Cinco charlas de Mariologia (2 de 5)
Vamos a tomar algunos de los textos que se trabajaron en aquel congreso de Teología Mariana, en concreto, me voy a referir a dos ponencias: una que sirvió como de marco general, lleva por título: "Como María y con María, camino hacia el Padre".
Quien ofreció esta reflexión fue el Padre Oswaldo Martínez Mendoza, él es Doctor en Teología y es encargado de formación y diaconado permanente y una cantidad de responsabilidades, en una arquidiócesis en Colombia, que es la arquidiócesis de Tunja, ese fue el tema de él. Y lo otro es el estudio bíblico de Lucas 1,28, realizado por el Padre Fidel Oñoro, que como les he dicho, es biblista.
Empecemos por el Padre Oswaldo. Él, lo primero que hace es destacar que la relación entre María y la persona divina del Padre, ha sido poco explorada. Es decir, se ha visto más a María en relación con el Hijo, por supuesto, porque es Madre del Hijo, en relación con el Espíritu Santo, porque el Espíritu está presente de un modo singular en el misterio de la Encarnación; pero la relación entre María y el Padre, salvo contadas excepciones, no se ha tenido tan en cuenta.
Para él esta es una falencia, que para corregirse, requiere que nosotros recuperemos la noción de María como hermana nuestra. Si Dios Padre es, por supuesto, Padre de María, y si es el que nosotros llamamos Padre nuestro, entonces María es ante todo nuestra hermana. Y muchas cosas cambian cuando miramos a María como hermana nuestra, sobre todo el verla como una persona en camino, como alguien que estuvo sobre esta tierra en proceso de respuesta, como nosotros mismos estamos. Es decir, la parte más novedosa del enfoque del Padre Oswaldo está en esa partícula, en ese "como" María.
Porque resulta que, al hablar de María como Madre del Hijo, queda tan completamente fuera de la órbita de nuestra vida ordinaria, que quizás lo único que se puede hacer es agradecerle y contemplarla, pero ya esos la sitúa muy por fuera de nuestro mundo de experiencias y de nuestro propio itinerario de fe. En cambio, cuando miramos a María en su relación con el Padre, lo que descubrimos es que Ella también tuvo que hacer un camino, Ella también tuvo que creer, Ella también tuvo que pasar por la oscuridad, por el dolor, por la precariedad, por la provisionalidad, por la ignorancia, y tantas otras cosas que están muy presentes en nuestro propio camino de fe y que necesitan también un modelo de respuesta. Esa es la importancia de esta partícula.
hay dos textos especialmente que sirven al Padre Oswaldo para adelantar su reflexión, uno es el capítulo primero de la Carta a los Efesios, donde se presenta al plan de salvación. Sabemos ese cántico que está los lunes en la Vísperas: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo" Carta a los Efesios 1,3; y luego otro texto es de la Carta a los Gálatas, allí donde San Pablo nos dice: "Cuando llegó el tiempo, Dios, a través de esta mujer nos da la libertad, para nosotros los que somos nacidos de mujer, y nos hace libres del pecado y nos hace libres de la Ley" Gálatas 4,4-5 (referencia).
¿Qué hay que tener en cuenta en ese plan de salvación? Pues que ser trata de un plan universal, se trata de la redención, se trata de la recuperación del Universo. Las dimensiones de la redención en el Apóstol San Pablo, especialmente en sus cartas de la cautividad: Carta a los Efesios, Carta a los Colosenses, en esas cartas la redención adquiere para Pablo dimensiones realmente cósmicas. De lo que se trata no es solamente ni principalmente de ajustar la sociedad presente, esta es una noción teológica de enorme importancia: la redención no es un modo de ajustar la sociedad, es un modo de recuperar el Universo.
¿Y cuál es la importancia de esto? Cuando se mira la redención como un modo de ajustar la sociedad, es algo así como el que pone remiendos, el que pone parches a este mundo para que siga funcionando. Pero, en esa perspectiva, el mundo o el cosmos se convierte en una especie de absoluto. En cambio, en la perspectiva que ofrece Pablo, cuando se habla de la recuperación del universo, que es lo que está implícito en aquella expresión: "La recapitulación de todas las cosa en Cristo" Carta a los Efesios 1,10, se está hablando de la profundidad ontológica del pecado y se está hablando de la necesidad radical de la gracia.
¿A qué llamamos ajustar esta sociedad? Hacerle ajustes a la sociedad es encontrar razones, motivaciones, ejemplos, que sirvan para que las personas sean mejores personas, para que los ciudadanos sean mejores ciudadanos, para que sean más civilizados, para que sean más justos, más razonables, mejores papás, mejores amigos, mejores hermanos. Obsérvese que esta es la idea que mucha gente tiene de la redención, es decir, piensan que el cristianismo es para eso, es para mejorar el mundo, para lograr que este mundo funcione. Es decir, es como un apretar aquí, aflojar allá, mover esto un poco, poner aquí una pieza nueva, un tornillo más, y ahí sigue funcionando el mundo.
Pero Pablo, en sus cartas de la cautividad, lo que nos presenta es un plan diferente, es un plan de tamaño cósmico: de lo que se trata es de toda la creación. El pecado no es como el lunar en un rostro que sería perfecto sin él, el pecado no es como una manchita para que la quitemos; el pecado es como una grieta, que aunque la descubrimos ya en la superficie, se hunde profunda, profundamente, hasta lo más íntimo de nuestro corazón; y se hunde profunda, profundamente, hasta lo más hondo, hasta los pilares mismos de la creación.
Solo quien ha descubierto el tamaño de esa grieta, solo quien ha descubierto el poder increíblemente seductivo que tiene el pecado, puede llegar a tener un concepto justo de lo que significa la gracia. No se llega a un concepto apropiado de la salvación si uno no sabe de qué tenía que ser salvado.
