Un kerigma para hoy, 1 de 3
Un Kerigma Para Hoy. (1)
Hoy tenemos tres eseñanzas, tienen títulos muy diferentes, pero forman una unidad. Entonces les voy a pedir que pongan mucha atención, especialmente ustedes que han llegado desde temprano, para que puedan apreciar el hilo que une estas tres enseñanzas, estas tres predicaciones.
Todas tienen que ver con las heridas, dolores que nos llegan siempre en la vida, y todas tienen que ver con la presencia de Dios que nos encuentra lejos de Él, a veces en cañadas oscuras, y nos atrae con su amor y nos sana y nos transforma. Son tres enseñanzas.
El orden del día es una agenda un poquito apretada. Tenemos una predicación,un descanso; otra predicación, una oración; la Santa Misa la tenemos aquí a las seis de la tarde, y después de la Santa Misa, como dicen el la televisión, “no se vayan”, seguimos con la última enseñanza que es la culminación de este día. Por eso son tres.
Los títulos de las tres enseñanzas, para que nos ubiquemos desde el principio. La rimera se llama: “ya no te escondas”, porque la reacción que tiene el pecado en uno es cobardía, el pecado acobarda y la cobardía nos lleva a escondernos. Entonces, primera enseñanza: ya no te escondas.
La segunda enseñanza tiene que ver con otra realidad muy humana, que también nos hace mucho daño, y es la tendencia a estaranos justificando, podría llamarse “ya no te justifiques”, ese podría ser el título, pero el título que le he dejado es: “Que sea el Señor quien te justifique”, esa es la segunda enseñanza.
Y la tercera tiene un título más corto: “Alabanzas inesperadas”.
Las dos primeras charlas tienen que ver con la manera cómo nosotros actuamos. Nostros reaccionamos cuando hemos pecado o cuando nos han herido; y la tercera enseñanza que se llama “alabanzas inesperadas”, tiene que ver con testimonios de personas que se han enfrentado a lo inevitable, lo irremediable, aquello que no se puede cambiar en la vida y que muchas veces pensamos “es como el fin del mundo”.
Estamos hablando del caso de personas que han cometido graves crímenes o personas que se an encontrado con realidades irreparables, por ejemplo, una enfermedad, una amputación, un hijo con una deformidad. He conocido por experiencia, en mi propia familia, que estos casos son muchísimo más frecuentes de lo que pensamos. Y en nuestra pastoral, en nuestra Iglesia Católica hemos hablado poco de ese hecho, de esa realidad.
Esas son las tees enseñanzas. La primera, “ya no te escondas”; la segunda, “que sea el Señor el que te justifique”; y la tercera, “alabanzas inesperadas”.
¿Cuál es el propósito de esta tarde de oración, esta tarde de predicación, esta tarde de bendición? El objetivo es que nosotros tengamos una luz nueva para mirar aquellas áreas de nuestra vida que solemos, precisamente, ocultar, que solemos esconder, las que solemos justificar.
Ahí entran las heridas que causamos y las heridas que nos han causado; ahí entran frustraciones; ahí entran desilusiones; pero sobre todo, veremos, ahí entra, y de qué manera, la bondad de Dios.
Bueno, esos son los tes títulos. ¿Cuáles son los dos hilos que unen estas tres charlas, y ustedes los van a seguir durante todo este tiempo? Los dos hilos son, el primero: “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre”. Esto es muy importante, porque lo que uno considera el final del camino, muchas veces para Dios es el comienzo de una nueva etapa.
Entonces, “la mirada de Dios no es la mirada del hombre”, ese es el primer punto o hilo conductor. Y el segundo punto o el segundo hilo es: “Dios sabe de que barro estamos hechos”. Y este también es muy importante, porque a veces creemos que porque Dios es perfecto únicamente le sirven los que son perfectos; y lo que vamos a encontrar es que Dios es perfecto, y por eso, nos perfecciona.
Nos encuentra extraviados, sucios, cansados, desilusionados, hambrientos, enfermos, pecadores, eso somos nosotros. Cuando oigamos esta lista, uno tiene que ir diciendo: “Sí”, “sí”, “también”, “ese soy yo”, “correcto”, “como no”, uno tiene que ir diciendo: “Ese soy yo”.
Y cuando uno dice eso, uno se reconoce en las páginas del Evangelio, y cuando tú estás en las páginas de Evangelio, en las páginas del Evangelio te sale al encuentro Jesús, y Jesús hace una obra maravillosa en ti.
Los dos hilos conductires son: “Dios sabe de qué barro estamos hechos” y “la mirada de Dios no es la mirada del hombre”. Esos dos, cuando se estrelazan, hacen como otro hilo que es: “Dios no nos encuentra perfectos sino que nos perfecciona”, esto es importante.
Vamos con el primer tema: “Ya no te escondas”. Nos dice el evangelio según San Juan que aquel que obra la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras son según Dios. En cambio, el que obra en las tinieblas, huye de la luz. Las obras oscuras piden oscuridad, nos llevan a la oscuridad.
Pero mucho antes del evangelio según San Juan, ya en el primer libro de la Biblia, ya en el Génesis, encontramos que cuando Adán cae en el pecado, lo primero que hace es esconderse. Esa escena de Adán nos va servir mucho. Adán ha desobedecido a Dios, y no soprtando la mirada de Dios, busca entre los árboles del jardín cómo ocultarse.
Adán y Eva estaban desnudos, después del pecado que han cometido, no soportan la desnudez ante Dios, y no soportan estar desnudos el uno frente al otro.
No soportar la desnudez ante Dios significa huir de su presencia; no soportar la mirada del prójimo significa ponerse una máscara.
Es decir que este tema también tiene que ver con el famoso tema de las máscaras. “Ya no te escondas” también significa “quítate la máscara”. ¿Y cuáles son las máscaras que utilizamos? ¿Cuáles son las que nos ponemos? ¿Y para qué nos ponemos máscaras?
Entonces se ve que este tema tiene que ver con nuestra relación con Dios y tiene que ver con nuestra relación con el prójimo. Ante Dios nos ocultamos porque le hemos desobedecido; del prójimo nos ocultamos, ¿por qué? Eso es lo que queremos empezar, pero tiene esas dos dimensiones.
