Fundamentación Teológica de la Misión, 5 de 5
Vamos a referirnos al tema de la audiencia. La evangelización es un proceso comunicativo, esto significa que no tiene que ver únicamente con el mensaje ni únicamente con el mensajero, sino que tiene que preguntarse también por la audiencia.
Cuando hablamos de audiencia , pues da la impresión de que vamos a referirnos únicamente a la palabra que se pronuncia de viva voz, pero con este término genérico nos referimos a los destinatarios en general. Si se trata de una persona que evangeliza a través de un video, pues entonces sería algo así como una teleaudiencia; y si se trata de una persona que escribe, pues se trata de aquellos que leen eso que se escribe: son los destinatarios.
Es importante relacionar el tema de la audiencia con lo que hemos comentado antes, y por eso he querido que quede esta enumeración en nuestro tablero para conectar este tema con la predicación propiamente dicha y con la predicación extendida.
En el Evangelio encontramos que Jesús restringe su audiencia, pero también encontramos que Jesús amplía su audiencia. ¿En qué momento la restringe? Durante su ministerio antes de Jerusalén. Probablemente Cristo fue a Jerusalén varias veces, pero hay una vez, que es la definitiva, que es la que se describe en el capítulo noveno del evangelio según San Lucas, hacia el versículo cincuenta o cincuenta y dos, donde dice el evangelista que Jesús "emprendió camino resueltamente hacia Jerusalén" Lucas 9,51.
Entonces, el ministerio público de Cristo se divide en dos partes: una parte es antes de ese pasaje, antes de Lucas 9,51, en donde encontramos a Cristo en varios lugares: está Cristo en Galilea, está Cristo en Samaría, incluso alguna vez se va más allá de las fronteras de lo que llamamos la Tierra Santa, Jesús que se va ¿a dónde? Se va a la región de Tiro y de Sidón, y es allá donde sucede el famoso pasaje con la sirofenicia. Pero cuando llega a Jerusalén hay un cambio radical.
Entonces tratemos de mirar qué criterio tiene Cristo para restringir o para aumentar su audiencia.
Las restricciones que muestran los Evangelios con respecto a la audiencia de Cristo son dos. En alguna ocasión dice el Señor: "He sido enviado a las ovejas de la casa de Israel", Mateo 15,24 eso lo dice precisamente en el pasaje de la sirofenicia. Entonces ahí Cristo está diciendo: "Mi audiencia no son todos; mi audiencia son aquellos descendientes o aquellos pertenecientes al pueblo elegido".
Entonces encontramos que hay una audiencia restringida, y esa audiencia restringida se da de varios modos. Por ejemplo, dice Jesús: "Al pueblo elegido" Mateo 15,24, "esa es mi audiencia, yo voy únicamente a ellos".
Jesús también, en otras ocasiones, restringe su audiencia porque quiere hablar únicamente a sus Apóstoles. Por ejemplo, dice: "No quería que nadie se enterara porque iba instruyendo a sus discípulos, a sus más cercanos". Ahí Jesús restringe su audiencia, esto es interesante, ¿no? Es interesante, son cosas que uno no ha pensado muchas veces.
Y dentro de los discípulos, jesús también a veces restringe todavía más su audiencia. Cuando va con Pedro, Santiago y Juan a la resurrección de la hija de Jairo, o cuando está con Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor. Es decir que dentro de este grupo de los discípulos ha una restricción adicional, que es Pedro, Santiago y Juan. Esa es una audiencia restringida.
Pero creo que el ejemplo más interesante de audiencia restringida, cuando se trata de Cristo, está en aquellas expresiones como la que ya mencionamos en otra oportunidad: es el tema de la mies. El tema de la mies es la indicación que Cristo hace de que no todo el mundo está preparado para oír el Evangelio. Lo mismo está indicado en aquella expresión que Él repite después de algunas parábolas o en enseñanzas. "El que tenga oídos para oír, que oiga" Lucas 8,8.
Da la impresión de que el hecho mismo de usar parábolas, es un modo de presentarse como ¿qué? Presentarse como el que transmite un mensaje, pero un mensaje que llegará solamente a algunos. La parábola más conocida de todas es la parábola del sembrador, va en la misma linea, también nos está diciendo que no todos los terrenos son aptos, no todos captan inmediatamente, incluso de esa parábola aprendemos en qué circunstancias o por qué motivos se llega a perder la Palabra.
Hay personas que ni siquiera reciben la Palabra, porque están distraídos, porque no alcanzan a oír, porque no entra en su mundo de intereses, esa la semilla que cae al borde del camino. Hay otros que reciben con entusiasmo, pero en realidad no tienen raíz, no dejan que el Evangelio penetre su mundo más íntimo de valores, entonces ahí tampoco se logra gran cosa. Hay otros que tiene un interés genuino por la Palabra de Dios y por el Evangelio, pero se ven abrumados por otros intereses que compiten con el interés de la Palabra y entonces queda ahogada. Finalmente, pues hay otros que sí reciben la Palabra con un corazón bueno y generoso y dan mucho fruto.
Es decir, Cristo es consciente de que la Palabra del Evangelio no llega siempre a buen terreno, y Cristo es consciente de que hay personas que están ya, listas, que están preparadas, esas personas que están preparadas, eso es lo que se llama la mies, esa es la cosecha.
Personalmente considero, mis queridos hermanos, considero que este es de los mensajes más importante que nos da el Señor. Porque tener sensibilidad por la mies, es tener la mirada despierta para descubrir cuál es aquella persona que está a punto, a punto, aquella persona que no hay que obligarla, sino sólo darle un leve y fraterno empujón, para que descubra todo lo que Dios le ha preparado.
