Cristo Vivo, 04 de 10: Kairós
En su predicación inicial Jesucristo habla de un tiempo que se ha cumplido. En el capítulo cuarto de su Carta a los Gálatas el Apóstol San Pablo también habla de un tiempo que se ha cumplido. "Cuando se cumplió el tiempo", es una noción más bien extraña para nosotros. El cumplirse del tiempo es una expresión que habla como de una especie de gravidez, de embarazo.
La historia está grávida, la historia está embarazada, y la historia tiene momentos en que da a luz. Las cosas no surgen porque sí, se da un proceso, podemos llamarlo, orgánico, y ese proceso orgánico tiene su concepción, su gestación, y tiene su momento de salir a la luz. Podemos decir que la concepción kairótica del tiempo es una concepción esencialmente orgánica.
Kairótica alude a kairós, el kairós es el tiempo pero visto desde un ángulo, podemos llamarlo, cualitativo. Porque existe también el kronos, el kronos es el tiempo desde un ángulo cuantitativo. El kronos se refiere a ese tiempo que marca las realidades o que nos revela el ritmo de las realidades periódicas, monótonas, como puede ser el ciclo del día y la noche, o en una escala más pequeña, el cambio de una hora a otra hora o de un minuto a otro minuto.
Minuto, minuto es una palabra que está relacionada con minucia y con diminuto. Un minuto es un pequeño, un poquito, eso es lo que significa un minuto. ¿Y por qué el segundo se llama segundo? El segundo se llama segundo porque es un segundo minuto, es decir, porque es un minuto de segundo orden, es un poquito de un poquito, podemos decir que es un minuto aplicado a sí mismo, o un metaminuto.
La división de tiempo que conocieron los antiguos es la hora, y la división del tiempo en horas, pues viene allá de los babilonios y viene también de los romanos, que tenían la división de las horas de luz en doce, había doce horas de luz, por eso se habla de hora de tercia, hora de sexta, hora de nona, que corresponden más o menos a las nueve de la mañana, a las doce del día, a las tes de la tarde.
La hora undécima viene siendo algo así como las cinco de la tarde. Ahí donde el sol se oculta hacia las seis de la tarde, como suele suceder precisamente aquí, este es el país donde el sol se oculta, allí donde hay llanura, pues, se oculta a las seis de la tarde, pues aquí hay doce horas de luz, doce horas de oscuridad. Entonces, la hora undécima, o sea, la hora número once, son las cinco de la tarde.
Por eso ustedes se encuentran a veces la expresión de "la hora undécima" para indicar algo que sucede en el último momento, en alusión a una parábola en la que Cristo habla de viñadores que fueron contratados, unos, al comienzo del día, y otros fueron contratados a mediodía, a la hora de nona, y la hora undécima, entonces los que fueron contratados a la hora undécima, pues fue como a las cinco de la tarde, no trabajaron nada, por eso el disgusto de los otros, ¿no?
La división de las horas de luz iba por el número doce, pero luego se hizo necesario hablar de poquitos dentro de esa hora, y un poquito es una minucia, y una minucia, dentro de una hora es un tiempo diminuto, y eso se llama un minuto. Y luego se hizo necesario hablar de algo más pequeño dentro de un minuto, un poquitico dentro de un minuto, entonces ese es un minuto de un minuto, una minucia de una minucia, y a ese se le llamó una segunda minucia, y a eso se le llamó un segundo, y por eso nosotros tenemos horas, minutos y segundos.
Por supuesto, los procesos en los que anda el mundo son tan complicados que interesan no solo os segundos sino las décimas y las centésimas de segundo, las milésimas o millonésimas de segundo. Resulta que, cuando se habla de fotografía, ya existen métodos para producir relámpagos, flashes supremamente breves. Un flash breve sirve para lo que se llama fotografía ultrarápida.
Entonces, si usted quiere, por ejemplo, tomar una fotografía de cómo se estalla una vejiga de esas de caucho, o un balón, o una bomba, decimos en otras partes, entonces usted pone una cámara de esas, y después de hacer una cuantas pruebas, se logra que aparezca el globo todavía armado pero ya reventándose, eso requiere una fotografía de milésimas o de décimas de milésimas de segundo.
