Gramática de Cristo, 1 de 4, Introducción
Iniciamos hoy esta serie de meditaciones que llevan por título "La Gramática de Cristo". Todo parte de una sencilla reflexión: "Cristo es la Palabra de Dios". Y Cristo como Palabra ha iniciado, o mejor, ha recomenzado un lenguaje en nosotros, o con nosotros.
Recordemos que el pecado es ruptura, el pecado implica que se produce un distanciamiento, un abismo entre Dios y el hombre, y ese abismo lo podemos describir también como un silencio, lo podemos describir como una indiferencia, o lo podemos describir como una incomprensión.
El abismo que crea el pecado hace que nosotros no le entendamos el lenguaje a Dios; el abismo que crea el pecado hace que nuestras oraciones se aleje de lo que Dios quiere. Hay una palabra durísima en la Carta del Apóstol Santiago donde este Apóstol dice: "Ustedes piden y no reciben porque piden mal" Santiago 4,3, y entonces describe todos los errores que uno comete en la oración: "Ustedes piden para satisfacer sus pasiones, para satisfacer sus intereses; ustedes piden, pero piden en medio de riñas, en medio de envidia, en medio de disputas".
¿Eso qué quiere decir? Que el pecado ha roto el lenguaje con Dios, el pecado ha hecho que nosotros no le podamos entender a Dios y nos nos podamos hacer entender de Dios, y esa ruptura que ha causado el pecado es la que tiene que ser sanada a través de todo un camino que se llama el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, es decir, a través de la Palabra de Dios.
Una manera muy bonita de mirar el Antiguo Testamento es como la creación de un lenguaje: "Se rompió la comunicación entre Dios y le hombre", se rompió la comunicación porque se había roto la comunión, entonces hay que restaurar la comunicación. Fíjate que cuando uno no se entiende con una persona tampoco le entiende lo que dice, y uno tiende a interpretar mal lo que la otra persona dice, y la otra persona le interpreta mal lo que uno dice, y por eso son tan difíciles los llamados "diálogos de paz", porque no existe la voluntad de entenderse, porque uno tiende a mirar sobre la peor luz posible y a mirar desde el peor ángulo posible lo que el otro está diciendo.
Entonces vemos que entre israelíes y palestinos, que lamentablemente hay esas divisiones, esos diálogos como que no avanzan, cualquier cosa que el uno dice, "por el solo hecho de que usted lo dijo, no me gusta, es sospechoso, es peligroso para mi pueblo". "Pero yo digo esto..." Ah, eso al otro tampoco le gusta.
Lo mismo hemos visto en nuestro país en los famosos diálogos de paz, que esos son como más o menos eternos, el gobierno dice una cosa, la guerrilla dice otra cosa, como que no se entiende el uno con el otro. Esta es una realidad, esto no lo podemos negar.
Entonces ¿cómo crear un lenguaje? Fíjate que la reconciliación es la creación de un lenguaje, la reconciliación no es decir unas palabras mágicas: "Ah, yo te perdono, tú me perdonas, ya nos perdonamos, ya quedó". La reconciliación es la creación, muchas veces creación dolorosa, creación paulatina, creación esforzada, es como un parto hasta llegar a dar a luz una nueva realidad, un nuevo lenguaje.
Una vez escuché una pregunta que me marcó mucho: "¿Por qué Cristo demoró tanto en aparecer?" Y hoy les puedo dar la respuesta: Cristo demoró tanto en aparecer porque crear un lenguaje toma mucho tiempo, mucho tiempo.
Entonces la creación de ese lenguaje ocupa todo el Antiguo Testamento, es una creación en la cual al principio a Dios se le escucha pero se le escucha parcialmente. Mucha gente dice: "¿Por qué en el antiguo Testamento aparece Dios mandando unas cosas tan terribles?" Pues mira, es que en tales circunstancias como se encontraba la humanidad, lo que uno puede decir es: la voz de Dios se oía desde lejos, se oía como turbia, se oía como enmudecida, como con sordina.
