Pasc017a

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Feliz Pascua para todos. Después de toda la preparación del camino que recorrimos en la cuaresma y como cumbre de las celebraciones de la Semana Santa, tenemos la Pascua. Es verdad que va disfrutar mucho mejor de esta fiesta el que mejor se haya preparado para ella; porque es verdad que le sabe mucho mejor el alimento a aquél que tiene bastante hambre. Y, en buena parte, el camino de la Cuaresma es para eso: no solo para el ayuno corporal; sino sobre todo, para experimentar hambre de Jesucristo en nuestros corazones, sentir que Jesús de verdad nos hace falta, sentir que sin Él nada somos, sentir que no le podemos dejar simplemente tirado en el sepulcro. Algo así sintió aquella mujer que había experimentado el poder del amor de Dios: María Magdalena. Ella que había sido rescatada de las garras del mal, ella que había experimentado la luz deliciosa que viene de la gracia de la paz y de la pureza del corazón de Cristo, ella sabía muy bien que no tenía otro sentido su existencia si no era al lado de Jesús. Y por eso, porque tenía inmensa hambre de la presencia de Jesucristo y porque sentía caridad y gratitud hacia Él, por eso se dirige a temprana hora camino del sepulcro; y se encuentra, entonces, con el mismo Cristo. Ahí hay una enseñanza para nosotros: el que tenga verdadera hambre de Dios no va a quedar defraudado. En realidad, en María Magdalena se cumplió lo que dijo el Señor Jesús: “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, toquen a la puerta y se les abrirá”. Y ella tocó, tocó a la puerta del sepulcro, pero la roca estaba removida, y ella llamó y se la respondió, y ella pidió y recibió. Y ese es también el don de la Pascua para nosotros. Si necesitamos de esa luz, si necesitamos de esa paz, si necesitamos de esa gracia que solamente Dios puede dar, entonces hagamos como ella. Vayamos donde Jesús, vayamos a recordar que el amor lo condujo hasta las últimas consecuencias, porque ese sendero del amor que se entrega es también el sendero de la Pascua. No debemos olvidar que el sendero de la tristeza se convirtió en marcha de alegría. Aquella que había acompañado a Jesucristo en lo más oscuro de su dolor, en lo más terrible de su padecer, es también la que encuentra por el sendero del sepulcro la marcha triunfante del amor que da la gloria. Bendito sea Dios en este día de Pascua. Pidamos al Señor que su don, el don de la reconciliación, el don de la vida nueva llegue a nosotros, que llegue a nuestras familias, que llegue a nuestras comunidades, que llegue al mundo entero; porque Cristo ha querido ofrecerse no por uno, ni por unos pocos. Cristo ha querido darse para ser don de luz, don de gracia, don de perdón, don de vida nueva para todos. No dejemos perder esa vida, no dejemos perder esa gracia, no dejemos perder ese amor. Pidamos al Señor que ese mismo gozo que nosotros podemos experimentar, llegue también a otros y que ellos también puedan alabar al Señor de la gloria. Feliz Pascua, feliz Pascua para todos.