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Fecha: 19991226
Titulo: Las virtudes domésticas
Original en audio: 24 min. 34 seg.
Desde que la oí por primera vez, me llamó la atención esa expresión de las virtudes domésticas porque en todo el mundo antiguo tanto griego como romano y en otras culturas seguramente, las virtudes apreciadas no eran las virtudes domésticas sino más bien las virtudes del ágora, las virtudes de la plaza pública. Podríamos decir que hoy se nos invita a reflexionar sobre las virtudes privadas u ocultas, en cierto modo en contraposición con las virtudes manifiestas y públicas. También se puede ver la cosa de otro modo, se nos invita a reflexionar sobre las virtudes en su carácter más pasivo, mientras que hay otras que son virtudes con un carácter más activo. Claro que la palabra pasivo no es una palabra que suene simpática a nuestros oídos, pero bien entendida es muy grande, sobre todo cuando uno piensa con qué clase de gente gustaría vivir. Cuando uno piensa en las personas con las que a uno le gustaría vivir, uno inmediatamente empieza a enumerar virtudes que son de orden pasivo, por ejemplo: a usted le gustaría vivir con una persona que a todas horas le estuviera diciendo qué tiene que hacer? Más bien no, más bien no: por qué? Hombre, una persona que indique alguna vez, que indique alguna vez lo que hay que hacer, que dé un consejo a tiempo: bien!… pero una persona que por la mañana me estuviera hablando y luego a media mañana luego a mediodía, luego a media tarde y me estuviera diciendo y diciendo, se convertiría no en un compañero de comunidad sino en un siringuit (sirilit )? Este tipo de personas no son las que uno quiere para vivir. Hay personas que descuellan en las virtudes públicas pero son sorprendentemente pobres y escasas en las virtudes domésticas, en las virtudes privada o pasivas, por ejemplo, cómo está la capacidad de escucha? Una de las características que todo el mundo quiere cuando se trata de convivir con alguien es que tenga capacidad de escucha más que capacidad de palabra, que tenga capacidad de escucha, la boca puede ser chiquita pero que tenga orejas, que pueda uno oír, que lo pueda oír a uno, eso es lo que uno quiere: es decir, que sea una persona capaz de recibir, una persona capaz de acoger y Jesús, el Maestro de toda la vida humana, Jesús no es maestro solamente de las virtudes públicas, es también maestro y eso es lo que nos indica la fiesta de hoy que es única en todo el año litúrgico, es maestro de las virtudes domésticas y de esas virtudes propias de la convivencia. Una virtud pública muy apreciada por ejemplo, es la persona que tiene gracia, que tiene garbo, que tiene donaire, simpatía, una persona que tiene apuntes graciosos, es apreciada en las reuniones sociales. Pero una persona que me dijera 20, 30 chistes al día y al otro día otros chistes y al otro día…uno terminaría por recomendar: mire, por aquí pasó un circo, bien pueda, empléese, contrátese allá. ¿Cuáles son esas virtudes privadas? Cómo es de necesario cultivarlas ´porque uno en muchas partes está de visita, pero todo ser humano, según sugiere discretamente el derecho canónico, tiene que llegar a un lugar que se llama el domicilio, uno finalmente tiene que llegar a su propia casa, cueva, caverna, según el caso. Finalmente uno tiene que llegar a un lugar donde ya no está ejerciendo virtudes públicas sino virtudes privadas. ¿Cuáles son esas virtudes privadas? Pues las podemos aprender ante todo de la mejor maestra que es la Sagrada Familia. Resultan cosas muy chistosas a poco que uno imagine, qué tal una discusión? Pues yo soy aquí la Inmaculada y yo soy el Hijo de Dios… esa discusión nos invita a reconocer qué es lo primero que se pide de las virtudes domésticas, cuál es la primera entre las virtudes domésticas. Podríamos nombrarlo, humildad. La sabiduría conventual popular decía: “si estas en comunidad, no muestres habilidad” qué tiene algún parecido con esto? No sobresalir, no hacerse notar, como auto limitarse. Pero es difícil dar una descripción positiva de lo que es esto, uno sabe que eso se necesita porque también la sabiduría conventual popular dice que “un santo es el que practica todas las virtudes y un mártir es el que le toca vivir con un santo” donde se indica que no suele ser fácil convivir con