso esa segunda parte se divide en otras dos, que tradiconalmente llaman "La "Prima Secundae" y "La Secundae Secundae", estas expresiones en latín por supuesto significan: "La primera parte de la Segunda Parte" y "La Segunda Parte de la Segunda Parte", es decir, las dos divisiones de la segunda parte.

Bueno, "La Prima Secundae" ¿qué contiene? Pues contiene lo que podríamos llamar la Teología Moral Fundamental, es decir, cuál es el esquema en el que podemos mirar el actuar humano, la vida humana, cómo podemos tratar de..., -si lo piensas bien, es casi un imposible-, ¿cómo podemos tomar la vida humana en toda su complejidad, en toda su fluidez, en toda su riqueza y facetas y dar razón de ella. Cómo puede la razón entroncar con esa corriente incesante de pensamientos, palabras, acciones, omisiones, en toda la complejidad que nosotros tenemos. La primera parte se dedica a eso, y podemos llamar que es como una Teología Moral Fundamental.

La segunda parte de la segunda parte, es decir, "La Secundae Secundae", es lo que podríamos llamar la Moral Específica o la Moral Particular, y lo que hace Tomás ahí es estudiar las virtudes, porque ya vamos a ver que como resultado de su estudio en la Prima Secundae, él se da cuenta que en la vida humana hay elementos de continuidad y esos elementos de continuidad son os hábitos, hábitos buenos o hábitos malos. Es decir, los actos humanos no son como puntos aislados, sino son trazos y esos trazos, que pueden cambiar pero que son perfectamente detectables, esos trazos son nuestros hábitos.

Por ejemplo, el que tiene el hábito de mentir, pues no va a decir una o dos mentiras, sino que en realidad la mentira acompaña su vida, la mentira se convierte en un constituyente de una multitud de actos pequeños y grandes. Santo Tomás, en la primera parte, llega a esa conclusión: que los hábitos tienen una enorme importancia, porque los hábitos son los que hacen inteligible la vida, los hábitos son los que nos permiten reconocer, en la multiplicidad de lo que somos, una cierta continuidad, y uno se da cuenta que esto es así.

En efecto, uno no se levanta un día siendo una persona totalmente distinta de lo que era otro día, aunque esa clase de cambios también existen; pero, como norma general, hay una continuidad. La persona que se ha ido formando en la virtud de la prudencia, normalmente, se acuesta prudente y se levanta prudente; y el que se ha ido formando en un vicio, ¿porque qué es un vicio? Un vicio es un hábito malo, una virtud es un hábito bueno, el que se ha ido formando en un vicio, por ejemplo, la arrogancia o el egoísmo, normalmente se acuesta egoísta y se levanta egoísta.

Los hábitos tiene una tremenda importancia y Santo Tomás estudia la Teología Moral desde ese ángulo, desde el ángulo de los hábitos. Esta es una de las aportaciones más originales de este Santo Doctor de la Iglesia. Porque antes de él, la Moral se estudiaba siguiendo muchas sendas a la vez: se estudiaba siguiendo los Mandamientos, los dones del Espíritu Santo, los pecados capitales, incluso los sacramentos y, por eso, había una gran confusión.

Tratando de poner orden, no solo poner orden en la vida, sino poner orden en el estudio de la vida, Santo Tomás toma esta metodología de las virtudes y los vicios, es decir, de los hábitos. Y esto le permite llegar a él a una gran síntesis de loo que es la vida humana, es decir, él cree que la vida humana se puede estudiar en siete palabras, estas siete palabras son las tres virtudes teologales y las cuatro virtudes llamadas humanas o cardinales, con la idea, además, de que cada vicio no es otra cosa sino la negación de una virtud, de manera que basta con estudiar bien las virtudes y saber que existen sus contrarios, para tener realmente una imagen muy completa de lo que es el ser humano.

Hay que reconocer que esta originalidad de Santo Tomás no tuvo gran éxito al principio, pero llegó a imponerse en la Iglesia. Y si uno mira, por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica, sigue con bastante fidelidad no solamente una cantidad de contenidos de Santo Tomás, sino también este mismo esquema con la enorme importancia de las virtudes, virtudes teologales y virtudes cardinales. La segunda parte de la Suma es de Teología Moral, La Prima Secundae, de Teología Moral General; y la Secundae Secundae, es Teología Moral Específica.

Cuando las personas quieren estudiar la Suma, me parece que suelen cometer el mismo error que se comete con la Biblia. Cuando una persona tiene muy, muy poco conocimiento de la Biblia y quiere leer la Biblia, normalmente quiere leerla como se leen los demás libros, es decir, "empiezo por la página uno, sigo la dos, la tres, la veinte, la ochenta", y eso significa, en el caso de la Biblia, empezar por el Génesis, Éxodo, Levítico, y ya eso está muy aburrido, y no se entiende, y tanta sangre, y tantas leyes de pureza, y tanta complicación, y tantos sacrificios".

Pero si la persona ah logrado sobrevivir al libro Levítico, llega al libro de los Números y hasta ahí llega, porque el libro de los Números, como lo indica su nombre, es un censo.

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