Vamos a empezar, porque es un poco más sencillo, con la parte del prójimo, vamos a empezar con ese ocultamiento ante el prójimo. ¿Qué es lo que buscamos con nuestras máscaras? ¿Qué máscaras nos ponemos? Nos ponemos la máscara de la persona dura, la persona fuerte, la que aguanta de todo: “Yo soy fuerte, yo aguanto”.
Esta es una máscara que utilizamos hombres y mujeres, pero especialmente nosotros los hombres. Todavía muchos recordamos aquella época en que se les enseñaba a los niños: “Los niños no lloran”, “los hombres no lloran”. Es un ponerse la máscara de la resistencia y de la dureza: “Yo aguanto”, “yo resisto”, “yo puedo”.
Existe también la máscara de la alegría. Una cosa que me impactó mucho una vez hablando con una amiga, ella tenía un álbum de fotos, aparecían fotos de su tiempo en la Uiversidad, y en todas las fotos de la Universidad ella salía riéndose, compartiendo con sus amigas: el paseo, la fiesta, la comida, la salida.
Y yo le preguntaba qué había sido de esas amigas, y me dice: “-¿Cuáles amigas?” “-Pues las de las fotos”. “-Ah, no, esas no eran amigas”. “-Pero si salen riéndose, conversando y parecen felices, ¿no eran amigas?”. -”No, esas no eran ningunas amigas”. Pero cada una de ellas se había puesto la cara de la felicidad.
Si tú hubieras juzgado por esas fotos, tú dirías: “Esta es la gente más feliz del mundo”. Y parecían muy cercanas, pero resulta que ni una cosa ni la otra; ni eran tan cercanas que parecieran amigas, que fueran realmente amigas, ni eran tan felices.
¿Por qué entonces hay que salir así? ¿Por qué te pones la máscara de la felicidad? Esa es otra pregunta.
Muchas veces en los noviazgos la relación se construye desde una doble mentira, cada uno está como representando un papel en una obra de teatro. Pero el problema es que si el noviazgo ha sido solamente comedia, el matrimonio será solamente tragedia, eso no falla.
En el noviazgo la gente se pone una máscara, o muchas: la máscara de “soy bonita, atractiva, de buen genio”, pero después van apareciendo otras realidades, y lo que más duele precisamente cuando llega el matrimonio es: “Me casé con una persona que yo no conocía”, ¿por qué no la conocía? Porque todo el tiempo estaba utilizando una máscara.
Bueno, podemos utilizar muchos otros ejemplos. ¿Por qué esas máscaras? Vamos a ir analizando poco a poco.
Porque esta charla se llama: Ya no te escondas”. ¿Por qué nos ponemos la máscara del éxito, de la belleza, de la alegría? La respuesta es: usamos máscaras porque tenemos miedo, ¿y cuál es el miedo que tenemos? Tenemos miedo a ser rechazados, tenemos miedo a ser descalificados, tenemos miedo a ser marginados, a que no nos tomen en cuenta, a que no importemos, por eso tenemos miedo.
Tenemos miedo a ser excluidos, y tenemos miedo porque hay algo muy importante en el ser humano, que es el sentimiento de pertenencia. Uno necesita pertenecer: pertenecer a la raza humana, uno necesita pertenecer a un grupo de amigos, uno necesita pertenecer a alguien, por ejemplo, en el caso de las parejas, ser pareja es pertencer: “Yo soy la esposa de...”, “yo soy el esposo de...”, “yo le pertenezco”.
El ser humano tiene una gran necesidad de pertenencia, y cuando sentimos que esa pertenencia está por perderse, entonces acomodamos nuestra imagen para tratar de ser aceptados, acogidos, incluidos.
El objetivo principal de las máscaras en nuestra relación con el prójimo es ser acogidos, ser recibidos porque tenemos una necesidad de pertenecer.
Fíjate que este análisis funciona como por capas, lo que uno observa es que la persona está utilizando una máscara, si bajamos un poquito más vemos que la máscara se utiliza porque hay miedo; si bajamos un poquito más vemos que ese miedo existe porque hay una necesidad, una necesidad de pertenecer. Necesidad, miedo, máscara.
Cuando nos encontramos con una persona que sentimos que no es auténtica, una persona que sentimos que es falsa, es decir que está utilizando una máscara, entonces la tendencia más obvia es decirle: “Quítate esa máscara”.
Pero fíjate que esto tiene tres niveles: necesidad, miedo, máscara. Si tú le dices que se quite la máscara, pero no le quitas el miedo, no lo va a hacer. Si tú le dices que se quite la máscara, pero no respondes a la necesidad que dio origen al miedo, que sirvió de justificación para la máscara, no lo va a hacer. Quitarse la máscara no es simplemente volverse uno “brocha”, como decimos en algunos lugares. “Yo voy a decir lo que pienso, lo que siento, lo que me sale; al que le guste, bien; al que no le guste, también”. Yo voy a decir sencillamente lo que sienta. Se acabaron las máscaras en mi vida”.
No es tan sencillo. Fíjate, hay una máscara que te la pusiste por un miedo, que surgió de una necesidad. La manera de llevar una vida auténtica y a la vez sana es mirar cuál es el miedo, y ese miedo lo encuentras con sus raíces en una necesidad. Hay que responder a esa necesidad para que la persona no tenga miedo ni tenga que usar la máscara.
Estamos en la primera parte de esta conferencia, esta conferencia tiene dos partes, una es: “¿Por qué nos escondemos ante las personas?” Y la otra es: “¿por qué nos escondemos ante Dios? Dentro de la primera parte estamos analizando con el lenguaje que es más común en estos casos, el de las máscaras. Y hemos visto que hay una estructura que va por lo menos en tres partes: máscara, miedo, necesidad.
Cada uno, en este momento, puede empezar a mirar ese esquema en la propia vida: “A ver, ¿cómo es en mi vida? ¿Yo qué miedos tengo? ¿Cuáles son esos miedos”. Los miedos típicos son miedo a ser rechazado, miedo a no ser aceptado, miedo a ser excluido, todos esos miedos, ¿y a qué necesidad corresponde eso? A la necesidad de pertenecer. ¿Y por qué necesito pertenecer? Pues porque soy un ser incompleto, necesito pertenecer porque no me basto a mí mismo. Ni en lo físico, ni en lo financiero, ni en lo psicológico, ni en lo afectivo, yo no me basto a mí mismo.