una persona que trata de brillar o que brilla demasiado en todo. ¿En qué consistirá eso que le estamos buscando nombre? que es algo como humildad, que es algo como anonimato, que es algo como…qué será como lo característico de eso? Yo creo que la palabra que lo describe mejor es la palabra discreción en el sentido moderno de la palabra; no la discreción como la nombra Catalina de Siena en donde es un equivalente de prudencia, de discernimiento, de sabiduría. Aquí no hablo de la discreción como sabiduría y discernimiento sino la discreción como la entendemos hoy cuando decimos que una persona es discreta. Esa discreción, esa especie de modestia tal vez sería otra palabra que nos ayuda, esa combinación de modestia, discreción y humildad, es como lo más necesario en las virtudes domésticas, y en qué consiste? En un doble mandamiento: estar cuando se le necesita y abstenerse cuando no se le necesita. Esa es la virtud fundamental dentro de la convivencia hasta donde yo he podido ver. Decía un literato español: “el buen amigo debe ser como la sangre, que acude a la herida sin necesidad de que la llamen: así tiene que ser el buen amigo. La primera virtud doméstica es esa que no termino de encontrarle nombre, que es como una combinación de: modestia, discreción y humildad. La persona que está ahí cuando se requiere, que aporta cuando hay que aportar pero que sabe también limitarse, en cierto modo desaparecer, convertirse en background, volverse paisaje, dicho de otra manera. Una de las razones por las que las comunidades religiosas utilizaron hábito o empezaron a utilizar hábito es porque el hábito lo convierte a uno en paisaje: cuando uno está orando en una Iglesia donde hay muchos religiosos, todos con su respectivo vestido de consagrados, con su respectivo hábito, el hábito hace desaparecer las particularidades. Varias veces he visto a grupos de religiosas o religiosos orando, el efecto es impactante en el convento donde vivo porque si uno mira la escena desde lejos, ni siquiera parece que estuvieran cantando, parece que estuvieran presenciando una música que sucede en el templo; la persona en su particularidad, en su individualidad, desaparece; lo que aparece es la obra de todos. Esa es la primera de las virtudes domésticas, la capacidad de estar ahí, estar ahí cuando se necesita. Hay otra frase que me gusta mucho, dice: “un amigo es aquel que comprende que hasta su presencia puede llegar a incomodarnos” Porque hay gente que ayuda tanto, tanto, que estorba. Hay momentos en que uno requiere de cierta soledad, que lo dejen en paz, que no lo estén sacando a todas horas del estado de ánimo en el que creen que está. Aprender a entender el ritmo de las otras personas, saber que uno no es la solución para todos los problemas. Esa tos yo se la quito! Esa depresión yo se la quito! Ese mal genio yo se lo quito! Esa agriera yo se la quito!. No señor! Usted no es la solución para toda mi vida porque tampoco me casé con usted. Ni los esposos son solución, ni las esposas son solución para todos los problemas. Llegar a entender eso, tener esa sabiduría, eso es muy grande, es muy grande, pero es muy arduo porque requiere una sensibilidad muy grande y una humildad muy grande y esto se necesita mucho en las familias. Hoy los psicólogos han redescubierto estas verdades. Yo a veces pienso que un psicólogo es aquel que descubre y publica en un libro muy costoso, cosas muy elementales y de sentido común. Hoy los psicólogos dicen: hay que aprender a respetar el espacio de la pareja porque si la esposa se le cuelga como mico al esposo, a todas partes, a todos los lugares, a todas las actividades… o si él está detrás de ella como guardaespaldas… hay un momento en el que él dice: mijita, yo quise una esposa, no una mica! Y ella a su vez en algún momento le dice: yo quise un esposo y no un guardaespaldas!. Hoy eso lo llaman: respetar los espacios. Hay que aprender a respetar el espacio del otro. Por ejemplo, esto se logra con una pregunta sencilla, ¿soy yo…esa es la pregunta que lo auto limita a uno, que lo concientiza a uno: ¿soy yo la persona con la que este señor o esta señora quiere estar en este momento? Muchas veces la respuesta es NO; seguramente no, seguramente no es ni mi linda cara, ni mi peinado lo que le interesa ver; entonces qué?. Hay que saber estar