Pero la tecnología actual es todavía más fuerte, más poderosa, entonces se ha logrado producir haces de luz que apenas tiene unos metros de longitud. Calcule lo que eso significa: si la luz recorre trecientos mil kilómetros en un segundo, eso quiere decir que producir un haz de luz de un kilómetro es un uno sobre trescientos mil de un segundo. Para producir un chorro de luz que tenga más o menos trecientos metros se necesita llegar a un millonésimo de segundo.
Pero si usted quiere una distancia todavía más corta, entonces ya usted tiene que hablar de lo que se llaman los nanosegundos y los picosegundos, y eso se ha conseguido. Hasta ahí llega la locura del kronos, ese es el kronos, es el tiempo cuantitativo.
¿En qué se basa el tiempo cuantitativo? Se basa en la monotonía, se basa en algo que no cambia. ¿Cuál fue el primer científico que tuvo que preocuparse por el kronos de un modo práctico? Fue el hombre Galileo. Galileo era un hombre muy observador, entre sus dones de inteligencia tenía eso. Y había una lámpara famosa en el ayuntamiento de su ciudad, había una lámpara que por obra del viento, por ejemplo, se mecía.
Una lámpara que colgaba de un cable larguísimo. Y entonces Galileo se dio cuenta que esa lámpara, cuando oscilaba, por ejemplo, dos metros hacia la derecha, dos metros hacia la izquierda, se movía con cierta rapidez. A medida que se iba calmando el movimiento, por ejemplo, ya solo se movía medio metro a la derecha, medio metro a la izquierda, era un movimiento mucho más pausado.
y a Galileo se le ocurrió una idea, él dijo: "Cuando se mueve con mayor amplitud, se mueve más rápido; cuando se mueve con menor amplitud, se mueve más lento; quizás una cosa compensa la otra". Entonces él dijo: "¿Y cómo hago para medir si es verdad eso?" Estamos asistiendo al nacimiento de la Física Experimental.
Entonces él utilizó un proceso natural, él utilizó su propio pulso, el pulso de su sangre. Él sabía, y desde luego que eso se sabía hace muchos siglos, que cuando una persona está tranquila y respirando regularmente, el pulso es bastante regular, es bastante monótono.
Entonces él utilizó su pulso para contar diez oscilaciones o veinte oscilaciones cuando todavía eran grandes, y dijo: "Bueno, estas veinte oscilaciones correspondieron a, por ejemplo, sesenta pulsaciones mías", y luego esperó a que se apagara bastante el movimiento, y volvió a contar otras veinte oscilaciones cuando estaba muy poca la amplitud, y descubrió que era exactamente lo mismo, hasta donde él podía medirlo.
Esa fue una observación muy interesante sobre el kronos y se es el principio en el que se basan los relojes de péndulo. Un reloj de péndulo, y cuanto más largo sea el péndulo más exacto es, se basa en eso. Por supuesto que el péndulo va achicando su amplitud, pero es tan exacto ese proceso, que a medida que se disminuye la amplitud, se disminuye también la velocidad en la proporción respectiva.
Esto pertenece al mundo del kronos, el kronos es el mundo de la monotonía, de los procesos predecibles, estables, como estable es el pulso, como estables son las estaciones. De las primeras civilizaciones que utilizaron el kronos fueron los egipcios. Ellos e dieron cuenta que las inundaciones del río Nilo eran periódicas, el río se inundaba y esas inundaciones eran periódicas, no sucedían en cualquier momento del año, sino que había cierta época en que había inundación, y eso quedaba inundado y luego se retiraba el río.
Al retirarse el río, dejaba tierras supremamente fecundas, porque ese río traía una cantidad de componentes orgánicos, traía sobre todo muchos nitratos, entonces era muy útil saber cuándo sucedían las inundaciones. Las inundaciones del Nilo hicieron que los egipcios se preguntaran sobre el tiempo y se preguntaran sobre el espacio, y por eso los egipcios trabajaron muchísimo la geometría.