Y esta es una de las realidades sociales, culturales, pastorales, si se quiere, en las que estamos más profundamente afectados hoy en día, especialmente en los países que llamamos "de occidente", nuestra cultura occidental; y sobre todo, todavía más en lo que se rotula como "el primer mundo".
La gente no se siente culpable, la gente cree que simplemente pueden tener errores, pueden tener malos entendidos, puede que todo sea asunto de gustos, "pues tú tienes un gusto, yo tengo otro"; "tú eres heterosexual, yo soy homosexual"; "tú decides morirte en una cama, yo decido morir pegándome un tiro"; "tú decides vivir entregándote al trabajo por los niños de África, eso te hace feliz a ti, a mí me hace feliz ver pornografía todo el día". Es decir, es tu gusto contra mi gusto, y lo único que tú tienes que pedirme a mí es que yo te respete".
Observemos que en esa concepción de sociedad, que es prácticamente la sociedad en la que vivimos, ¿el cristianismo qué lugar podría ocupar? Pues el cristianismo sería una razón para ser buena persona. Es decir, "si tú quieres ser cristiano, bien, espero que seas coherente con el ejemplo, con las palabras de Jesucristo, pero eso queda para ti. Tú, no te metas conmigo, yo no me meto contigo". Y las leyes básicas, lo que podríamos decir, la disposición de la sociedad, no tiene nada que ver con tus creencias. La sociedad la organizamos a través de otros métodos, a través de otros mecanismos, y esos otros mecanismos son básicamente los de la publicidad, los del consenso y los de la mayoría, así se organiza la sociedad.
La sociedad funciona por publicidad, consenso y mayoría. Y luego, dentro de ese entramado, dentro de ese esquema básico en el que todos nos ponemos de a cuerdo, si tú dices que quieres ser cristiano, pues tal vez esa es tu motivación para lograr conectarte con la realidad social que hemos creado todos a base del consenso que tomamos.
Fijémonos que esta manera de pensar sobre la sociedad no deja espacio para una verdadera noción de redención. La redención dentro de ese esquema, que es el esquema laicizado, es el esquema secularizado, dentro de ese esquema la redención sería únicamente como una especie de motivación completamente privada, completamente individual, que hace que una persona conviva dentro de ese determinado esquema. Lo más que se podría esperar de un cristiano dentro de ese esquema es que sea un buen hombre, sea una buena mujer y, sobre todo, sobre todo, que no se meta con nadie, que deje a cada uno según su camino.
La propuesta de San Pablo es extremadamente radical, y esto creo que nosotros debemos tenerlo claro y no llamarnos a engaño. La propuesta cristiana no se contenta con eso, la propuesta cristiana implica que el entramado de la sociedad, que los valores básicos, que los sueños más profundos, que el estilo de cultura, que la manera del descanso, que todo quede impregnado por Jesucristo en la sociedad humana. ¿Y por qué todo tiene que quedar impregnado por Cristo? ¿No es ese un reclamo, no es esa una pretensión desbordada de un grupo? Pues todo tiene que quedar impregnado por Cristo porque todo ha quedado impregnado por el pecado.
La noción de gracia, -y aquí vamos conectando con el título del congreso, el congreso acuérdate que se llama "Gracia y Libertad"-, la noción de gracia necesitamos ajustarla, necesitamos completarla para descubrir qué puede significar que se diga de alguien que es "La Llena de Gracia", ¿qué quiere decir eso? Pues estamos diciendo que es una persona que tiene una experiencia radical, una experiencia total, una experiencia integral de salvación.
Pero para nosotros, conectar con esa experiencia, para nosotros hacernos una idea de qué quiere decir eso, necesitamos primero ensanchar nuestra concepción de lo que quiere decir gracia, y esa es la importancia de un texto como la introducción de la Carta a los Efesios.
Bueno, ¿no es eso muy pesimista? Eso de pretender ver el pecado en todas partes, ¿no es esa una noción muy oscura, una noción pesimista, una noción deprimente de la sociedad y del mundo? Pues esto tiene que ver con lo que mencionábamos en la reflexión de Vísperas el día de ayer. Me parece que quizás eso pudo llegar como una sorpresa a algunos o a algunas, porque es que así parece que pensaba San Pablo: "El mundo está crucificado para mí" Carta a los Gálatas 6,14, es decir, "yo de este mundo no espero nada", eso es lo que significa, "de este mundo, como está, yo no espero nada".
Pero ahora completamos eso que dice el Apóstol, lo completamos con una razón: "Yo no espero nada del mundo, porque sé que en su raíz última, finalmente está viciado, está viciado por el pecado, por eso no espero nada del mundo. Por eso, de esta realidad creada, fracturada por el pecado, yo no aguardo salvación, yo no pongo mi esperanza ahí".
Una comparación infantil pero muy útil sobre este asunto es el de una silla, pero no como esta que se ve firme, sino como una silla que estuviera aparentemente bien pero con la pata partida, y uno sabe que eso está partido, en muchas casas hay sillas dañadas, pero no ha habido el tiempo, o no ha habido la voluntad, o no ha habido el dinero, o se espera que llegue el gran restaurador que va a arreglar la silla sin echar a perder el modelo.
Entonces, en muchas casa, y también en mi convento de Chiquinquirá, hay silla que llevan tiempo de estar dañadas, pero lo de casa saben que la silla está dañada, entonces nadie se sienta ahí. Está por ahí puesta en un rincón y nadie se va a sentar ahí porque saben que esa silla está dañada. Eso es el mundo para Pablo, es decir, podría tener una función, podría servir, hubiera podido servir, pero está esencialmente fracturado, y yo no voy a apoyarme en ese fracaso