Cinco charlas de Mariologia (4 de 5)
Como el tema general del Congreso Mariano al que hemos ido haciendo referencia era "Gracia y Libertad", es apenas natural que todos, o casi todos los ponentes, hicimos referencia al texto central del capítulo primero, versículo veintiocho de San Lucas, es decir, las palabras iniciales del saludo del Arcángel a la Virgen, donde precisamente la llama "Llena de Gracia" Lucas 1,28.
Y ese tema, pues ya vemos que cada ponente lo abordó desde un ángulo distinto. Así, por ejemplo, la perspectiva bíblica, relacionando con los relatos de anunciación y los relatos de misión, y ese fue el enfoque del Padre Oñoro. Luego la parte patrística, en el Padre Kochaniewics, y luego quisiera comentar de mi propia intervención, que llevaba por título "Llena de gracia, Llena de Libertad", con ese título intentaba relacionar la experiencia de victoria sobre el pecado con la experiencia de libertad, experiencia existencial que acompaña y que perfila la vida de María.
¿Cómo he querido abordar este tema? Pues desde una perspectiva, al mismo tiempo bíblica y sistemática, basándome en particular en lo que dice Santo Tomás de Aquino sobre la Ley Nueva. El texto completo lo tendrán por escrito, así que lo que voy a hacer ahora es desarrollar, con un cierto margen de libertad, esa parte de la Ley Nueva.
Pero ¿qué tiene que ver la Ley con todo esto? Pues tiene que ver porque para Santo Tomás de Aquino la Ley Nueva es el Espíritu Santo mismo, y esa acción del Espíritu, en la medida en que se hace realidad en nuestra vida concreta, toma el nombre de Gracia. Para Santo Tomás la Gracia Increada, es decir, la Gracia Eterna es el Espíritu Santo.
Observemos que esto corresponde con uno de los nombres más bellos que tiene el Espíritu, a él lo llamamos "el Don de Dios", "el "Regalo de Dios". Podría decirse que uno de los nombres del Espíritu es "Carisma", porque esa palabra, "járisma", en griego quiere decir precisamente regalo, don. Entonces es natural que Santo Tomás mire a Aquel que es don en sí mismo, es decir, al Espíritu Santo, y lo relacione con los dones, con los regalos que ese Espíritu comunica a nosotros, y por eso hace la diferencia entre la Gracia Increada y la Gracia Creada.
Llámase Gracia Increada al mismo Espíritu porque él mismo es don, y por supuesto es increado porque es eterno como el Padre y como el Hijo. Mientras tanto, la Gracia Increada la acción misma de ese Espíritu en cuanto se hace presente en nuestra historia; pero como nosotros somos criaturas, como nosotros tenemos un recorrido y hacemos un camino en la historia y somos creados, entonces aquello que sucede en nosotros también es creado y en ese sentido se habla de la Gracia Creada.
Para Santo Tomás, esta Gracia Cread, esta Impronta Divina en nosotros, es lo mismo que la Ley Nueva. Recordemos que varios de los profetas, en particular Jeremías y Ezequiel, hablan de una Alianza Nueva y hablan de una Ley Nueva
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