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Fecha: 20110808
Título: La figura de Santo Domingo de Guzman en la vida de Fray Nelson Medina, O.P.
Original en audio: 4 min. 45 seg.
En Toda la Iglesia se celebra la memoria de Santo Domingo de Guzmán, pero para nosotros los dominicos, esta fiesta es una verdadera solemnidad, porque lo que estamos recordando es un camino particular de Evangelio que ha cautivado nuestros corazones, por eso, quisiera compartir hoy, un sencillo testimonio sobre lo que significa la figura de Domingo en mi vida.
Ante todo, mi historia personal está vinculada con los dominicos aquí en Colombia; desde muy pronto, nacido el 13 de mayo de 1965, fui bautizado exactamente un mes después, en la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá. El templo votivo nacional a la Virgen de Chiquinquirá, ahí fui bautizado.
Menos de 7 años después ingresé al Colegio Santo Tomás de Aquino, también de los padres dominicos, cursé ahí el resto de mi Primaria y toda la Secundaria, graduándome de bachiller en el año 1981: pero antes de que culminara esa etapa académica, en el año 1980, en un grupo de oraciones dirigido por sacerdotes dominicos.
Dios atrajo mi corazón hacia el sacerdocio: se valió de dos predicadores, dos sacerdotes relativamente bien conocidos en nuestro medio: el padre Ernesto Mora. Gran predicador y confesor y el padre Francisco Pardo, predicador también, consejero y un hombre que en su testimonio lleva el fuego del espíritu.
Pues en el grupo de oración donde estaban estos sacerdotes, Dios atrajo el corazón de un adolescente, mi corazón, que por esa época tenía unos 15 años, hacia un amor más alto, hacia el servicio de Dios en el sacerdocio. Mi respuesta no fue en verdad demasiado generosa y de esto me arrepiento en público.
Terminé mi bachillerato y otras luces atrajeron mi atención: luces de la ciencia y de la matemática, porque me había ido muy bien en las olimpíadas colombianas y en las olimpíadas internacionales de matemáticas de aquel año 1981.
Así que para vergüenza mía, dejé un poco en segundo plano el tema del sacerdocio y me dediqué mucho más a la ciencia. Pero el llamado estaba ahí, la corriente seguía fluyendo y finalmente en diciembre del 84 ingresé a esta comunidad.
Dos caras me atrajeron demasiado de la figura de Santo Domingo: primero lo que cuentan los biógrafos de esa relación de proximidad, de cercanía con la Madre de Jesús: es algo que me parecía maravilloso no solo por la dulzura de la amistad que debía existir entre la Santísima Virgen y Domingo, sino también porque en esa cercanía hay un conocimiento verdadero de Jesucristo. María no existió ni vivió para sí misma, vivió para Jesús y su conocimiento es sobre todo el conocimiento del Misterio de Cristo.
Entonces, yo sentía que Domingo en su relación de proximidad con María, había recibido sobre todo esa relación íntima con el misterio del Verbo encarnado! Y luego aquello de una obra a través de la palabra.
Yo le pido a Santo Domingo que ilumine mi camino, que me mire con misericordia, por los muchos fallos que he tenido y que haga de mí un verdadero testigo del Evangelio, alguien que con la palabra, sepa transmitir siquiera un poco de tanta luz, de tanta ternura y tanta vida que Cristo nos ha traído con el Misterio de su Pascua.