Por eso, junto con otros seres humanos, busco respuesta a las necesidades más profundas, y esas necesidades más profundas son las que tienen que ver con la el sustento, con la conservación, con el crecimiento, con el florecimiento y con la alegría.
Esas son las necesidades profundas que tengo. Sustento, que desde el punto de vista físico implica el alimento, la salud, la vivienda; crecimiento, yo quiero crecer; intelectualmente, quiero aprender; afectivamente, quiero amar y quiero ser amado.
Yo quiero también florecer, ¿florecer qué es? Llegar a la plenitud en algo. Esa es la alegría que se siente cuando, por ejemplo, uno alcanza una etapa en la academia: “Ya me gradué de bachiller”, es un florecimento.
El matrimonio es un florecimiento, ¿por qué? Porque ese amor de pareja, ese amor de noviazgo alcanza como un momento de plenitud ahí, significa: “Sí me aman”, “sí soy digno de ser amado”, “sí soy digna de ser amada”, es un florecimiento, y todos tenemos necesidad de florecer.
Y además tenemos necesidad de alegría, la alegría es una necesidad vital, porque si no, a uno se lo traga la monotonía, la tristeza, la repetición. Necesitamos alegría. Y esas necesidades de sustento, crecimiento, florecimiento y alegría nos empujan a buscar otras personas para poder vivir con ellas, para poder ayudarnos, para poder corregirnos, para poder avanzar, para poder experimentar alegría.
El hombre es un ser social por naturaleza. Fíjate lo profundo que es este tema de las máscaras: nos lleva hasta a esas necesidades más profundas de nuestra vida, por eso queremos, por eso necesitamos pertenecer.
La cosa, repito, no es tan fácil como decir: “¡Bueno, pues quitémonos todos las máscaras y se acabó el problema!” No. Para quitarnos las máscaras tenemos que quitarnos los miedos, y para quitarnos los miedos hay que llenar las necesidades.
Si no tenemos las necesidades resueltas tendremos siempre un temor, un miedo, ahí, ahí, ahí, y ese miedo hace que empecemos a simular frente a otras personas, y esa es de nuevo la máscara.
Todo este tema nos lleva a las necesidades más profundas de nuestra vida. Esas necesidades tienen que ver con: sustento, crecimiento, florecimiento, alegría, eso, en todas las dimensiones del ser humano: en lo físico, en lo intelectual, en lo emocional, en lo espiritual.
Repito las listas para que las recuerden. Las necesidades son: sustento, crecimiento, florecimiento, alegría. Las dimensiones son: física, intelectual, emocional, espiritual.
En cada una de esas cuatro dimensiones nosotros tenemos estas cuatro necesidades. Y para colmar esas cuatro necesidades buscamos asociarnos con otras personas, y cuando nos asociamos con esas personas nos sentimos seguros, porque sentimos que esas necesidades van a ser satisfechas.
Por ejemplo, si tenemos una necesidad emocional, una necesidad emocional de cariño, de presencia, de expresividad, pero yo pertenezco a un grupo de amigos, entonces en mi grupo de amigos hay una sonrisa para mí, hay un abrazo para mí, en ese grupo de amigos la gente me reconoce, si yo estoy triste, les importa; si yo estoy contento, me preguntan por qué; yo pertenezco a ellos, entonces el miedo desaparece, y si el miedo desaparece, ya yo soy espontáneo, ya no necesito máscaras.
Es todo un análisis el que vamos haciendo. Máscara, miedo, necesidad. La necesidad es: necesidad de pertenencia, y necesitamos pertenecer para llenar otras necesidades fundamentales, que las hemos resumido en cuatro: sustento, crecimiento, florecimiento alegría, y eso lo necesitamos en cuatro áreas de nuestra vida: lo físico, lo intelectual, lo emocional y lo espiritual o trascendente.
Eso es un modelo antropológico que nos ayuda a comprender este tema de las máscaras. Fíjate todo o que hay ahí.
Lo mismo que antes dijimos de los miedos, ahora podemos decirlo de las necesidades y de las dimensiones que hay en nosotros. En la parte física, tú te sientes sostenido en esa parte física, eso implica alimento, vestido, vivienda, salud, deporte; en la parte intelectual, o en la misma parte física tú sientes que haya ese crecimiento; en la parte emocional...
Tú puedes analizar cualquiera de estas cuatro áreas en cualquiera de estas cuatro fases, según la matemática eso nos da un cuadro que se podría hacer en algún lugar: dieciséis áreas, dieciséis sectores de interés.
Tú te puedes preguntar eso: ¿Cuál es mi cecimiento en la pate emocional? ¿Cuál es mi florecimiento en la parte emocional? ¿Cuál es mi alegría en la parte emocional, afectiva, de sentimiento, de interrelación, de autoestima?”
Qué complejidad tan grande pero tan hermosa tien el ser humano, ¿sí o no? Somos seres profundamente complejos, tenemos una multitud de dimensiones, y así nos hizo Dios, así nos quiso Dios, en esa complejidad brilla la hermosura del plan de Dios para el ser humano.
Cuando esa estructura compleja que eres tú y que soy yo, cuando esa estructura compleja se siente amenazada, intenta protegerse a toda costa; y en su itento, se encienden las alarmas, se siente miedo; para tratar de no romper la relación con las otras personas, empiezo a actuar, empiezo a ponerme máscaras, por eso nosotros nos escondemos.
Dejemos hasta ahí esa parte. Esa es la parte que podemos llamar de “diagnóstico”. Pero esaparte de diagnóstico también nos sirve para ubicar por dónde puede ir una solución.
La solución no es simplemente que nosotros digamos: “Bueno, atención mundo entero, en quince minutos voy a dejar todas mis máscaras”, no. La solución no es un acto vigoroso de la voluntad y ya, y ya quedé, no. Hay que aprender a ser respetuosos de esa complejidad, de esa hermosa complejidad que tiene el ser humano.