Porque claro, cuando hay una gigantesca inundación, luego hay que saber qué tierra le pertenece a quién. Y obviamente, pues, el río va a cambiar bastante el paisaje. Entonces, si tú tienes una tierra y yo tengo otra tierra al lado tuyo, llega el río y nos inunda a ambos, se va el río, ahora yo quiero saber qué es lo tuyo y que es lo mío. Para eso utilizaban la geometría. Tenían unos puntos de referencia, y sabían que de tal ángulo a tal ángulo tenían que medir tal distancia, y así surgió, lejanamente, eso que llamamos trigonometría.
Pero además ellos estaban interesados en los cielos. Los primeros que se interesaron en las medidas de los tiempos en los cielos fueron los sacerdotes. La clase sacerdotal fue siempre muy importante en Egipto. ¿Por qué los sacerdotes daban tanta importancia a los cielos? Por dos razones. La primera, porque se suponía que los cielos daban señales sobre lo que sucede en la tierra, esa es la filosofía de la astrología, ese es el punto de vista fundamental, ese es el cimiento de toda la astrología.
Entonces hay que saber qué es lo que está sucediendo con esas luces en el cielo, esa es una razón. Pero la otra razón es: porque en la medida en que iban adquiriendo poder de predicción sobre los cielos, ellos mismos quedaban asociados a ese conocimiento, el conocimiento de los altísimo y de lo divino.
Lo mismo vamos a encontrar en otras civilizaciones: también los Incas se preocupaban muchísimo por el calendario, también los Mayas se preocupaban muchísimo por el calendario, y por eso encontraron que este año se va a acabar el mundo, pero luego otros dicen que eso es calumniar a los Mayas, que ellos no dijeron que en el dos mil doce se acababa el mundo, sino que en el dos mil doce llegaría no sé qué transformación.
En todo caso, se ve que todas estas civilizaciones tenían una especie de obsesión por los calendarios y por los cielos, y tenían que medir esos procesos: qué es lo que está sucediendo, cuándo se produce un eclipse, cuándo va a aparecer tal o cual estrella. Entonces llegaron a ser muy peritos en eso, hasta poder decir: "Mire, en esta noche por primera vez se va a ver en el horizonte el punto rojo: Marte, el dios de la guerra va a aparecer", ¡y aparecía! Tenían perfectamente conocido ese recorrido de las estrellas. Esos son los movimientos predecibles y a ellos pertenece el kronos.
Con todo lo interesante que es hablar del kronos, la Biblia le da mucha mayor importancia a la otra forma de mirar el tiempo: el kairós. El kairós es el tiempo, pero el tiempo leído desde un modo cualitativo. La mejor introducción al tema del kairós creo que se encuentra en el libro del Eclesiastés, ahí en ese capítulo tercero cuando dice que hay tiempo parea llorar, hay tiempo para reír, hay tiempo para arrojar piedras, hay tiempo para recogerlas, hay tiempo de duelo, tiempo de fiesta, hay un tiempo para cada cosa.
Fíjate que el kronos es un tiempo, pero es el tiempo impersonal, es el tiempo anónimo, es el tiempo que no tiene que ver ni contigo ni conmigo, es el tiempo que sucede estemos o no estemos. Mientras que el kairós es el tiempo para, es el tiempo que tiene un color, que tiene una característica. Cuando Jesús dice: "Los signos de los tiempos", nos está invitando a que reconozcamos el kairós, a que reconozcamos la gestación del kairós, a que reconozcamos el tiempo oportuno.
La noción del tiempo va unida a una noción que es bastante problemática y es la noción de destino. En la Biblia propiamente no hay una noción de destino, en cambio en otras religiones es muy importante, en el islam el destino es muy importante, se dice que cada persona tiene su destino, y lo lleva ya escrito en la frente, y haga lo que haga, va a suceder.
En el Cristianismo, en cambio, la única corriente que va un poco por esa línea del destino es el Calvinismo. El Calvinismo habla de los elegidos y habla de los condenados, y si tú eres elegido, no importa lo que hagas, finalmente te vas a salvar. Si tú eres un condenado, no importa lo que hagas, te vas a condenar. Eso es bastante parecido al destino.
El destino asoma también en culturas que le dieron bastante importancia a lo cíclico. Fíjate que el kronos tiene que ver con lo cíclico, porque es lo rutinario, es lo repetitivo. Kronos es tiempo cíclico. Pero una especie de manera de escapar del tiempo cíclico es hablar del destino. El destino era llamado por los griegos" moira", la moira es algo así como lo que tiene que suceder.