ahí cuando se requiere y hay que saber volverse paisaje, desaparecer; desaparecer si uno no va a arreglar nada!. Lo mejor es: quítese!! Ahí empieza uno a aprender a convivir con las otras personas, ahí se empieza a convivir. Ahí empiezan las virtudes domésticas, ahí empiezan; la conciencia de que yo no resuelvo muchas cosas, yo no soy la solución de la vida del otro, si ni siquiera los esposos que se supone, se supone porque eso a veces no se da; se supone que se han casado enamorados, que se gustan, que se deleitan en su compañía y a veces los esposos y las esposas mismos, no se soportan y requieren un poco de … lo mismo pasa con los hijos. Les voy a contar aquí un secreto pero ustedes no lo vayan a decir a nadie; resulta que un hermano mio tiene tres hijos, uno pequeñito de unos cuatro añitos va a cumplir y los otros ya mayorcitos, es decir, llegando como al bachillerato, resulta que los dos hijos mayores están ahora con los abuelos maternos en estos días y yo pensaba, yo que no se de estas cosas, yo pensaba que mi hermano pues iba a estar como triste, como alicaído porque los hijos por allá lejos; pues no! No está así, está muy contento de que los hijos estén allá descansando y sobre todo de que están allá por unos días. Eso también se necesita, si son los hijos, mire los hijos de las entrañas, entonces, ¿qué no hace un papá por los hijos? Y la esposa amadísima, y sin embargo necesitan descansar. Fíjense lo que es eso para el caso de nosotros los religiosos: yo escogí a Jesucristo, no lo escogí a usted, con usted me toca porque ¿qué voy a hacer si Cristo tiene esos gustos? Pues yo no lo voy a echar a usted pero a mí no es que me llame mucho la atención vivir con usted, no me llama mucho la atención vivir con usted, no me llama mucho la atención. Esas son las verdades que claro, nunca se dicen, pero en una homilía como esta si se pueden decir, entonces uno aprovecha y las dice; yo no escogí vivir con usted, yo iba detrás de Cristo y de pronto vi una cantidad de gente que apareció ahí y me tocó vivir con usted pero yo no lo escogí a usted, de manera que usted procure seguir a Cristo, usted procure seguir a Cristo, no haga mucho ruido, no se haga notar mucho, siga en lo que está haciendo, yo sigo en lo que tengo que hacer, punto. Y la manera de cultivar esta virtud es con una pregunta: soy yo la persona que en este momento se necesita aquí? Con esa pregunta uno resuelve muchas cosas. Decía Antistines, un antiguo orador griego: “Tu no creas que los demás tienen tanto interés en escucharte como el que tú tienes en hablar. A veces, uno cree que porque uno quiere hablar, los otros lo tienen que oír; eso le pasa mucho a los predicadores en las homilías. No pero en este caso es por encargo de la Iglesia que uno predica. En eso de las virtudes domésticas, se llama el ejercicio de la homilía pública no es una palabra privada. Uno tiene que hacer esas cuentas, ¿tendría interés en oírme esa persona? Eso le toca resolverlo a usted porque si usted anda detrás de la persona y usted tiene interés en oír se vuelve más fastidioso todavía. Hay que tener sensibilidad, capacidad de ponerse en el lugar del otro. Junto a esa virtud que finalmente no le encontré nombre, es algo así como humildad, discreción y modestia, unida a una gran sabiduría a una gran sensibilidad esa virtud que ustedes algún día le encontrarán nombre y me lo cuentan. Hay otra virtud no menos importante que es una de las variaciones o de las formas de la caridad, esa otra virtud se llama, esa manera de caridad se llama el amor al bien común, el buscar el bien común, esto debería ser de sentido común, pero casi no se da. Buscar el bien común, es otra virtud doméstica. ¿en qué consiste lo de buscar el bien común? Claro lo más obvio es que uno, no ponga el interés de uno por encima del de la comunidad o la familia, bueno eso está claro, hasta ahí mucha gente llega pero el problema no es solo no buscar el interés mío sino no buscar el interés de los que son como yo, no buscar el interés de los que me caen bien, no buscar el interés de los que me simpatizan, no buscar el interés de los de mi grupo, de los de estilo, de los de mi manera; eso es más difícil llegar a buscar el bien común. Perspicaces filósofos han llegado a una conclusión: que el bien común nunca se consigue si uno no