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Fecha: 20110603
Título: La tristeza es señal de amor
Original en audio: 7 min. 43 seg.
Tristeza que se convierte en alegría, nos hace recordar el caso del agua del agua que se convierte en vino. En ese milagro de las Bodas de Caná había seis tinajas de agua y Jesús convirtió esas seis tinajas de agua en seis tinajas de vino, por supuesto una cantidad exorbitante sobre todo para una fiesta de pueblo.
Toda el agua se convirtió en vino, eso hace suponer que si hubiera habido no seis tinajas sino por ejemplo cuatro tinajas, o sea menos agua, hubiera habido menos vino. Si solo hubiera habido una jarra de agua, pues por lo visto solo hubiera quedado una jarra de vino.
¿A dónde voy? Voy a que la cantidad, importa!. La cantidad de tristeza, importa! porque esa es la cantidad de alegría. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. El que ha tenido poca tristeza, tendrá poca alegría.
Hay varios textos de la Biblia que respaldan esta interpretación que estoy dando: en el profeta Ezequiel por ejemplo, encontramos un momento dramático de la historia del pueblo de Dios, dramático porque lo que está sucediendo es grave. Las autoridades, incluyendo los sacerdotes del templo de Jerusalén, se han corrompido en su fe.
Uno de los episodios más tristes de la vida de Ezequiel es cuando él tiene que ver que en la parte de atrás, lo que nosotros llamaríamos la Sacristía del Templo de Jerusalén, los sacerdotes ofrecían sacrificios a los Baales; los sacerdotes mismos. Después de ofrecer sacrificios en honor de Dios, allá atrás, ofrecían sacrificios a Baal, es decir, es una época de gran corrupción y en esa época, es muy poco lo que parece que se pueda hacer, porque cuando la corrupción se adueña incluso de las Instituciones que tenían que vigilar, entonces el ciudadano común queda impotente; algo así como cuando la policía se corrompe o cuando la justicia se corrompe.
Si los jueces, los Magistrados, los Tribunales se corrompen y la policía se corrompe, ¿a dónde irá el pobre ciudadano? No tiene adonde ir. Esa situación la describe Ezequiel: ¿qué le queda al humilde miembro del pueblo de Dios? ¿Qué le queda al hombre de a pie? Ese que no tiene ninguna autoridad, ese que no es ni rey, ni príncipe, ni sacerdote, que podrá hacer?
Lo único que podrá hacer es entristecerse. Su tristeza es su último recurso, ustedes dirán que eso suena demasiado romántico y demasiado tonto… cómo así que la tristeza es el último recurso? Pues si! Porque eso nos está recordando la libertad fundamental que tiene el corazón humano para resistirse aunque ya no pueda hacer nada más ni con sus manos, ni con sus pies incluso ni con su boca. Lo que si se puede es que en el fondo de su corazón; rechazar y lamentar lo que está sucediendo.
Y en el caso del profeta Ezequiel, eso tenía una repercusión. Ezequiel tiene una visión en la cual hay un ángel, que tiene que pasar devastando con una especie de chiporra, tiene que pasar golpeando a diestra y siniestra y acabando con todos en Jerusalén. Pero antes de que ese ángel destructor sea enviado, otro ángel es enviado; un ángel que tiene que marcar en la frente a los que se entristecieron, es decir, aquellos que tal vez no podían hacer nada exteriormente; pero en el ámbito interior de su conciencia, de su corazón y de su libertad, habían rechazado lo que estaban viendo.
En ese ámbito, en ese reducto último de su amor, de su corazón y de su libertad, rechazaban lo que tenían que contemplar sus ojos, esos fueron señalados en la frente por un primer ángel, de modo que cuando llagara la devastación, no les hiciera daño.
Fíjate que lo de la tristeza tiene su importancia si lo miramos mejor, la tristeza es una señal de amor. Por ejemplo, si anda por ahí un impertinente zancudo, estamos en una reunión de comunidad y por ahí anda una mosca, un zancudo y molesta y está su ruido y de pronto alguien lo logra atrapar y lo mata!; los demás no sienten tristeza, seguramente descanso o alegría. Es la muerte de un animalito, pero será que nos faltan muchas hormonas franciscanas; nadie lamenta la muerte del zancudo, como había muy poquito amor hacia el zancudo, entonces no hay tristeza por la muerte del zancudo.
La tristeza es señal de amor y aquí parece que está la clave del Evangelio de hoy, saber entristecerse, uno tiene que saber entristecerse. Es muy grave que uno no tenga tristeza, gravísimo.
Una persona que no sienta tristeza ante el número de abortos que están sucediendo, una persona que no sienta tristeza ante la destrucción de la familia, una persona que no sienta tristeza ante la escasez de vocaciones, una persona que no sienta tristeza ante el hambre y las injusticias en el mundo, a esa persona hay que preguntarse si tiene o no tiene corazón, probablemente le han hecho una operación y le han quitado el corazón de carne y le han puesto uno de piedra. Al revés de lo que dijo el profeta: la tristeza es señal de amor y por eso tenemos que pedirle a Dios, la tristeza santa de la cual podría ser patrono San Luis Bertraán, ese santo famoso por su temperamento melancólico.
San Luis Bertrán patrono de la provincia de San Luis Bertrán (que así se llama) de Colombia. Ese podía ser el patrono de la santa tristeza. Uno necesita aprender a entristecerse porque el que no tiene amor para lamentar la falta de Dios, no tiene amor para alegrarse cuando llegue Dios. El que no tiene amor que llore, el que no tiene amor que se lamente porque Dios no está, no tiene amor para exultar y para danzar cuando Dios venga! Por eso hay que pedirle a Dios que nos dé la santa tristeza para que conozcamos también la santa alegría.