Acuérdate las tragedias griegas, la más famosa de las cuales es "Edipo Rey". En esta tragedia, -recordemos brevemente el argumento-, pues tenemos a un hombre que escucha una pavorosa predicción, y es que va a matar al papá y se va a terminar casando con la mamá, por eso se habla del "complejo de Edipo", esa especie de fijación en el amor femenino que muchos varones tienen, o tenemos todos, según Freud.
Entonces el complejo de Edipo. Y Edipo, para que eso no suceda, para que el rey éste no sea asesinado por su propio hijo, pues él decide matar al hijo. Pero le queda un resquicio de humanidad y entonces no mata al hijo sino que le encarga a otro que lo mate.
Un modo muy frecuente de matar niños era abandonándolos en los bosques, eran lo que se llamaban los niños expósitos. Pero resulta que este niño, cuando lo van a abandonar, finalmente resulta criado por unos pastores, me parece que es. Me disculparán si no si no soy completamente fiel al hilo del relato.
Y ese hombre crece y él desconoce quién es su padre, y ese hombre se hace fuerte y un día lucha contra su padre, sin saber que es su padre, y lo mata y se cumple lo que había dicho el oráculo; pero además, se enamora de una mujer, que aunque estaba un poco madura, pues parece que causaba todavía mucha alegría a los ojos; se enamora de esa mujer, la pretende, se casa con ella, y solo después descubre que esa mujer es la mamá. Por eso, uno debe siempre, si ha decidido entrar en ese camino, debe siempre hacer exámenes de ADN, siempre, porque eso no se debe repetir.
Fíjate que el kronos produce la idea del tiempo cíclico, ¿no? Algo que se repite continuamente, pero de ese kronos se sale, ese kronos se rompe por el destino, se rompe por la moira. Es evidente que Edipo no se está casando y recasando y volviendo a casar, eso sucede una sola vez. El destino es algo así como la ruptura, ruptura generalmente descrita en términos dolorosos; la moira, el destino, es la ruptura de la repetición, del eterno retorno, que es lo propio del kronos.
La idea de destino es una idea ajena a la Biblia, por dos razones. En primer lugar, porque la noción de tiempo prevalente es la que dijimos, la del kairós, y el kairós no habla de un tiempo cíclico, el kairós habla más bien de un tiempo lineal. El modelo de tiempo en el kairós no es el círculo sino es la línea, es la flecha, y por consiguiente, pues, el destino ya no tiene que arreglar el problema del tiempo cíclico porque el tiempo ya no es cíclico.
La segunda razón por la que la noción de destino es tan ajena a la Biblia es porque la Biblia insiste en dos elementos que son contrarios a la idea de destino, y esos dos elementos son la libertad humana, según la cual es posible hablar de pecado y hablar de conversión y hablar de arrepentimiento, y también insiste la Biblia en la providencia y la compasión de Dios. El Dios providente no es un Dios lejano que echó a andar el Universo y se fue luego a echar una siesta; el Dios providente es el Dios que conoce la historia y que de algún modo irrumpe en esa historia.
Soy perfectamente consciente de que es bien complejo hablar de un Dios eterno que irrumpe en la historia, pero en ese problema no vamos a entrar en este momento. Por ahora nos interesa mucho más tener clara la diferencia entre el kronos y el kairós. Saber que el kronos es eterno retorno, es cíclico, y fácilmente esa noción queda hermanada con la noción de destino, que precisamente es para romper ese ciclo
Mientras tanto, el kairós habla más de un proceso, habla más de una línea, habla más de un camino, y ese proceso y esa línea tienen mucho más que ver con una gestación. Y por eso volvemos a la idea que expusimos al principio. Dentro de la perspectiva del kairós la historia está preñada, la historia está grávida, la historia está embarazada.
Y lo que tiene que hacer el profeta es detectar el embarazo: de qué está embarazada la historia, qué es lo que va a nacer, cuál es el mundo nuevo, cuál es el mudo que viene. Pero no se trata de un proceso de adivinación, sino se trata más bien de una lectura de lo que Jesús nos ha dicho, de los signos de los tiempos.