La solución no es un simple acto de la voluntad, la solución implica bajar bastante profundamente, bajar a toda esa necesidad que tenemos, a todas esa posibilidades de crecimiento que tenemos. Esa es la verdadera solución.
Bueno, terminado el diagnóstico, -esto es como una iluminación desde la psicología, una psicología de sentido común, esta no es psicología formal-.
Terminada esta iluminación, pasamos a la parte bíblica. ¿Qué nos puede decir la Biblia sobre este aspecto? Todavía estamos en la parte interpersonal, pero queremos ver si la Biblia nos ilumina este tema de las necesidades que tenemos.
¿Qué nos puede decir la Escritura sobre estas necesidades? ¿Qué nos enseña? Bueno, ¿por dónde empezar? Hay tantos textos. Lo primero que nos enseña es que hay un primer espacio de libertad, hay un primer espacio que es donde nuestras necesidades son acogidas, y ese primer espacio es el vientre materno y el regazo materno.
Es decir, la libertad empueza o termina en el vientre de la mujer, esa es la primera fase. Segunda fase: la libertad avanza o se pierde en el seno de la familia. Tercera fase: la libertad se define o se destruye en la comunidad. Cuarta fase: la libertad encuentra su plenitud o se frustra en la pertenencia a la estirpe humana en su conjunto.
Fíjate que el análisis bíblico que vamos a hacer es como en círculos, círculos concéntricos. La primera experiencia de libertad es el seno materno. La vida en el seno materno sólo puede ser clasificada con la palabra “chévere”.
Mira, es un entorno climatizado, ni muy frío ni muy caliente, ¿ahí uno qué hace? Se la pasa flotando, da vueltecitas, de vez en cuando da pataditas también, de eso saben las mamás. Es un entorno de libertad, es la primera experiencia de libertad: ser recibido, ser abrazado.
El abrazo más perfecto que uno puede recibir no es una abrazo de brazos, es un abrazo del vientre de la mamá, porque el vientre de la mamacita te envuelve por todas partes, te abraza todo, todo, todo, todo.
El abrazo de vientre, esa casita llena de amor, esa casita llena de calor, esa casita donde todo te llega, no tienes ni que sentir hambre, todo te llega, ¡ay, qué delicia! Todo llega, deseablemente no hay enfermedad, no hay tensión, si quieres dormir, dueeermes un rato; no tiens problemas de horario, no hay que marcar tarjeta, nada, la libertad total, esa vida se califica de “chévere”.
Sin embargo, se ha estudiado que los fetos experimentan estrés; si la mamá está preocupada, el feto lo siente, o sea que parece que después de todo tampoco es tan perfecta la situación.
¿Qué nos dice la Biblia sobre esa etapa? Nos lo dice en el salmo 139: “Me tejiste en el seno materno”.
La primera experiencia de libertad, la primera experiencia radical de libertad está en el seno materno y ahí es la experiencia de ser construido, la experiencia de ser sostenido, la experiencia de ser alimentado, al experiencia de ser abrazado, la experiencia de ser amado.
Esa experiencia se puede dañar, y por eso digo que se a detectado que los ruidos excesivos, la alimentación mala, los sustos que pase la mamá, todo ese tipo de cosas tiene que afectar al bebé.
Pero yo quiero que nos fijemos no en las cosas cuando se dañan sino cómo van al principio, porque las experiencias más profundas de sanación tienen que devolverte al seno materno.
Las experiencias más profundas de sanación son como un nuevo vientre; las experiencias que te van a devolver la libertad, para que ya no tengas que usar tus máscaras, son experiencias que te recubren, que te envuelven, que te protegen, que te alimentan cuando estabas en la barriguita de tu mamá.
Aún la mamá más perfecta debe tener, y tiene seguramente, muchos defectos; nuestras madres no eran perfectas y no existe el embarazo químicamente perfecto, siempre hay inconvenientes.
Y, además, después de todo eso viene el nacer, ¿no? Y nos dicen hoy los psicólogos que el proceso mismo de nacer es traumático: el cambio de temperatura y el aprender a respirar, y, además, no ha terminado uno de nacer y ya lo aporrean. Es complicado, nacer no es tan fácil.
“Cuando en lo oculto me iba formando, tus manos me entretejieron” salmo 139,15. El salmo 139 no cuenta esa experiencia de ser tejido, de ser construido por Dios en el vientre materno.
Pero ¿y qué pasa cuando la persona no ha sido deseada? ¿Qué pasa cuande se sabe que era una niña y se quería un niño?¿Qué pasa cuándo incluso la mamá estuvo considerando abortarme? ¿Qué pasa en esos casos? Indudablemente eso tiene un impacto en nuestra estructura psicológica, un imàcto en nuestra historia ante Dios, pero sobre todo nuestra historia como seres humanos.
Lo primero que nos dice la Biblia es que el primer espacio de libertad y el primer espacio de una experiencia fundante de amor es el vientre materno; y la Biblia nos dice también que hay otro espacio, que es el espacio de la familia, después del vientre materno, en el espacio de la familia.
La alegría de la familia, la alegría de una familia numerosa. Fíjate cómo, en todo el Génesis, la gran bendición es tener una familia numerosa, una familia donde es posible el amor, donde es posible crecer, florecer, donde es psible la alegría.
¿Cuál es el espacio para conocer la Ley de Dios? La familia. Según la Biblia, el trabajo de transmitir la fe no es un trabajo de los sacerdotes, es un trabjo de los papás; en la Biblia los catequistas son los papás, y eso lo hemos perdido.
Hay muchos papás que creen que con mandar a un hijo a un colegio católico, “allá que se encarguen”. ¡No! En el plan de Dios, tú, que eres papá, tú, que eres mamá, eres el primer responsab le del crecimiento en la fe de tus hijos.
¿Qué era lo que estaba haciendo Dios cuando estábamos en el seno materno? Nos estaba tejiendo, ese tejido tiene que continuar en la familia. El papá va tejiendo, va construyendo, va edificando en cada hijo, en cada hija; la mamá va tejiendo, va edificando en cada hijo, en cada hija, de moso que aprendan a ser, al mismo tiempo, fieles y libres.