Tú imagínate lo que es, en medio de una calle llena de ruido, imagínate lo que es tratar de percibir un lenguaje. Una persona que esté al otro lado de una calle ruidosa: pasan vendedores, pasan automóviles, gente conversando, riendo, y desde el otro lado hay otro tratando de darme un mensaje, a duras penas le capto algunas cosas.
Entonces la Biblia nos cuenta eso, cómo, por ejemplo, Abraham en un cierto momento creyó captar que tenía que matar a su hijo, y uno dice: "¿Pero cómo va a ser que Dios le mande a alguien matar a su hijo?" Pues mira, es que en esas circunstancias, en ese mundo donde todos los jefes de familia mataban a sus hijos, porque el sacrificio de los hijos era muy común en la tierra de Canaán, Abraham creyó entender eso.
Pero fíjate cómo, en esa misma escena del Génesis, se ve que se da una superación de ese lenguaje. Abraham, a pesar de que cree haberle entendido a Dios que le manda eso, también descubre en ese momento, a través de la escena del carnero y lo que conocemos, también descubre: "Dios quiere mucho más, Dios va más allá".
Y lo mismo va a suceder muchas veces. Te doy otro ejemplo, estas palabras las dirijo en particular a ustedes, que sé que tiene un camino recorrido en la fe, porque aquí hay cosas un poquito fuertes que vamos a decir. Mira, cuando se presenta el pecado de David, cuando David peca con Betsabé, la mujer de Urías, pues ahí se juntan una cantidad de cosas: ahí se junta un adulterio, se junta una traición, porque David traiciona a su siervo Urías, luego un asesinato, luego mentira, prevaricato, es decir, eso tiene muchos pecados, los que se juntan ahí.
Pero ustedes noten que cuando el profeta Natán va a hablar con David, la comparación que le hace es: "Yo he puesto muchas mujeres en tus brazos" 2 Samuel 12,8, y eso se lo dice Dios, Dios le dice a David eso. Es decir, el pecado que le reprocha Natán a David no es el hecho de que haya tenido una mujer más, ese no es el pecado, el pecado es que le haya quitado la mujer a Urías, osea: "Esa mujer era la única que tenía Uriás, usted tiene muchas".
Cuando uno se pone a analizar lo que eso significa, pues uno dice: Para los estándares del Nuevo Testamento y para lo que nosotros entendemos de la voluntad de Dios, realmente se queda muy corto. Porque David, por lo visto, era bastante alegre en sus aventuras, y en sus relaciones, y en tener hijos, y todo ese tipo de cosas, y Natán no le critica eso, sino Natán únicamente le critica: "Le quitaste su única esposa a Urías", ese es un dato importante.
¿Por qué es importante lo que estamos diciendo? Porque muestra que el crecimiento moral del pueblo de Dios fue paulatino: Dios en ese momento no le exige a David: "No, usted tiene que casarse con una sola y tiene que ser fiel a ella, no; por ahora lo que le exige es: "Hombre, no le quite la esposa al otro, ya usted tiene bastantes, no le quite la esposa al otro".
Evidentemente, es un estándar moral bajo, desde lo que nosotros alcanzamos a ver. Pero repito, es para que nos demos cuenta cómo el Antiguo Testamento fue la construcción progresiva de un sentido moral. Yo no puedo esperar que el el libro de los Jueces, yo no puedo esperar que en las historias de los libros de los Reyes aparezca todo el mensaje moral como nosotros lo conocemos y lo entendemos en este momento. Lo que va a a aparecer ahí son como escalones que van subiendo, escalones que van ascendiendo.