pregunta por el bien común. Uno tiene que preguntarse, tiene que hacerse expresamente la pregunta: ¿Qué es lo mejor? ¿Por qué subrayo ese expresamente? ´porque uno cree que busca el bien común. Uno espontáneamente cree que lo busca por una especie de mecanismo de defensa, de la autoestima: uno automáticamente se pone en el lugar de los buenos, automáticamente; hay muchas divisiones, muchas divisiones en nuestra provincia dominicana, unos pocos estamos en lo correcto, los demás se han perdido cada uno por su lado. Uno automáticamente se pone en el lugar bueno, del lado bueno. Lo bueno es lo que a uno se le ocurrió, lo que piensa la gente que simpatiza como uno y que simpatiza con uno; automáticamente, lo primero uno hace es ponerse en el lugar bueno, las ideas buenas son tres: primera la que se ocurra a mí, tiene que ser una idea buena, segunda la que se le ocurra a mi amigo, no ves que es mi amigo? Tiene que ser una idea buena y tercero, la que se le ocurre a mi superior si piensa como yo, esas son las tres ideas buenas que hay en esta comunidad. Uno sabe que tan maduro está en esta segunda virtud doméstica a través de una sencilla pregunta, no hay como esas preguntas así candentes, sencilla pregunta: ¿Cuántas ideas buenas, cuántos proyectos buenos puede enumerar usted de la gente que a usted le cae mal? Usualmente la respuesta es pasmosamente íntima, es ridícula… haber! hagamos una lista de la gente que me cae mal, menganito, sutanito, uno hace la lista completa de la gente que le cae mal ¿qué ideas buenas le reconoce usted a esas personas? ¿qué proyectos buenos le reconoce usted a esas personas? Si uno es sincero, seguramente llega a una conclusión: hace mucho rato no le reconozco nada bueno a esas personas Ahí se ve el grado de madurez de uno, ahí es donde uno descubre el grado de madurez porque claro cuando se habla de estos temas de las divisiones que hay en la familias, en las comunidades, uno dice: sí, sí es un cáncer terrible; menos mal que mis amigos y yo estamos luchando contra eso y ahí sigue el mismo problema. La única manera de romper con eso es empezar a descubrir todo lo bueno y todas las razones que tienen los que son distintos a mí, todo lo que piensan esas personas porque es muy fácil hacer divisiones, muy fácil. En Bolivia me encontré con que lo mismo que en muchos otros lugares, la gente se clasifica entre lo que es como lo de la sierra, como lo de montaña y la que es como de tierras bajas, luego me decía un psicólogo: en toda la América latina, las dos grandes clasificaciones a mi modo de ver, dependen de la altura sobre el nivel del mar. Allá llaman coyas a los que viven en la sierra y cambas a los que viven un poco más en tierra bajas, Los coyas y los cambas, hasta por ese tipo de cosas uno hace clasificaciones: los antiguos y los modernos; nosotros tenemos autoridad porque cuando ud. no había nacido, yo ya había profesado, usted no había nacido todavía, no había hecho la primera comunión y yo asistía a este mismo Capítulo, usted qué? A qué viene? Entonces la otra persona como la discusión falsa e hipotética entre Jesús y María, no? Yo soy la Inmaculada, no? Y luego dice la otra persona: por eso la sangre nueva está en mi; yo soy la sangre nueva, aquí nadie ha sabido, la gente aquí no ha sabido rezar, no ha sabido pensar, aquí no ha habido soluciones hasta que gracias a Dios que yo, ahora que he llegado empiezan los tiempos nuevos. Fíjese que llegué casi para el milenio, conmigo empieza una nueva etapa. La gente de antes no sabía esa discusión es muy frecuente entre antiguos y modernos y le repito… ya San Agustín habla de los choques de generaciones, ya San Agustín habla de las dificultades de los antiguos para aceptar obras nuevas y las dificultades de los nuevos para reconocer las virtudes de los antiguos. De ahí no se sale sino por este camino que hemos dicho o mejor dicho, ese es el camino que yo conozco, seguro que habrá otro!. Uno se hace la pregunta: ¿Cuántas cosas usted le reconoce a la gente que es distinta a usted, a los que a usted le caen mal, la gente que le produce desconfianza, la gente que usted siente que es un peligro, usted qué ideas buenas le reconoce? Ahí se logra la unidad de una comunidad; así, esa es la manera de lograr la unidad de una comunidad; denunciar el problema, eso es lo más fácil.