El papel del papá, el papel de la mamá en la familia es mostrar la ruta de Dios, y mostrar en ese Dios una plenitud human, una plenitud de alegría. Esas dos palabras, la palabra “fidelidad” y la palabra “alegría”, o se aprenden juntas en la familia, o permanecen separadas, casi digo, para siempre.
Repito esa idea: en la familia se aprende cómo, ser bueno, es buen negocio, si eso no se aprende en la familia, es muy difícil aprenderlo después. En la familia nos enseñan que ser bueno, es decir, ser fiel a los preceptos del Señor; ser bueno, es un buen negocio; ser bueno, trae alegría; ser bueno, trae su recompensa.
El papá, la mamá, a través de una cuidadosa pedagogía, van guiando a los hijos y les van enseñando cómo, al mismo tiempo, sean buenos y cómo pueden ser felices; cómo pueden encontrar su deleite en la Ley del Señor.
Cuando se enseña que ser bueno es buen negocio, entonces las personas aprenden a vivir libres. Porque la libertad no es la ausencia de la ley, sino la felicidad en la ley.
Esa frase te puede servir y te la repito: la libertad no es la ausencia de la ley, porque la ausencia de la ley ¿qué sería? “Como a mí no me importa la vida, entonces yo mato al que yo quiera”, ¿eso es libertad? No, eso es anarquía, eso es destrucción de la sociedad humana.
La libertad no es ausencia de la ley, la libertad es que nos enseñen la bondad y la alegría que hay en la ley, en la Ley de Dios, en primer lugar, luego también en las leyes humanas, esa es la libertad. La libertad no es ausencia de la Ley, sino felicidad, plenitud en la Ley, ¿y eso dónde lo podrá aprender uno? En la familia, ¿cómo lo enseña la familia? A través del papá y de la mamá.
El papá que aconseja, el papá que pone unas normas claras, el papá, también, que sabe corregir a tiempo, el papá que sabe animar, abrazar, dar cariño, felicitar; el papá que me va enseñando que lo mejor, el mejor negocio en mi vida es ser bueno, ese papá, ese papá, está dándome la libertad.
Fíjate lo que dijimos antes: según la Biblia, Dios nos empezó a tejer en el seno materno; cuando nuestra libertad cojea, necesitamos reencontrarnos con el seno materno, con el vientre, necesitamos nacer de nuevo.
Y seguramente ustedes van a preguntar lo mismo que le preguntó Nicodemo a Jesús: ¿Y cómo puede uno nacer de nuevo si uno e viejo? “ Juan 3,4, y Jesús nos volverá a responder: “Hay que nacer del agua y del Espíritu” Juan 3,5. Pero de eso vamos a seguir hablando más adelante.
Lo mismo, si yo tengo un conflicto grande entre la libertad, por un lado, y la verdad, por otro lado, es decir, por un lado yo quiero hacer cosas, y por otro lado sé que están prohibidas, ¿esa clase de conflictos de dónde vienen? Deficiencias en mi familia.
La familia es el espacio donde uno iene que aprender que ser bueno es buen negocio, si uno no ha aprendido eso, ¿qué necesita? Necesita devolverse a ese círculo, esto va por círculos: vientre materno, familia, comunidad, humanidad.
Si estamos en conflicto, si sentimos que lo que queremos, no lo deberíamos hacer; y lo que debemos hacer, no lo queremos, ese tipo de conflictos son conflictos que provienen de ese círculo, el círculo familiar, hubo deficiencias en mi formación familiar.
Cuando hay deficiencias en el vientre materno, solución: hay que devolver a la persona a esa etapa: un nuevo nacimiento; si hay deficiencias entre lo que quiero y lo que debo, deficiencias en el círculo familiar: hay que devolverlo a la familia.
¿Y eso cómo se sucede? Así como Cristo dice que necesitamos un nuevo nacimiento, un nuevo vientre en el agua y en el Espíritu, también necesitamos una nueva familia. Necesitamos nuevas familias, necesitamos nuevas familias que puedan adoptarnos, ya vamos viendo esto hacia dónde apunta.
Luego viene el tema de la comunidad. Aver, ¿en la comunidad qué es lo que sucede? De tantos textos que podríamos escoger, yo les quiero recordar uno de la Carta a los Efesios. Nos dice el Apóstol San Pablo: “Enojáos, pero no lleguéis a pecar, que la puesta del sol no os encuentre en vuestro enojo” Efesios 4,26, eso es propio de la comunidad.
¿La comunidad qué es, refiriéndonos a la comunidad como pueblo de Dios, a la comunidad como Iglesia? ¿Qué debe ser la comunidad? La comunidad está llamada a ser un espacio en el cual verdad es posible, esa es la comunidad cristiana.
San Pablo le dice al Apóstol San Pedro, -y se supone que Pedro era lo que nosotros llamaríamos el priemer Papa-, San Pablo le dice a Pedro: “Oye, deja de simular. Antes de que llegaran los discípulos de Santiago, que llegaron de Jerusalén, tú tenías un comportamiento y ahora cambiaste,¿por qué cambiaste?”
La comunidad es el espacio de la verdad, la comunidad es el espacio de la corrección freaterna, la comunidad es el espacio de la educación mutua, la comunidad es el espacio libre de máscaras, el espacio por excelencia libre de máscaras.
¿Qué es lo que recibimos en el seno materno? El tejido: ser amados gratuitamente, recibir el ser. Pero vamos a dejarlo en ser amados. ¿Qué es lo que recibimos en el seno familiar? Ser bueno es buen negocio, ¿eso qué es? El principio moral fundamental.
Entonces, el seno materno nos da el ser; la familia nos da el ser moral, es decir, la comprensión de que ser bueno es el camino para ser feliz, y si eso no lo tenemos claro necesitamos devolvernos al seno familiar.
La mamá nos da el ser, bueno, el papá algo ayuda; la mamá nos da el ser; la familia nos da el ser moral; la comunidad nos da el ser verdad.
En la verdadera comunidad cristiana sucede el conocimiento reflejo, el reflejo completo, continuo, ¿qué queremos decir con esto? En una verdadera comunidad cristiana yo aprendo a reconocerme como un más: uno más que ha sido amado, uno más que ha sido redimido.