Dentro de esos escalones pues hay muchas etapas, y por eso la Carta a los Hebreos nos va a recordar: "De muchas maneras habló Dios a nuestros padres a través de los profetas" Hebreos 1,1, ¿qué indica eso? Que Dios utilizó una pedagogía y Dios le va mostrando a uno, en todo proceso de crecimiento y en todo proceso de reconciliación, Dios le va mostrando a uno como un camino, le va mostrando a uno una pedagogía.
Entonces, por ejemplo, la persona que está dolida, o la persona que está resentida, Dios la va llevando, la va llevando por un camino. Realmente, el mensaje final es: "La única respuesta es que ames y que perdones y que celebres haber pasado por lo que has pasado". Pero la gran mayoría de nosotros no somos capaces de eso, entonces la gran mayoría de nosotros lo que empezamos diciendo es: "No, yo quiero que se haga justicia, yo quiero que se aclaren las cosas, yo quier que Dios...."
Y tarda uno mucho tiempo, mucho, mucho tiempo, hasta ir avanzando, ir avanzando, ir avanzando, pero Dios hace maravillas y se llega a ese punto en que las personas hablan realmente con el corazón de Cristo. Muchas veces uno está lejos de eso.
A mí me impacto tanto, estando en Irlanda, yo eso lo publiqué ahí en mi blog, me impactó tanto el caso de una familia de apellido Huilland. Esta familia tuvo la terrible tragedia de perder a una de sus hijas, una muchacha que estaba tal vez al final de su secundaria o en los años primeros de universidad, una mujer muy joven que fue con unas amigas a unas vacaciones a Turquía, y por allá un partido separatista turco, o nacionalista turco, o lo lo que sea, hace un atentado y les mató la hija.
Y en las declaraciones que da esta familia, los papás, de común acuerdo, dicen: "Nosotros no buscamos venganza, nosotros oramos para que ninguna familia tenga que volver a pasar por esto, y nosotros no queremos que suceda nada a los que le hicieron esto a nuestra hija".
Esa es ya una altura, esa es una estatura moral muy grande; la mayor parte de nosotros no estamos ahí, la mayor parte de nosotros estamos todavía en los escalones penosos del Antiguo Testamento y estamos todavía en que: "No, en que buscamos la justicia, en que se busca no sé qué". Y esos pasos y esas etapas Dios no las desprecia; uno ve cómo en el Antiguo Testamento se hizo todo ese recorrido, se hizo todo ese camino, y Dios ese proceso lo respeta.
Pero finalmente, nos dice la Carta a los Hebreos, después de haber hablado a través de los profetas, muchas veces Dios nos habló en el Hijo. Entonces Jesús es la culminación de todo ese lenguaje. Todo eso que se venía construyendo, todo eso que finalmente se convierte en un lenguaje ¿de qué? En un lenguaje que es pura caridad, en un lenguaje que es pura mansedumbre, en un lenguaje que es pureza, en un lenguaje que es búsqueda de la gloria de Dios. Es decir, no es sino mirar a Jesucristo, ese es el lenguaje; y mirando a Jesucristo, uno se da cuenta lo lejos que uno está del lenguaje de Dios.
Porque los sentimientos de Cristo, a pesar de la recomendación que nos da el Apóstol en la Carta a los Filipenses: "Tened entre vosotros los sentimientos de Cristo" Filipenses 2,5, y uno no siente eso muchas veces, uno se queda muy corto, uno está en el libro de los Jueces, uno todavía quiere que le den una quijada muy grande para acabar al que me la hizo, uno todavía quiere que intervenga el Señor de los ejércitos, que desnude su anto brazo y le dé su golpe al otro, uno todavía está buscando retaliación, uno todavía está buscando todas esas cosas.
No es que esté malo buscarlo, no, uno tiene que vivir su etapa, pero también uno tiene que entender que esa escalera no termina donde uno está, uno tiene que entender que esa escalera llega mucho, mucho más allá, hasta llegar a esa plenitud que es Jesucristo.
Bueno, aquí termina la introducción,