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Fecha: 20110808

Título: Santo Domingo de Guzman realizo su obra con la palabra

Original en audio: 13 min. 40 seg.


Hay un tema que surge hermosamente el día de hoy, la misericordia de nuestro Padre, y quisiera compartir brevemente tres puntos con ustedes.

En primer lugar, el bien que hace, el balance que trae la misericordia, en un carisma que siempre se define con términos tan intelectuales como es el nuestro.

En segundo lugar, recordar que la misericordia dominicana va ligada a un modo particular de servir a la iglesia que es a través de la predicación.

Y en tercer lugar algo sobre la relación que este aspecto de la misericordia tiene como vinculo de unidad de los distintos momentos y dimensiones de nuestro carisma.

Entonces en primer lugar ver ese balance entre la mente y el corazón alguien dijo que la mayor distancia en el universo no es la de las lejanas galaxias sino la distancia que hay entre la cabeza y el corazón. Entre lo que pensamos y lo que recibimos. Entre lo que amamos y los principios que sostenemos.

Ahí es donde se presentan si no los mayores abismos, si los más dolorosos. En ese sentido la misericordia es un regalo precioso porque viene a tender un puente sobre ese abismo y es importante ver en la figura de santo domingo aquel hombre integral, aquel predicador que no solamente ilumina porque tiene muchos estudios, sino que trae en juego porque tiene mucho amor no es simplemente un maestro que sabe exponer ordenadamente. Es un sacerdote que se conmueve hasta las lágrimas celebrando el misterio de Jesucristo, no es un funcionario, no es simplemente un expositor, es un hombre que ha sido traspasado por el amor de Jesucristo.

El podía verdaderamente hacer suyas las palabras de San Pablo. La caridad de Cristo nos urge y que maravilla si nosotros podemos sentir esa misma urgencia.

Decía Santo Tomas haciendo una comparación entre las dos grandes facultades del alma humana, que la inteligencia todo lo quiere traer hacia si, es decir la inteligencia produce una especie de lógica que va hacia el centro porque lo propio de la persona con muchos estudios o de la persona sabia es que tiene capacidad para recibirlo todo y para asimilarlo todo y para darle un lugar a todo.

Pero por contraste nos dice Santo Tomas el amor nos saca de nosotros el amor nos pone en movimiento. Hay varios verbos que nos hablan de este tipo de movimiento por ejemplo el verbo conmover. Jesucristo en el evangelio muchas veces aparece conmovido y qué hermosa esa partícula ese co o ese con, que esta indicando cómo el conmoverse es el moverse precisamente ante el dolor o la necesidad de otro, es moverse con él es sentir que la necesidad, que el dolor, que la búsqueda de esa otra persona también a mi me pone en movimiento.

Esto también nos indica que nuestro carisma se quedará sin movimiento, seremos estatuas ya no de sal sino de hielo, si nos falta esta conmoción hay que sentir la conmoción que produce el dolor, la conmoción que produce el pecado, la conmoción que produce la injusticia y así llegamos un poco al segundo punto.

La misericordia dominicana. No resulta demasiado difícil conmover a las personas cuando se presentan las miserias físicas por eso los mendigos que nos saludan por la calle tratan de mostrarnos heridas, se sabe de buena fuente que muchas de estas heridas son ficticias habrá algunas que son reales. Pero es interesante que se intenta mostrar algo, algo físico, la miseria física del que esta muriendo de hambre como sucede ahora mismo en la región de Somalia.

La destrucción física de la vida humana como sucedió en los campos de concentración, en la mirada inquietante y al mismo tiempo llena de ternura de aquellos niños que conocemos por nuestros apostolados; esos niños en monte Galilea, en Casuca o en otros lugares de misión que simplemente posan la mirada en nosotros y parece que están preguntando a lo más profundo de nuestro corazón. Frente a esa clase de miserias físicas no es tan difícil conmoverse. Casi diríamos que lo excepcional y casi monstruoso es el caso de la persona que no se conmueve ni siquiera con eso.

Empezamos a sentir que ya no son humanos los seres que dejan de conmoverse por ejemplo ante la tortura, ante el hambre extrema o ante la violencia y agresión que padecen muchos niños. No está mal sino que está muy bien que sintamos esa clase de conmoción y esa clase de misericordia. Pero lamentablemente esa no es la única miseria que tiene el ser humano.