¿Qué más nos dice la Escritura? Nos dice que nosotros pertenecemos a la estirpe de Adán, pertenecemos a la humanidad, ¿y qué descubrimos al saber que pertenecemos a una raza, que cobija siglos y siglos, qué descubrimos ahí? Descubrimos la trascendencia del plan divino, descubrimos la grandeza del designio de Dios, vamos a llamar eso “el ser trascendente”.
¿Cuáles son los niveles que nos enseña la Biblia según este esquema? Nos enseña que en la mamá recibimos el ser, en la familia recibimos el ser moral, en la comunidad recibimos el ser verdad y en nuestra conciencia de pertenencia a la humanidad recibimos el ser tascendente, encontramos un lugar dentro de un designio maravilloso y amplio.
Bueno, hemos aprendido una que otra cosa: hemos hablado de máscaras, las máscaras vienen de miedos, que vienen de necesidades, las necesidades son de pertenencia.
Necesitamos pertenecer prque tenemos necesidades muy profundas que son: sustento, crecimento, florecimiento y alegría, y que tienen que ver con las cuatro áreas de nuestra vida en este modelo antropológico sencillo: lo físico, lo intelectual, lo emocional y lo espiritual, esa fue la primera parte.
La segunda parte es la parte bíblica, y en la parte bíblica hemos visto que nosotros tenemos espacios de libertad, espacios de autenticidad, y esos espacios donde estamos libres de toda cohersión, los podemos organizar en círculos concéntricos, y son: el vientre materno, la familia, la comunidad y la humanidad.
Y en cada uno de esos círculos, lo que vamos recibiendo es ser, pero una plenitud de ser: ser como regalo, en el vientre materno; ser moral, saber que ser bueno es un buen negocio, ese es la familia; ser en la verdad, descubrir el reflejo mío en la otra historia de otro hermano, y descubrir que él también puede confrontarme porque mi hermano es otro como yo, ese es el ser en la verdad, en lo propio de la comunidad.
Y de ahí, el ser en la trascendencia, que también podríamos llamarlo “el ser en la comunión”, ahí me descubro parte de un plan maravilloso de amor, podriamos llamarlo tambien “el ser en el amor”, ¡es muy bello!
Hay unos espacios de libertad. Con esta manera de hablar, tomada de algunas reeferencias bíblicas, descubrimos que necesitamos ser sanados pero ya sabemos qué significa ser sanados.
Estos espacios de libertad, vientre materno, familia, comunidad, trascendencia, porque eso se va abriendo, ¿estos hermosos espacios de libertad tienen que darse idealmente? Obviamente. La mamita, la familia, la comunidad, la humanidad, en ese orden.
¿Pero qué pasa cuando se daña el proceso? ¿Qué hay que hacer cuando se daña el proceso? Devolverse.
Algunas veces devolverse es tomar conciencia que pertenecemos a la raza humana; pero a veces el daño es más profundo, se nos ha olvidado ser en la verdad, no admitimos que nadie nos corrija, ¡mala seña! Esa es la segunda conferencia:uno vive justificándose, justificándose, ¡mala seña, mala seña! No ha podido vivir en la verdad, necesita conocer, experimentar una verdadera comunidad.
El daño quizás es más profundo, la persona hasta sí quisiera ser en comunidad, pero vive con una tensión, un conflicto interno tenaz, y ese conflicto interno es el conflicto entre “lo que yo quisiera y lo que yo debiera”; tiene un conflicto tenaz, complejo, hay que devolverlo más, devolverlo a la familia.
Pero quizás el conflicto es todavía más profundo, la persona ni siquiera sabe si debería existir, la persona ni siquiera siente alegría de existir, la persona no ve una luz; hay que devolverlo más todavía, has ta la experiencia del seno materno.
Hay que hacer estas devoluciones. Este tema de las devoluciones en psicología lo llaman “regresiones”, pero el problema de las ”regresiones” es que nos secuestraron ese tema , entonces hay gente que dice: “no sólo hay que devolverlo hasta el senomaterno, sino que devolverlo hasta la vida anterior”, ya se les va la mano, ya le meten ¿qué? Reencarnación. En el fondo, el tema de liberarse de las máscaras es un tema de regresiones, pero no caer en el error de la reencarnación, la reencarnación no es cristiana. La Carta a los Hebreos dice: “Se vive una sola vez y luego el jucicio”, o sea que nadie puede decir que es cristiano y creee en la reencarnación, eso no se vale.
Pero fíjate que las regresiones sí se necesitan, ¿y cómo cómo se dan esas regresiones? Aquí es donde empatamos con el segundo tema. Tú te acuerdas que dijimos que esta conferencia tenía dos partes, la primera son las máscaras ante el prójimo, nos escondemos del prójimo; la otra es nos escondemos ante Dios.
Hemos hablado todo ante el prójimo, vamos a hablar un poquito de cómo sucede el esconderse ante Dios y qué es lo que uno pretende con ese esconderse ante Dios.
Cuando uno ha obrado mal ante Dios, huye, busca la oscuridad, busca las matas del jardín, “que Dios no me vea”, intento vano, por supuesto, porque Dios todo lo ve y todo lo conoce; pero uno trata de esconderse.
¿Qué es lo que uno intenta al esconderse? Es algo muy difícil de responder, porque uno dice es algo estéril, no tien sentido, pero lo hacemos, ¿por qué lo hacemos?
La Biblia llama al demonio “el padre de la mentira” , y debemos partir de la base de que nuestros pecados tienen siempre como causa última el engaño del enemigo; no es la causa próxima, no hay que decir que el diablo le ocasiona a uno todos los pecados , porque hay gente que dice eso, “todo lo ocasionó el diablo, todo”.
“Comí demasiadas harinas en el almuerzo. El demonio me está persiguiendo para que yo coma harinas”; “me emborraché hace quince días. El demonio que me trae cerveza y cerveza a la mesa”.
No hay que estarle echando la culpa al demonio de todo o que a uno le sucede. Pero nosotros sabemos que “el pecado entró en el mundo pr la envidia de Satanás, dice San Pablo”.