Muchos de los pasajes más bellos del Evangelio tienen que ver con esos momentos en que la persona como que le faltaba sólo ese empujón, y entonces lo da. Miremos el caso de los primeros discípulos de Cristo: sin duda ya lo habían oído a Él. Estos dos hermanos, Pedro y Andrés, y los otros dos hermanos, Santiago y Juan. Y Jesús les hace una invitación: que vayan con Él porque Él los va a hacer pescadores de hombres. Y ese empujoncito, esa invitación tiene una fuerza que cautiva a estos pescadores y que les cambia para siempre su existencia.
Un caso más notable es el del cobrador de impuestos, Mateo. Jesús ve en este cobrador de impuestos, una persona que está firmemente instalada en su mundo. Pero también alguien que, aunque parece tan seguro, en realidad está fastidiado, está en el límite, está en el borde, y sólo hace falta un empujón, y ese empujón es el que da la palabra "sígeume" Mateo 9,9, que Cristo le da a este Mateo.
Se necesita el discernimiento que sólo da el Espíritu Santo de Dios para reconocer ese momento, ese momento en el que la persona está "a punto de", y esa es la mies.
En el evangelio según San Juan Cristo describe esa misma sensación, o esa misma percepción, con este otro lenguaje. Dice Cristo "Nadie viene a mí, si el Padre no lo atrae" Juan 6,44. Entonces la evangelización requiere esa profunda sensibilidad de descubrir quiénes son los que el Padre Celestial está atrayendo hacia Cristo.
Yo quisiera representarlo con un dibujo. Vamos a poner aquí a Cristo y vamos a poner aquí la persona que está siendo atraída hacia Cristo. Entonces podemos decir que la evangelización sucede en este doble movimiento: por una parte, la Palabra de Cristo atrae a la persona, la santidad de Cristo atrae a la persona, la bondad de Cristo atrae a la persona, y lo mismo la autenticidad, la pureza, la generosidad, la mansedumbre de Cristo, la sabiduría de Cristo, todo eso a atrae a la persona.
Pero es que además de esta flecha, que indica este atractivo y que va de Cristo a la persona, hay otra flecha muy fuerte que está detrás de esta persona y esta es la acción del Padre Celestial. El Padre empuja a la persona en Cristo, atrae a la persona, y es la acción conjunta de estas dos flechas, -la que va de Cristo a la persona y la que va del Padre a la persona-, la que hace que la persona sea empujada hacia Cristo y atraída por Cristo.
Ojo con esos dos verbos: empujado hacia Cristo por la acción del Padre, atraído hacia Cristo por la sabiduría, la bondad, los milagros, el poder, la pureza de Cristo.
El tema de la mies es muy interesante porque es la capacidad de reconocer en dónde está sucediendo esto, cuáles son aquellas personas que tienen ese atractivo, que sienten esa atracción hacia Cristo, y personas que a la vez, como que por sus circunstancias, por lo que están viviendo, están siendo empujadas hacia Cristo.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta por lo menos dos pasajes en que este tipo de discernimiento lo realizan los Apóstoles del Señor. Tú recuerdas de caso del hombre que se sentaba o lo ponían junto a la puerta llamada hermosa del templo de Jerusalén. Era un hombre paralítico de nacimiento. Y entonces Pedro se queda mirando a este hombre, y en ese cruce de miradas, Pedro descubre que es el momento, es la hora, y le dice: "Lo que tengo, eso re doy: en el nombre de Jesús, levántate" Hechos 3,6 y ese hombre se levanta.
Otro cruce de miradas muy notable se da con el Apóstol Pablo. Ustedes recuerdan cuando Pablo está evangelizando en Éfeso, él está predicando, y en la audiencia hay un hombre que es paralítico, y dice ahí que Pablo se dio cuenta que tenía suficiente fe como paras ser curado, ese es este discernimiento, eso es algo que viene del Espíritu Santo, es la capacidad de reconocer cuándo es el momento para hacer ¿qué? Predicación propiamente dicha.
Fíjate cómo se conecta un tema con el otro.Ese es el momento para reconocer: "Esta es la hora, este es el momento para decirle a esta persona, con un empujoncito, y ese pequeño empujón, es lo que recibe ese hombre paralítico cuando Pablo le dice: "En el nombre de Cristo levántate, y esa persona se levanta. Es una percepción.
Hay algo que quiero destacar de esto, quiero destacar cuál es la labor del evangelizador aquí. Dice Nuestro Señor Jesucristo: "Yo les envío a cosechar algo que ustedes no han sembrado": Juan 4,38. Eso indica que un evangelizador, desde este ángulo que lo estamos presentando, realmente tiene que ser muy humilde, porque la gran virtud del evangelizador no es convencer a la gente la gente, no es refutar a la gente, no es discutir con la gente, no es moverlos como el que mueve un mamut echado: "A ver cómo muevo yo a esta gente!"
La gran tarea del evangelizador es ver, darse cuenta quién está listo para el Evangelio. Darse cuenta cuál es la hora de Dios en quién. Por eso la insistencia también de Cristo, la insistencia en el tema de los signos de los tiempos; es la percepción de qué es lo que está sucediendo, qué tipo de personas pueden realmente dar ese paso.
En la historia de la Iglesia encontramos varias veces esto, también en la Biblia, por supuesto. Quisiera empezar con un ejemplo bíblico. En lo más agudo y amargo de la persecución del rey Saúl contra David, David se quedó sin amigos, pero David percibió que había una gran cantidad de personas que también se habían quedado sin amigos, y esa gran cantidad de personas eran pues lo despreciado del pueblo: eran mendigos, eran fugitivos, eran bandoleros, eran enfermos, eran desplazados, diríamos en el lenguaje de hoy, y con esa gente David hizo su ejército.