O195005a
Fecha: 20120817
Título: ¿En que consiste la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?
Original en audio: 4 min. 59 seg.
Si preguntamos a algunos de nuestros fieles católicos; ¿en qué consiste la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, seguramente encontraremos todo tipo de respuestas: algunos dirán por ejemplo que en el Antiguo Testamento Dios era un Dios bravo, un Dios castigador, un Dios implacable; en cambio el Dios que se nos ha mostrado en el Nuevo Testamento, es el Dios comprensivo, es el Dios amigo, es el Dios de la misericordia.
Esa es una manera de ver las cosas, algunos otros dirán que el énfasis en el Antiguo Testamento estaba en la justicia y el castigo, mientras que el énfasis en el Nuevo Testamento está en el perdón y está en la paciencia, esta clase de respuesta podríamos obtener.
Pero creo que hay un mal entendido, creo que hay la idea de que cuando se habla de perdón y cuando se habla de misericordia, se está haciendo referencia a un Dios que se vuelve más complaciente con el mal, es decir, un Dios que no le pone tanto problema a que nuestra vida se vuelva mediocre o a que seamos incoherentes o a que cometamos unos que otros pecados.
Es decir, daría la impresión en la mente de algunos fieles católicos, daría la impresión de que el Dios del Antiguo Testamento era un Dios con la manga muy justa y en cambio el Dios del Nuevo Testamento es un Dios manguiancho; es un Dios mucho más permisivo, es un Dios que da unos mandamientos tan generales que finalmente eso equivale a que: ¡Hombre, basta con que seas buena personas, basta con que seas tolerante; más o menos como lo que suele predicar la izquierda política en muchos países.
Es decir, si tienes un buen talante, y si eres tolerante y si sabes admitir que hay otras posturas diferentes a la tuya, pues con eso basta, con eso hay suficiente.
¿Realmente sé hacer un retrato del mensaje de Jesucristo? Realmente vino Cristo a la tierra solamente para decir: miren, ¿saben una cosa? No hay que tomarse tan en serio el tema de Moisés. ¿Saben una cosa? No se amarguen más por los tales mandamientos procure cada quien hacer lo que buenamente pueda y con eso hay suficiente para salvarse.
¿Es ese Cristo? ¿Ese el mensaje central del Nuevo Testamento? Por supuesto que no! Yo creo que el Evangelio de hoy tiene que ser como una piedra en el zapato para todos aquellos que creían, que pensaban que el Evangelio era algo así como una especie de Moisés relajado. Resulta que lo que encontramos en el Evangelio de hoy , cap. XIX de Mateo; es que Cristo dice que Moisés estaba demasiado amplio en el tema del matrimonio porque Moisés estaba permitiendo el divorcio.
Moisés decía, que bueno, finalmente, si no funcionó, entonces existe el divorcio y Cristo viene a decir que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre y Cristo viene a decir que el plan original de Dios no es la separación y ahora que favor me expliquen y explíquenme muy bien si es que este Cristo es más relajado que Moisés o qué es lo que está pasando?
Y fíjate que cuando nosotros vamos al sermón de la montaña, pues tampoco podemos seguir con esa idea de que el Evangelio es una especie del Moisés relajado, porque Moisés por lo menos criticaba o castigaba los pecados externos comprobables en cambio Cristo dice que ahora también somos reos de aquellas cosas que solo existen en nuestro pensamiento y en nuestra intención y eso parece incluso agobiante, incluso asfixiante a algunas personas.
Pero es que la respuesta, es que la diferencia entre Antiguo y Nuevo Testamento, no es que el uno sea estricto y el otro sea relajado, la diferencia más bien es que en el Nuevo Testamento como enseña Santo Tomás de Aquino, viene una nueva ley y esa ley que es la ley del espíritu y habitando en nosotros, hace que nosotros podamos alcanzar el propósito de la Ley de Moisés. Para nosotros con mayor sencillez porque la fuerza no la hacemos nosotros, porque la fuerza la hace el Espíritu Santo, pero no es que la meta sea menor, no! La meta es mucho más alta y la santidad que se espera es muchísimo mayor; solo que Dios está con nosotros, nos ha dado el poder de su Espíritu y con esa gracia y poder, podemos repetir lo de Pablo: “todo lo puedo en aquel que me conforta”.