Bueno, ¿y qué era lo que pretendía el demonio? Él, que es el padre de la mentira, el príncipe de las tinibles, ¿qué era lo que pretendía el demonio? Pues el demonio cometió como pecado fundamental el orgullo, la soberbia, ¿y la soberbia del demonio cuál es? Está sintetizada en esta frase: “No serviré”, no quiere humillarse ante Dios, no quiere servir a Dios.
¿Qué es lo que pretende uno con el pecado cuando uno se esconde? Lo que uno pretende es organizarse uno la propia vida a espaldas de Dios. El escoderse, el hacer de cuenta que Dios no existe es un intento vano de fundamentarse uno en sí mismo, en los propios gustos, en las propias ideas.
Lo que uno pretende al esconderse de Dios es hacer de cuenta que Dios no existe para organizar uno su mundo a su manera. Uno se esconde de Dios porque no quiere que Dios entre en la vida de uno; uno niega a Dios porque no le conviene que Dios exista.
Y ese apartarnos de Dios para construir nuestra propia vida como a nosotros nos parece, no es otra cosa sino una continuación del no arrogante, del no soberbio, de Satanás.
Nos escondemos de Dios porque pretendemos construir nuestra propia vida como si Dios no existiera, intento vano pero eso es lo que queremos.
Cuando Adán se encuentra con Dios, se encuentra con la pregunta de Dios, y se encuentra con el dictamen de Dios, y se encuentra con la orden de Dios, y se hace lo que Dios quiere. A través de ese encuentro lo único que puede suceder es obediencia a Dios.
Es muy interesante ver en el Evangelio lo que dicen los demonios cuando Cristo se acerca: “Jesús de Nazareth, le dicen, ¿a qué has venido, a torturanos? Has venido antes de tiempo a torturarnos. Yo sé quién eres, el Santo de Dios”, dice el demonio.
¿Por qué para el demonio es una tortura que esté Jesús? ¿Por qué para el demnio es una tortura que esté la luz? Porque ante la verdad de Jesús aparece toda la metira de la vida que hemos tratado de construir; porque ante la luz de Dios aparece toda la fragilidad, toda la incoherencia, toda la suciedad, todo el engaño de ese mundo que hemos tratado de construir sin Dios.
Por eso, el que obra en la oscuridad, el que obra tenebrosamente, busca las tinieblas, porque no quiere que se derrumbe su mentira, porque no quiere que se derrumbe su ilusión. Por eso no quiere oír de Dios, por eso el demonio le tiene miedo a Jesucristo y le dice: “Me estás torturando”.
¿Por qué es una tortura? Porque el demonio podría decir: “Me estás despertando, y quiero seguir dormido; me está iluminando, y quiero seguir distraido; me estás mostrando la verdad, y yo quiero seguir en mi mentira”.
Juntemos las dos partes. La primera, todo el análisis antropológico; y la segunda parte, ¿por qué nos escondemos de Dios? Y ya vamos llegando a una conclusión, cerremos con una conclusión esta primera conferencia.
Nosotros nos escondemos de Dios porque queremos construir la vida a nuestra manera, finalmente, eso se llama orgullo, se llama soberbia; y nos escondemos de las personas porque tenemos miedo. Es decir, ¿por qué nos escondemos? Por orgullo y por miedo; tenemos un orgullo miedoso y tenemos un miedo orgulloso, eso es lo que tenemos.
Tenemos un orgullo miedoso, eso tenemos, un orgullo cargado de miedo, y tenemos un miedo cargado de orgullo.
¿En qué consiste quitarse la máscara entonces? Hay que quitar el orgullo y hay que quitar el miedo. Por eso, Dios nuestro Padre nos envió a Nuestro Señor Jesucristo. Con su humildad, nos quitó el orgullo; con su caridad, nos quitó el miedo.
Por eso vino Jesucristo: con su mansedumbre, desarmó nuestros temores; con su misericordia, con su compasión, le quitó todo sustento a nuestro orgullo, por eso vino Jesucristo.
Tan humilde Jesucristo, tan poderoso, tan hermoso Jesucristo, tan fuerte, tan sencillo, ¡qué Buen Pastor nos ha mandado nuestro Padre Dios! Nos mandó a su Hijo Único, “para que todo el que cree en Él no perezca sino que tenga vida eterna”.
Cristo es el remedio que necesitábamos, ¡Cristo! ¡Él es el remedio! Porque Cristo quita esos engaños, y por eso Cristo pudo decir: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” Juan 14,6. Él es la verdad, y por eso pudo decir: ”Yo soy la luz del mundo” Juan 8,12, porque en Cristo, en la humildad de Cristo, en la mansedumbre de Cristo, nuestros orgullos tiemblan y caen. En la bondad de Cristo, en la misericordia de Cristo, nuestras esperanzas florecen y le abrazan.
Cristo es el remedio que necesitábamos, y el que se encuentra con Cristo ya no necesita esconderse. Encuéntrate hoy con Cristo y ya no tendrás que esconderte nunca jamás.
Pero bueno, dijimos que había unas regresiones, ¿qué pasó con ese tema? ¿Cómo será que Cristo nos devuelve, cómo será que Cristo nos ayuda en esas regresiones? La manera más breve de concluir este tema es ver que Cristo nos hace la regresión completa.
Y la regresión completa no es con reencarnaciones, ¡fuera de aquí ese tema de las reencarnaciones, no tiene nada que ver con la fe cristiana! La regresión completa es el neuvo comienzo, es el nuevo nacimiento, la regresión completa es llevarnos al bien.
¿Cuál es ese vientre en el cual renacemos? ¿Ustedes han visto un feto en el vientre? Sí, ¿cierto? En una ecografía. ¿Y usted ha visto cómo es una persona adulta en el vientre de Dios? Sí, sí, sí se ve, ¿sabe cómo se ve? Yo lo he visto y algunos de ustedes aquí también.
¿Usted ha visto cuando algunas veces se ponen a orar por una persona, y la persona tiene eso que se llama “descanso en el espíritu”? ¿Han oído hablar de eso? ¿Qué es eso? Es una experiencia de sentirte arropadito, arropadito, arropadito, del amor de Dios; de sentirte alimentado, alimentado, alimentado; de sentirte infinitamente libre, infinitamente amado, más allá de toda palabra, más allá de todo, eso.