Entonces los profetas aciertan en cuanto al futuro, fundamentalmente porque aciertan en el presente; es decir, porque saben leer el presente, pueden hablar del futuro. Y yo creo que esto es importante subrayarlo en cuanto a los profetas. Los profetas no son simples adivinadores, tampoco son personas que les han pasado ya la película y entonces ya saben lo que va a suceder.
Una de las piezas más interesantes sobre la profecía y sobre lo que significa ser profeta la pueden leer ustedes en torno al año dos mil, cuando el entonces Cardenal Joseph Ratzinger presenta una lectura teológica del tercer secreto de Fátima. Porque claro, apenas se reveló lo del tercer secreto de Fátima hubo mucha gente que dijo: "¡Ese no es el tercer secreto de Fátima!"
Y yo no sé ustedes, pero yo hasta hace seis meses, todavía estaba recibiendo con bastante frecuencia correos electrónicos que: "Ahora sí se reveló el tercer secreto de Fáima! ¡Que lo que estaba oculto ahora sí salió a luz! ¡Que lo que se ha mostrado es muy poco! ¡Que alguien en el Vaticano tiene reprimido y no se deja contar la verdad!" Se hace toda una serie de especulaciones sobre el tercer secreto de Fátima.
Porque resulta que en la descripción que hace Sor Lucía, única sobreviviente de los tres videntes de aquella época, segunda década del siglo XX, en la descripción que hace Sor Lucía, la descripción que estuvo sellada tanto tiempo, pues se habla de un camino de sangre y se habla de u camino de cruces y muertes de muchos sacerdotes y de obispos, y de un hombre de blanco que cae como muerto.
Entonces, según la gente que le da su lectura a ese tema, eso no fue lo que se cumplió en Juan Pablo II, porque Juan Pablo II no se murió, tenía que haberse muerto para que se dijera: "Ahí sí se cumplió el tercer secreto de Fátima".
Todo esto es para contarles que si ustedes miran,- en la página del Vaticano se encuentra eso, si ustedes miran, hacia el año dos mil, Congregación para la Doctrina de la Fe, encuentran que el Cardenal Joseph Ratzinger hace una lectura teológica. Y una de las cosas que él, y me parece que es muy importante para una recta comprensión de los que es el profetismo, es que el profeta no es alguien que ya ha visto la película. Porque, hermano, si yo ya vi la película, eso nos devuelve a la idea del destino.
Si la película que yo vi dice, por ejemplo, que usted este año se va a ganar la lotería, pues entonces quiere decir que eso va a suceder porque va a suceder, incluso si no compra la lotería, se la va a ganar. Alguien pondrá el boleto ganador en el bolsillo, y usted se va a ganar la lotería porque usted se la tiene que ganar.
Fíjate que esa idea de la profecía como una especie de anticipación del futuro, por un lado es una negación de la libertad humana, y por otro lado nos devuelve por completo a la idea de destino.
Lo que dice Ratzinger es que toda profecía, -ojalá lean ustedes el texto mismo-, toda profecía es un llamado, y todo llamado es siempre llamado a conversión y a respuesta. Yo le voy a da un ejemplo bíblico muy fácil de recordar. Te aceurdas del famoso profeta Jonás, en aquella hermosa obra literaria que conocemos como el libro de Jonás.
Jonás es llamado por Dios para predicar en la ciudad de Nínive. Jonás no quiere meterse en problemas. Jonás no quiere dejar su vida tranquila. Intenta huir. Se embarca para islas lejanas, pero el barco no sale de tormentas y tormentas. Y entonces se ponen a averiguar por qué les está sucediendo todo eso, y finalmente Jonás tiene que confesar y tiene que decir: "-No, es que el que les está trayendo todas estas desgracias soy yo" -¿Y entonces qué hay que hacer?" "-Pues, arrójenme, será! ¡Arrójenme por la borda y se acabó esto!"
Y lo arrojan y entonces ahí es donde el pez gigante lo agarra, después lo vomita por allá en una playa, y finalmente tiene que ir a predicar de todos modos a Nínive. ¿Cuál es la predicación de Jonás Nínive? "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida" Jonás 2,4. Si profecía fuera una película que yo ya vi, quiere decir: "Hagan lo que hagan los ninivitas, dentro de cuarenta días, Nínive será destruida".