Hay un pasaje del Evangelio que me atrae poderosamente; es el de ese paralitico que es bajado por medio de unas cuerdas para quedar delante de Cristo y ustedes recuerdan que es lo que le dice el Señor a ese paralítico? Lo que le dice es: “tus pecados quedan perdonados.“

Esto indica dos cosas: primera que Jesús veía una parálisis que el resto de la gente no veía, Jesús veía una enfermedad una daño en ese hombre, un daño que los demás circunstantes no estaban viendo. Pero también el hecho de que Cristo primero lo curó de la parálisis espiritual antes de curarlo de la parálisis física, está indicando que el Señor le pone una prioridad a las cosas. Es más importante, siendo todo urgente y todo muy serio, es más importante, curar esa parálisis interior.

Santo Domingo tuvo rasgos muy visibles y muy bien recordados de misericordia llamémosla física la que tiene que ver con las obras de misericordia corporales la anécdota mas famosa es la venta de sus libros allá en Palencia, pero Santo Domingo practicó especialísimamente otro tipo de misericordia.

Podemos decir que sus ojos tenían una participación de la mirada de Cristo para reconocer esa otra miseria, el daño espantoso que produce el desconocimiento de Jesús, el daño espanto que produce el error, el daño espantoso que produce la confusión, el daño espantoso que produce la herejía y ya cuando se habla de estas cosas ya no es tan fácil lograr acuerdo y ya no es tan fácil conmoverse.

Ver a una persona que esta agonizando en una calle produce muy fácil y muy espontáneamente esa conmoción de la misericordia, en cambio ver a una persona que está en muy buena salud que además es seguramente muy simpático, muy agradable, muy amigable, pero que se despidió de esas historias de la religión hace unos cuantos años y sentir dolor, sentir que se nos parte el alma, sentir ganas de llorar, de clamar, simplemente porque esa persona esta haciendo eso, para llegar a ese nivel se necesita ser Santo Domingo, pero eso es lo que tenemos que ser, ser capaces de tener una mirada que reconoce esas otras heridas las que mucha gente no ve.

Y entonces para ser Santo Domingo necesitamos tener una mirada que reconozca detrás de rostros muy bonitos y de casas muy bien arregladas y de discursos muy bien dichos, espantosas mentiras, terribles heridas, llagas que están supurando, eso es ser dominico, eso es lo que yo veo en Santo Domingo… y eso le da un color particular a la misericordia dominicana.

Sin dejar de conmovernos por los que mueren en Somalia, sin dejar de conmovernos por los campos de concentración de la segunda guerra mundial, sin dejar de conmovernos por los desplazados, saber conmovernos cada vez que una mentira se dice, cada vez que el engaño triunfa, cada vez que una persona se despide de la fe así tenga muy buen aspecto, agradable perfume, muy buenas amistades y un gran trabajo.

El día que ese tipo de fallas, ese tipo de llagas, puncen nuestro corazón con la misma fuerza que lo hace un niño muriéndose de hambre, ese día creo que podremos decir que vivimos nuestro carisma dominicano a plenitud.

Finalmente ver como la misericordia necesita y quiere estar presente en todos los aspectos de nuestra vida. Los ejemplos que he dado necesariamente se refieren a la labor apostólica, a la evangelización, pero se necesita misericordia para vivir en comunidad y eso nos recuerdan las palabras que decimos cuando entramos a la orden, esa pregunta que jamás se le olvida a uno:” ¿qué pedís? La misericordia de Dios y la de la orden de predicadores”

Necesitamos de la misericordia no solamente para darla a otros sino para sobrevivir nosotros, necesitamos de la misericordia para que los votos tengan su sentido, necesitamos de la misericordia para que la tibieza en la oración no nos trague vivos, necesitamos de la misericordia para sobrellevar las diferencias de estilo, de temperamento y en ese sentido la misericordia viene a ser como ese ceñidor en las palabras de San Pablo, ese ceñidor que le devuelve unidad a nuestra vida.

Pidamos a nuestro Padre en este día tan bello, pidamos que ese regalo se renueve en nosotros, se renueve en nuestra comunidad, y que podamos anunciarlo de una manera creíble, eficaz y alegre a nuestros hermanos. Amén