Yo a veces le miro la cara a los que tienen descanso en el Espíritu, y ustedes se van a reír de lo que les voy a decir: tienen cara de feto feliz, eso es ver a un adulto renacer, es una paz que irradia; se sienten amados, se sienten envueltos, esuna belleza, eso es una hermosura.
No solamente en el descanso en el espíritu se da esa experiencia, muchas veces se da también en una buena confesión, pero una confesión de aquellas, una confesión raspando la olla, ¿sí ha oído de esas confesiones? Raspando la olla, hasta allá, hasta allá, hasta allá.
Una confesión buena. Cuando hacemos una de esas confesiones y sentimos: “Uuy, estoy que floto, estoy que levito, qué alegría”, es una expresión de renacer, es como que Dios me ha llevado a su vientre.
El vientre de donde nosotros hemos nacido es la oración que nos hizo renacer, esa oración salió de la herida del costado. El corazón de Jesucristo es el vientre de Dios. Hay veces, son porquitas en la vida, pero a uno le puede pasar, que uno como que se entra en ese Cristo, uno como que se entra por esa herida, y uno siente que empieza a lavarlo la sangre del Señor.
Ustedes han oído una canción que dice así: “Lávame con tu sangre”? Eso es, “lávame con tu sangre, ¿lavados en la sangre qué es? En vueltos, envueltos por todas partes, “arrópame, Señor, en tu misericordia, envuélveme en tu sangre”. Lavados, lavados, lavados.
El demonio intenta atacarnos por una parte y por otra: “¡Esas manos son pecadoras! ¡Esos ojos son pecadores! ¡Esos pies son pecadores! ¡Ese sexo es pecador! ¡Ese corazón, repleto de pecado!” El demonio no hace sino acusar.
La Biblia describe al demonio como “el que acusaba a nuestros hermanos día y noche”. El demonio disparando, disparando,”por dónde puedo yo atacar”.
¡El que está lavado en la sangre de Cristo nada tiene que temer! Estar uno lavado en la sangre de Cristo es como tener el nuevo vientre, y ahí vuelve a empezar todo. Eso es una cosa sublime.
¿Qué es lo que la gente escucha? ¿Qué es lo queyo quiero que usted escuche el día de hoy? Porque esta no es simplemente una conferencia. Yo quiero, y le pido al Señor que sea una experiencia, experiencia de su amor. La persona que está envuelta en la sangre de Cristo le escucha un susurro, que es lo mismo que oyó Jesús en el Bautismo, ¿qué fue lo que oyó?: “Este es mi Hijo amado”. Marcos 1,11
Usted imagínese eso, que usted esté así envuelto, envuelto en el amor de Dios, y que Papito Dios le diga: “Este es mi hijo amado”, ¡uuy no, me muero, me muero, que me pase una cosa de esas! ¡Eso es maravilloso, esos es algo lindísimo!
Que tú puedas escuchar, mujer, que tú puedas escuchar: “Tú eres mi hija amada”, ¡uuy, uuy, uuy! Que Cristo dija eso, que tú eres su hijita, su niña amada, ¡ay, que tú puedas oír eso! Mira, eso te reconstruye, eso te devuelve libertad, eso hace que caigan las máscaras, eso te soluciona, eso te sana, eso te limpia, eso te libera.
Jesús también te da una familia, pero aquí no estamos hablando todavía de comunidad, estamos hablando de papá, mamá y hermanos. Todos nosotros, en nuestro proceso de conversión, hemos tenido un buen papá.
San Pablo les decía a varias comunidades: “Cuidado, que yo soy su papá”, así les decía, “yo soy su papá, cuidado; yo los engendré para Cristo”.
Cuando hablamos aquí de la nueva familia, ¿cuál es la nueva familia? La nueva familia es esa amiga que te agarró del brazo y que te dijo: “Que sí, hombre, vamonos para allá, vámonos a San José de Calasanz, no sea terco, vamos, vamos”.
Jesús nos da también personitas que son como nuestros papás, como nuestras mamás espirituales; muchas veces en el matrimonio el esposo tiene que hacerle fuercesita a la esposa para que que vaya, o lo contrario.
Jesús nos da personitas que nos van empujando y se convierten como en el papá espiritual, Jesús nos da esa familia, nos da un papá, nos da una mamá. Después Jesús nos da una comunidad, y en la comunidad nos confronta.
Aquí tenemos una comunidad completa, se llama “semilla de mostaza”. Esta es una comunidad. El Señor nos da una comunidad, a veces en la comunidad hay discusiones, hay distintas opiniones. En La comunidad aprendemos que nadie es dueño absoluto de la verdad, aprendemos unos de otros, así Jesús nos sana.
Jesús también nos devuelve el sentido de pertenencia a la humanidad; Jesús nos recuerda que somos una sola familia en Dios; Jesús nos integra en un plan maravilloso que se llama la Iglesia, Iglesia somos todos.
Vamos a terminar de la siguiente manera. Recordemos todo lo que hemos dicho: que hay ocultamiento y nos escondemos ante los demás y ante Dios; y ante los demás es básicamente por miedo, por una cantidad de necesidades que tenemos; y ante Dios es básicamente porque queremos llevar nuestra propia vida, y eso se llama orgullo.
Que tenemos un orgullo y tenemos un miedo; y por eso, nuestro Padre Dios nos envió a Jesucristo, el cual nos sana de nuestro orgullo por la mansedumbre, por la humildad que llegó hasta el patíbulo de la Cruz. La Cruz es el lugar de la máxima humildad y en la Cruz muere todo orgullo.
Y Jesús manifestó, con sus milagros, con sus palabras, con sus exorcismos, Jesús manifestó la infinita bondad, la munificencia, la ternura de Dios, y lo manifestó especialmente en la Cruz. En la Cruz de Cristo brilló toda la humildad de Dios, todo el amor de Dios. Y por eso, en la Cruz bendita de Jesucristo se destruye toda máscara, aparece toda verdad y renace todo cristiano para la eternidad. Amén. ¡Viva Jesucristo!
A este Jesús, a Jesús Crucificado, a Jesús que te libera de tus máscaras, a Jesús que devuelve la verdad a tu vida, le vas a gritar con toda el alma: “¡Viva Jesucristo!” Amén. El aplauso para Él.