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Fecha: 20011112

Título: San Josafat, testimonio de unidad cristiana

Original en audio: 12 min. 23 seg.


Mis Hermanos:

Quiero compartir algunas pinceladas sobre el Santo que estamos recordando en este día. No es un Santo muy conocido entre nosotros, pero precisamente por eso, porque es una obra de Dios bella, y no la conocemos, vale la pena acercarse.

Porque todos los Santos son obras de Dios. Si a uno le presentan una persona, y le dicen: "Este es fulanito de tal, que es un gran pintor", uno ¿de qué siente ganas? "¡Muéstrenme las pinturas de este señor!"

Si me presentan a un científico, y me dicen: "Trabaja en un laboratorio muy grande, muy importante", yo digo: "¿Cuál es ese laboratorio? ¿Qué hacen allá?"

La obra propia de Dios es comunicarse. Aunque Él hace cosas, lo que más retrata a Dios no son las cosas, sino la comunicación que Él hace de sí mismo: Él deja su propio estilo, su propio perfume, su mirada, su manera, su impronta.

Se hace particularmente presente en aquellos que gozan de su Espíritu, porque tienen a Dios viviendo adentro. Esos son los Santos. Por eso, conocer a los Santos es una manera muy hermosa de conocer a Dios.

San Josafat fue un obispo, y fue un mártir. Por eso yo estoy vestido de rojo, lo mismo que nuestro diácono. El rojo en la Iglesia significa varias cosas: martirio, sangre, fuego, Apóstoles, Espíritu Santo. Y todas esas palabras tienen una relación, porque el Espíritu Santo es el fuego, que partiendo de los Apóstoles, hace mártires, hace testigos en todo el mundo, en todas las culturas, en todos los siglos.

Resulta, mis hermanos, que el evangelio de hoy nos ha hablado providencialmente sobre los escándalos. Un escándalo es un tropiezo, algo que no me deja avanzar; un escándalo es algo que impide que yo crea.

Por ejemplo, si lamentablemente hemos visto, o hemos conocido el pecado de un sacerdote, de un obispo, nos escandalizamos. Decimos: "¿Pero yo cómo voy a creer en la Iglesia, si estoy viendo esos pecados?" Es un escándalo.

Si el papá le dice al hijo: "No me vaya a decir mentiras", y en eso suena el teléfono, y el papá le dice a la esposa: "Mijita, diga que no estoy", el hijo se escandaliza: "¿Por qué mi papá me manda a mí que no diga mentiras, y él sí las dice?"

Un escándalo es un tropiezo, y hay muchos escándalos en este mundo. Ya lo dijo Cristo en el evangelio. Pero el peor de los escándalos es... . ¿Cuál es el peor de los escándalos? ¿Por ahí los pecados de algún Papa? ¡No! Jesús dice en en el Evangelio de San Juan: "Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me enviaste" ( véase San Juan 17,21 ; 23 ). Así hace oración Cristo al Padre Celestial, y le pide al Padre Celestial, que todos nosotros, que todos los cristianos seamos uno. ¿Para qué? Para que el mundo pueda creer.

Y esa oración de Cristo, ese ruego de Cristo, ese deseo de Cristo, ¿lo vemos ya cumpliso? ¡No! ¡Terriblemente, no! Los cristianos estamos separados, y en una ciudad como la nuestra, cada dos semanas se abre otra iglesia en algún garaje: iglesias, iglesitas, iglesotas, pero no iglesias con el testimonio de los Apóstoles, con la fe de los Apóstoles, sino más bien sectas, divisiones: eso es lo que significa la palabra sectas.

Estamos divididos. ¿Por culpa de quién? De pronto tendremos que decir, por culpa de todos estamos divididos. Los papás, que no le dan sólidos fundamentos de fe a los hijos, los preparan para que un día abandonen a la Iglesia. Los diáconos, los sacerdotes, los obispos, cuando no predicamos, cuando no somos santos, cuando no sabemos testificar la gracia, la alegría y el poder del evangelio, estamos abriendo el cerco para que se vayan las ovejas a otros rebaños.

El descuido de cada uno de nosotros en amor, en apreciar la fe, también produce divisiones. El orgullo, el afán de dinero, produce divisiones, porque una manera de hacer plata es fundar una iglesia, las llaman iglesias cristianas.